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ACNUR: Se necesita ayuda urgente para evitar que empeore la crisis en el Sahel

Comunicados de prensa

ACNUR: Se necesita ayuda urgente para evitar que empeore la crisis en el Sahel

Malí continúa recibiendo a personas refugiadas, recientemente de Burkina Faso, garantizándoles el acceso a servicios esenciales una vez que se registran.
25 March 2024
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BAMAKO – La principal responsable de protección de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, elogió a Mali y a sus vecinos por mantener sus fronteras abiertas a las personas que huyen del peligro y por defender los principios del asilo en una región frágil. 

Malí es uno de los varios países que ofrecen un lugar seguro a las más de 1,1 millones de personas refugiadas y solicitantes de asilo que han cruzado las fronteras internacionales huyendo de la guerra, la persecución y otros peligros generalizados que amenazan sus vidas en el Sahel y otros lugares de África.

Al terminar una visita de una semana a Malí y Togo a finales de la semana pasada, Ruvendrini Menikdiwela, Alta Comisionada Auxiliar para la Protección de ACNUR, elogió la generosa actitud de Malí hacia las personas refugiadas al mantener abiertas sus fronteras y ofrecerles, una vez que se registran, los mismos derechos que a las personas malienses, incluido el acceso a servicios como atención médica y educación. Pero advirtió de que estas respuestas humanitarias pueden ser cada vez menos frecuentes sin un apoyo internacional inmediato y sostenido.

Malí y otros países de la región africana del Sahel están sometidos a una presión “alarmante” debido a los desplazamientos forzados y requieren apoyo adicional inmediato para evitar una crisis humanitaria aún más aguda, advirtió Menikdiwela.

“Los riesgos en Malí y sus países vecinos, muchos de los cuales se enfrentan ahora a sus propias crisis de desplazamiento, son alarmantes”, afirmó Menikdiwela. “Debemos actuar ahora para garantizar la seguridad y el bienestar de las personas desplazadas, preservando sus derechos y su dignidad en estos tiempos difíciles”.

El país acoge actualmente a unos 66.793 personas refugiadas mientras lidia simultáneamente con las necesidades urgentes de más de 354.000 personas desplazadas dentro de sus propias fronteras. Entre las personas refugiadas, procedentes sobre todo de Burkina Faso y Níger, hay una importante afluencia de 40.000 procedentes de Burkina Faso solo en los últimos tres meses, que huyen de la turbulencia e inestabilidad de su país.

Los retos a los que se enfrenta la región son enormes. Además de los múltiples conflictos, el aumento de los precios y la disminución de la ayuda humanitaria, los efectos del cambio climático están añadiendo nuevas y graves tensiones. En total, casi 4,8 millones de personas en el Sahel se han visto forzadas recientemente a abandonar sus hogares para buscar seguridad en otros lugares.

En Malí, en medio de un contexto difícil, ACNUR, en colaboración con organizaciones locales, está trabajando intensamente para aliviar la difícil situación de la población refugiada y desplazada. Este esfuerzo de colaboración se centra en ofrecer servicios esenciales como alojamiento, garantizar el acceso a la atención médica, mejorar las instalaciones de agua y saneamiento, y aumentar las oportunidades de medios de vida.

Durante su visita, Menikdiwela visitó asentamientos de refugiados y desplazados internos, y se reunió con familias desplazadas para escuchar de primera mano sus desgarradoras historias de huida y supervivencia, y las necesidades urgentes de artículos de primera necesidad, incluida la protección frente a la violencia de género, que se está extendiendo de manera perniciosa por toda la región a medida que se intensifican los conflictos, lo que repercute en la gobernanza.

“Sus historias muestran la urgente necesidad de apoyo y protección esenciales”, afirmó. “El mayor riesgo de violencia de género pone aún más en evidencia la importancia crítica de nuestra respuesta. La comunidad mundial tiene que sentarse y tomar nota”.

En 2024, ACNUR necesita 331,4 millones de dólares (USD) para mantener el apoyo a sus operaciones en el Sahel central (Burkina Faso, Malí y Níger) y para satisfacer las necesidades apremiantes de las poblaciones desplazadas por la fuerza. Sin embargo, a finales de febrero, esas necesidades solo se habían financiado en un 16 por ciento, lo que pone en peligro la continuidad de servicios vitales.

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