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Discurso en Madrid de Filippo Grandi, Alto Comisionado de ACNUR Imprimir

El Alto Comisionado apuntó la necesidad de salvar vídas en el Mediterráneo, abriendo nuevas vías de entrada legales y seguras. (© ACNUR/UNHCR/Bruno Galán)
El Alto Comisionado apuntó la necesidad de salvar vídas en el Mediterráneo, abriendo nuevas vías de entrada legales y seguras. (© ACNUR/UNHCR/Bruno Galán)
Intervención de Filippo Grandi

Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
Conferencia sobre Acogida e Integración de Refugiados en España
Madrid, 14 de junio de 2017

[Señora Secretaria General,

Secretario General del Instituto Cervantes,
Queridos amigos,]

Es un placer para mí estar en España e inaugurar esta importante conferencia, en este lugar emblemático. El Instituto Cervantes desempeña un papel fundamental en la transmisión de la lengua, el conocimiento y la cultura española; todos ellos elementos clave, entre otros para la integración de los refugiados.

Como ustedes saben, yo también soy de un país de la ribera del Mediterráneo, un mar que aporta una impresionante fuente de riqueza tanto para España como para Italia; que nos une y nos acerca, pero que al mismo tiempo, se ha convertido en la frontera marítima más mortífera del mundo para miles de refugiados y migrantes. Más de 5.000 personas perdieron sus vidas en el Mediterráneo en 2016, y esta tendencia mortal continúa y se agrava en 2017.

La protección de las personas desarraigadas y forzadas a huir de sus hogares es un valor universal, firmemente enraizado en muchas tradiciones culturales y religiosas, y una parte fundamental de la identidad europea. Este valor es esencial para la labor de ACNUR, forma parte del derecho internacional y es un motor de compromiso de muchos de los presentes hoy en esta sala. Pero preservarlo y llevarlo a la práctica, no resulta fácil en un mundo en el que los conflictos se agravan y se hacen cada vez más complejos, donde el número de desarraigados va en aumento y en el que la cuestión de los refugiados adquiere relevancia política en medio de la creciente xenofobia y nacionalismo que existe en muchos sectores.

Los retos de proteger e integrar a los refugiados en Europa deben ser analizados bajo una perspectiva global más amplia. Actualmente, hay más de 65 millones de personas en el mundo que se han visto obligadas a huir, de las cuales, dos tercios permanecen dentro de sus propios países. De aquellos que han huido de sus países como refugiados, la gran mayoría -casi 9 de cada 10- continúan en sus regiones de origen, en países en desarrollo o de ingresos medios. Sólo Turquía acoge a tres millones de refugiados; en el Líbano, una de cada cuatro personas es hoy un refugiado; y Uganda, que afronta grandes dificultades para satisfacer las necesidades de desarrollo de su propia población, ha recibido a más de 700.000 refugiados que huyen del conflicto y la hambruna en Sudán del Sur desde hace un año.

No se trata de minimizar los retos que supone recibir e integrar a personas refugiadas en España y en otros países europeos. Pero es importante reconocer que la responsabilidad de recibir y acoger a los refugiados recae hoy en día de manera abrumadora sobre los países más próximos a las zonas en crisis y que, recibiendo y acogiendo a un gran número de refugiados desde hace años, estos países realizan una importante contribución a la estabilidad regional e internacional. Sin embargo, se plantean cuestiones difíciles de responder cuando estos países observan el cierre de las fronteras europeas, ven tambalearse la solidaridad -como sucedió con la llegada a Europa de un gran número de refugiados e inmigrantes en 2015-, y cuando las contribuciones de los donantes para las operaciones de refugiados no crecen al mismo ritmo que las necesidades. ¿Cómo podemos garantizar que la protección y la asistencia a los refugiados son realmente una responsabilidad internacional compartida y no simplemente una cuestión de proximidad a las zonas de guerra?

En primer lugar, proteger a los refugiados requiere un compromiso de salvar vidas, incluso mediante el rescate en el mar. Las fronteras deben mantenerse abiertas para quienes huyen buscando seguridad. Independientemente de su estatuto legal –ya sean refugiados o inmigrantes- salvar vidas es un imperativo humanitario fundamental. Al mismo tiempo, necesitamos un enfoque europeo compartido que no deje únicamente a uno o dos países como puntos de desembarque.

La conferencia tuvo lugar en la sede central del Instituto Cervantes, en Madrid (© ACNUR/UNHCR/ Bruno Galán)
La conferencia tuvo lugar en la sede central del Instituto Cervantes, en Madrid (© ACNUR/UNHCR/ Bruno Galán)
Se requiere una acción internacional mucho más firme para abordar las causas que originan los desplazamientos, impulsando la acción política al más alto nivel para prevenir y resolver los conflictos y la inestabilidad que empujan a las personas a desplazarse, así como mayores inversiones para estabilizar la situación en los países hacia los que huyen los refugiados, a fin de mitigar el impacto en sus economías, servicios e infraestructuras.

También necesitamos vías legales seguras y regulares que permitan a un mayor número de refugiados trasladarse más allá de los países de primer asilo, evitando así que se vean forzados a emprender peligrosas rutas irregulares. El reasentamiento de refugiados es un importante mecanismo para lograrlo, pero también hay margen para otros enfoques creativos como los programas de reunificación familiar, de becas o de migración laboral para los refugiados.

La solidaridad dentro de la Unión Europea también se tiene que restablecer. En 2015 se alcanzaron buenos acuerdos sobre reubicación de solicitantes de asilo dentro de Europa, pero su ejecución ha sido demasiado lenta. La cooperación en este y otros aspectos del sistema europeo de asilo se debe reforzar con urgencia. Necesitamos fortalecer la capacidad de acogida y los sistemas de asilo; seguir construyendo un Sistema Europeo Común de Asilo que respete la legislación en materia de derechos humanos y el derecho de refugiados, que garantice que las personas más vulnerables, como los menores no acompañados y separados y los supervivientes de la violencia, reciban un apoyo específico. Y también tenemos que invertir en integración, el tema de esta conferencia, combatir la xenofobia y la intolerancia y fomentar comunidades acogedoras en las que los refugiados puedan reconstruir sus vidas.

Señoras y señores,

Tradicionalmente España ha venido desempeñando un importante liderazgo en el contexto de la solidaridad con los refugiados.

Se ha convertido en un gran ejemplo al recibir e integrar a miles de nacionales de terceros países y forjar un consenso político para evitar la retórica anti-refugiados. En España, hay una importante memoria colectiva del conflicto y el exilio, y una tradición de acogida y apoyo a los refugiados, también a través de organizaciones de voluntarios y comunidades, así como de apoyo económico y social a campañas nacionales e internacionales y programas para refugiados.

Quisiera aquí expresar mi más sincero agradecimiento al Pueblo español, incluyendo a los muchos estudiantes, jubilados y familias, que están apoyando a los refugiados y a ACNUR. Más de 450.000 hombres y mujeres, a menudo con recursos muy limitados, contribuyen a los programas de refugiados de ACNUR en todo el mundo a través del Comité español de ACNUR para proteger y ayudar a aquellos que huyen de la guerra y de la persecución.

Pero además de apoyar a los refugiados en otros países, los españoles han demostrado un compromiso admirable con su interés por recibir e integrar a los refugiados dentro de sus propias comunidades, ofreciéndoles un refugio seguro y acogiéndolos en sus escuelas, en sus lugares de trabajo y en su sociedad. Muchas autoridades regionales y locales y comunidades en España han expresado claramente su voluntad de acoger y de integrar a los refugiados, como me lo señaló ayer la señora alcaldesa de Madrid.

Junto con los propios refugiados, estas personas e instituciones comprometidas son las que marcan la diferencia entre la inclusión o la marginación; la autosuficiencia o la dependencia; entre reconstruir una vida o permanecer en una situación de pérdida y desesperación. En un entorno adecuado, y con el apoyo necesario, los refugiados pueden establecer vínculos en el ámbito social, económico, sanitario y educativo de sus comunidades y contribuir al bienestar y crecimiento de las sociedades de acogida. Estos aspectos regionales y locales son fundamentales para permitir que los refugiados se integren y prosperen.

España, al igual que mi país, Italia, tiene una fuerte tradición de voluntariado. Los más firmes defensores de los refugiados son a menudo las personas que han dedicado su tiempo y sus energías a trabajar directamente con los refugiados; personas que han estado en contacto directo con ellos y compartido, aunque sea momentáneamente, la realidad de sus experiencias y valores. Se trata de una fuerza poderosa que debe nutrirse y que cuenta con la capacidad y el potencial de cambiar percepciones, romper estereotipos y moldear la opinión pública, al mismo tiempo que se tienden puentes entre los refugiados y las sociedades de acogida.

Me han impresionado enormemente la creatividad de las iniciativas de acogida desarrolladas en toda España por ciudadanos de a pie y por la sociedad civil, incluyendo empresarios, académicos, periodistas, blogueros, deportistas, estudiantes o comunidades religiosas, por citar sólo algunos.

Me complace comprobar que la conferencia de hoy abarca un enfoque integral sobre cómo apoyar la integración de los refugiados desde una perspectiva social, educativa y laboral y, lo que es más importante, incorporando además, los puntos de vista y la experiencia de personas refugiadas y de las comunidades en las que viven.

España es líder en este sentido -y les animo a que hagan todo lo posible por proteger y nutrir este ambiente positivo; les animo a abrazar la idea de inclusión y a contrarrestar las narrativas que buscan excluir y marginar a los refugiados y otras personas desarraigadas.

La integración es un proceso complejo, dinámico y de doble dirección. A fin de poder participar de forma plena y productiva en la vida social, económica y cultural de sus sociedades de acogida, los refugiados necesitan apoyo para ejercer sus derechos y acceder a oportunidades. Los gobiernos deben estar preparados para liderar este proceso, a través de una estrategia de integración nacional dotada de los recursos adecuados.

Un país tan importante como España puede y debe hacer más. Esto implicaría, por ejemplo, asumir una participación más activa y significativa en el reparto de responsabilidades, tanto en países de primera acogida, como en propia España. Aprovechando la ejemplar solidaridad de su pueblo, el Gobierno debería establecer más y nuevas vías legales de entrada en el país y asegurar un incremento de sus programas de reasentamiento, poniendo en marcha todas las medidas necesarias para poder garantizar una integración firme y sostenible.

Señoras y señores,

Esta conferencia se celebra en un momento importante. En septiembre del año pasado, la Asamblea General de la ONU adoptó la Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes. Esta declaración destacó los principios fundamentales de la protección de los refugiados y colocó la solidaridad internacional y la responsabilidad compartida como prioridades en la agenda internacional.

La integración de las personas desplazadas a causa de la guerra, la violencia y la persecución seguirá siendo un desafío compartido durante los próximos años en Europa y en otros lugares. La rica experiencia española y la tradición de solidaridad y buena voluntad de este país, colocan a España en una posición 10 privilegiada para servir de referente y convertirse en un país de asilo e integración en el que mujeres, hombres, niñas y niños que lo han perdido todo, puedan reconstruir sus vidas y contribuir a la diversidad y al crecimiento de sus nuevas comunidades.

Desde ACNUR, nos ponemos a disposición para trabajar con todos ustedes para lograrlo.

Muchas gracias.


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