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| Los refugiados lamentan las pérdidas después de que un fuego arrasara un mercado en Dadaab |
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Durante los últimos 20 años este mercado había ido creciendo en una ciudad dentro del campo. Tenía calles sinuosas, estrechas callejuelas y bazares grandes, con techos interconectados. En él se vendía prácticamente de todo, desde verduras hasta teléfonos móviles. Ahora gran parte yace en el suelo hecho ruinas y cenizas y muchas personas han perdido su propiedad y su medio de vida. Los supervivientes contaron al personal de ACNUR el domingo que la gente, que acababa de sentarse para comer y romper el ayuno de Ramadán, empezó a salir corriendo de sus casas cuando oyeron los gritos de “fuego”. Otros que habían ido al mercado para hacer las compras de la tarde huían de las grandes llamas, avivadas por un fuerte viento. Las estrechas calles quedaron bloqueadas por la gente, los carros tirados por burros, las carretillas y los vehículos que intentaban escapar. Mohammed Issack, testigo del accidente, describe la caótica escena que se produjo cuando él y otros voluntarios intentaron apagar el fuego. “Sentí muchísimo calor y un fuego y humo sofocantes. Corrí para unirme a un grupo de jóvenes samaritanos que estaban trabajando para parar el fuego pero era demasiado tarde. El fuego estaba bien armado y nos derrotó, tendiéndonos emboscadas y bombardeándonos con pequeña munición consistente en cosméticos explosivos y productos hechos con petróleo”, comentaba metafóricamente este testigo. “No se podía hacer nada. Algunas personas abrieron sus tiendas al público para que cogieran todo lo que pudieran en lugar de dejarlo todo en manos del fuego y otras simplemente se quedaron de pie viendo cómo sus pertenencias se reducían a cenizas”. El susto y la desesperación de la gente pronto se convirtió en ira. Un grupo de mujeres que contemplaban el desastre expresaba lo que muchos sentían: “¡Esto es peor que lo que nos ha pasado hasta hace poco, todos los ataques con armas por la noche, las explosiones durante el día y las represalias de la policía! ¿De qué tipo de derecho de asilo podemos disfrutar o sentirnos orgullosos? ¿Quién nos va a compensar por esta gran pérdida? ¡No tenemos ni un gobierno que nos consuele!”. También expresaron su ira hacia ACNUR y otras agencias humanitarias, cuyos esfuerzos de rescate llegaron demasiado tarde para salvar gran parte del mercado. Fafa Attidzah, responsable de la suboficina de ACNUR en Dadaab, está de acuerdo en que la respuesta podría haber sido más rápida y eficaz pero explica diciendo que las agencias de ayuda tienen el acceso restringido debido a los retos actuales sobre el terreno. “La volátil situación de seguridad hace imposible vigilar lo que ocurre en los campos las 24 horas del día. El fuego empezó por la noche, cuando no había en el campo persona de ninguna de las agencias” dice Attidzah. “Además, los vehículos de extinción de ACNUR son muy pequeños para hacer frente a un fuego de esta magnitud. Otro problema es que ni el personal de las agencias ni los propios refugiados están adecuadamente formados para afrontar un gran incendio”. La Agencia de la ONU para los Refugiados y sus agencias socias están evaluando los daños y el impacto del fuego en los miembros de la comunidad. Los más afectados recibirán asistencia para ayudarles a recuperarse. En consulta con la comunidad de refugiados, se está planificando la reconstrucción del mercado de Dagahaley de forma más razonable y segura, en concordancia estricta con las leyes kenianas y las normas de construcción, de modo que no vuelva a ocurrir una catástrofe similar. ACNUR, sus socios y las autoridades de Kenia en Dadaab también han establecido un grupo de trabajo para poner en marcha una estructura de respuesta de emergencia más eficaz y efectiva en caso de incendios graves. También se necesita comprar urgentemente para Dadaab un vehículo apropiado para combatir los incendios. Por Mans Nyberg, en Dadaab, Kenia |

