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| ACNUR traslada a cientos de congoleños a un nuevo campo |
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Son algunos de los 20.000 congoleños que fueron registrados en Nkamira después de haber huido cruzando la frontera desde finales de abril para escapar de la violencia en Kivu Norte y de los combates entre soldados del gobierno y tropas rebeldes, frontera por la que todavía continúa llegando un constante flujo de refugiados. Una vez que el gobierno de Ruanda decidió a finales del pasado mes de mayo crear un nuevo campo en un intento por descongestionar el centro de tránsito de Nkamira, las autoridades del distrito de Nyamagabe movilizaron rápidamente a la comunidad local para empezar los trabajos. Los expertos de ACNUR en planificación del terreno se aseguraron de que el campo ocupara todo el espacio que fuera posible en esa zona montañosa, lo cual obligó a construir terrazas. Fue un trabajo duro pero los equipos de cientos de hombres y mujeres finalizaron los trabajos preliminares con sus palas y azadas en cuestión de días. Fue suficiente para levantar tiendas para 1.300 familias, unas 6.500 personas. Otras 14 tiendas grandes de almacenaje se levantaron para albergar a familias, junto con 631 cobijos hechos de madera y barro. El primer convoy de refugiados llegó el 10 de junio. Aunque ACNUR y el gobierno están a cargo de la coordinación general de la asistencia de emergencia en Kigeme, muchas organizaciones y agencias de Naciones Unidas como UNICEF, la Organización Mundial de la Salud y el Programa Mundial de Alimentos ofrecen asistencia en áreas clave como la higiene, el agua y el saneamiento, la salud o la alimentación. Las instalaciones incluyen letrinas para hombres y mujeres y un pequeño puesto de salud instalado por la ONG socia Acción Africana Humanitaria. Los refugiados con problemas médicos complejos podrán ser trasladados al hospital local, a unos kilómetros de distancia. También se han hecho los preparativos para que los niños en edad escolar puedan ir pronto a un colegio cercano. Es un largo camino de cinco horas en autobús desde Kigeme al centro de tránsito de Nkamira, pero los rostros de los recién llegados pronto se iluminan. Nyirasafari, de 48 años, se bajó del autobús llevando consigo a su hijo de 11 años, Benjamín. “Aquí puedo ver casas pequeñas y caras felices” dijo, añadiendo que “sólo he estado aquí unos minutos pero puedo decir que es mejor que Nkamira. Muchos no teníamos allí dónde dormir, nos quedábamos fuera”. Dada la imposibilidad de regresar por un tiempo a la República Democrática del Congo, una media de 500 personas están siendo trasladadas al campo de Kigeme cada día. Antes del flujo actual, había unos 56.000 congoleños refugiados viviendo en los otros tres campos existentes en Ruanda (Giheme, Kiziba y Nyabiheke). Algunos han vivido allí durante casi dos décadas. En caso de que su estancia en el campo de Kigeme se llegara a prolongar, ACNUR espera escolarizar a todos los niños y alentar a los adultos a que sean autosuficientes mediante programas de ayuda para su subsistencia que también podrían serles de utilidad cuando regresen a sus hogares. Esta no es la primera vez que Kigeme se convierte en hogar para los refugiados. Hasta mayo de 2009 acogió a miles de burundeses que finalmente fueron repatriados temiendo por su seguridad. Después de que se marcharan, el espacio fue reclamado por la naturaleza; la hierba salvaje y los árboles crecieron por las laderas y el ganado pastó por donde ahora viven los refugiados. Hoy las tiendas cubren la zona hasta donde alcanza la vista. Por Anouck Bronée en Kigeme, Ruanda |

