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| Barbara Hendricks pide ayuda durante su visita a los refugiados malienses en Burkina Faso |
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El conflicto en Malí ha obligado a cerca de 200.000 personas a buscar refugio en los países vecinos, incluyendo Burkina Faso (65.000 refugiados), Níger (42.000) y Mauritania (88.800). Otras 159.000 personas se encuentran desplazadas en el interior de Malí. “Los refugiados malienses han huido de lo peor y están intentando reconstruir sus vidas en campamentos o en asentamientos,” explicó Barbara Hendricks, añadiendo que su visita pretendía dar a conocer “sus miedos y preocupaciones a la prensa, a la opinión pública y a aquellos que decidirán si ayudar a agencias humanitarias como ACNUR.” Aichatou, una refugiada de etnia tuareg de 62 años, le contó a Barbara Hendricks que había sido separada de sus hijos. Uno cruzó la frontera hacia Níger, otro encontró refugio en Ouagadougou, la capital de Burkina Faso, y el tercero se había quedado atrapado en Tombuctú en Malí. Esta refugiada no había recibido noticias de ellos desde hacía semanas. Barbara Hendricks se sintió identificada con esta mujer, la cual se había traído consigo a Damba a los hijos de sus vecinos, que no querían salir de Malí. “Como madre, temes por tus hijos cuando te separas de ellos,” dijo Hendricks. Otra refugiada, Aminatou, de 50 años, le dijo a Hendricks que decidió irse de Burkina Faso con sus siete hijos cuando “escucharon que los ataques estaban teniendo lugar en las principales ciudades del norte (a principios de abril). También había bandas armadas que rondaban la región. Yo no quería que mis hijos estuvieran expuestos a las milicias, yo quería protegerlos.” La mayoría de los refugiados en Damba son originarios de Gossi, en la región de Tombuctú, aunque algunas familias también vienen de Gao, una de las ciudades que ahora es controlada por los grupos islamistas. Malik, de 35 años, dejó la ciudad el 29 de junio con su esposa y sus dos hijos. “Alquilamos un coche pequeño y nos marchamos de Gao,” explicó, añadiendo que había escuchado que ahora era más difícil salir de la ciudad. La mayoría de los refugiados en el campamento son nómadas y prefieren vivir en refugios hechos de ramas y lonas de plástico suministradas por ACNUR, en lugar de utilizar las tiendas de campaña disponibles. Las condiciones de vida son difíciles y las agencias humanitarias como ACNUR luchan para garantizar los estándares humanitarios mínimos para los refugiados. La situación de la financiación es crítica, ya que ACNUR tan sólo ha recibido una cuarta parte de los 153 millones de dólares que la Agencia necesita este año para las operaciones en Burkina Faso, Níger, Mauritania y Malí. La falta de fondos está teniendo un impacto directo: en algunos campamentos en Burkina Faso, los refugiados tan sólo están recibiendo siete litros de agua al día, un nivel muy por debajo de los estándares recomendados para situaciones de emergencia. “El estándar para situaciones de emergencia se sitúa en 10 litros al día y persona, y deberíamos tener como objetivo proporcionar 20 litros al día por persona. Necesitamos dinero para poder cavar más pozos o rehabilitar perforaciones,” dijo Barbara Hendricks, apelando a los donantes. También se necesitan fondos para mejorar las infraestructuras del campamento, así como para la educación y la atención sanitaria. “La comunidad internacional debe prestar más atención a esta región,” dijo la cantante sueco-americana, al tiempo que advertía: “Debemos de estar preparados para nuevos flujos, ya que la situación en Malí no está mejorando.” También remarcó la importancia de la asistencia sanitaria, especialmente a los niños. “No podemos esperar a que se produzca una situación trágica. La comunidad internacional y los donantes necesitan actuar de una forma más preventiva.” Por Hélene Caux en el campo de refugiados de Damba, Burkina Faso. |

