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Noticias Notas de Prensa Sudán del Sur: Un viaje de vuelta al futuro

Sudán del Sur: Un viaje de vuelta al futuro Imprimir

© ACNUR/G.Beals. Dos niños que acaban de llegar desde Juba esperan el autobús que les llevará a su aldea.
© ACNUR/G.Beals. Dos niños que acaban de llegar desde Juba esperan el autobús que les llevará a su aldea.
JUBA, Sudán del Sur, 12 de Julio (ACNUR/UNHCR) – Los retornados van subiendo a la docena de autobuses con destino a su tierra ancestral, una aldea llamada Torit. En su mayoría son mujeres y niños. Algunos sienten júbilo, otros temor. Algunos cantan mientras los vehículos parten de la capital de Sudán del Sur, Juba. Otros permanecen sentados, resignados y en silencio, temerosos ante lo que pueda depararles el futuro.

Para Sabrine Kennedy, de 25 años, el regreso está cargado de esperanza. Kennedy nació en Jartum durante la guerra civil sudanesa entre el norte y el sur que acabó en 2005, pero ella es considerada sursudanesa. Ella acepta esta nueva identidad y estas horas finales antes de llegar a casa le resultan muy gratas. “Estaba tan feliz cuando volví a Sudán del Sur que quería volar hasta el cielo” dice. “Jartum es bonito, pero aquí está mi hogar”.

La hermana pequeña de Sabrine Kennedy, Bisman, que ahora tiene 21 años, siente todo lo contrario. Está deseando ver a su madre en Torit, pero al mismo tiempo le preocupa su futuro y el de su país, que celebró su primer aniversario el pasado 9 de julio. “No hay trabajo en Torit”, dice. “No hay nada”.

Sudán del Sur celebró su aniversario mientras muchos de sus ciudadanos siguen regresando a este incipiente país. Pero el retorno a la tierra ancestral no es tan fácil como puede parecer. El trayecto es largo y está lleno de complejidades que van más allá de la logística del viaje. En resumen, a menudo la llegada a casa está cargada de incertidumbre. ACNUR sigue trabajando duramente para asegurar que todos, especialmente los más vulnerables, sean protegidos.

El viaje en autobús desde Juba es el último paso del viaje de retorno desde Jartum que más de 12.000 retornados comenzaron hace un año. Durante meses, se alojaron en una estación a orillas del río Nilo Blanco, cerca de una aldea llamada Kosti. Entre el 14 de mayo y el 10 de junio, fueron trasladados en avión hasta Juba por la Organización Internacional para las Migraciones, socia de ACNUR. En el centro de tránsito de Juba esperan antes de emprender la última etapa de su viaje.

“Tenemos personas mayores, familias monoparentales con niños, menores no acompañados, niños separados…cualquier tipo de situación que te puedas imaginar, la tenemos aquí” dice Jovich Zaric, un responsable de campo de ACNUR en el centro de tránsito. “Nuestro principal trabajo es identificar a las personas vulnerables y asegurarnos de que haya un buen seguimiento y sistema de derivación. Trabajamos en colaboración con el gobierno y la comunidad internacional”.

Mientras los autobuses van partiendo, Zanaab Fani, de 68 años, permanece tumbada en una tienda de campaña intentando sin éxito dar de mamar a su nieto de dos años. La hija de Fani está muerta y al padre no le han podido encontrar. También está con ella un niño de cinco años, pero la mujer tiene muchos achaques y está demasiado débil para caminar.

Jovich Zaric está preocupado. “Ella asegura que tiene familia, pero no estamos del todo convencidos. ¿Qué pasaría si llegara a su aldea y no tuviera ningún tipo de apoyo? ¿Y si el jefe de su aldea dijera que no la conoce? Es una persona muy vulnerable” dice. “Tenemos que asegurarnos de que está bien antes de viajar. Tenemos que hacer algo para ayudarla con estos niños y tenemos que encontrar a alguien que la ayude con el alojamiento cuando llegue”.

Otra mujer que acaba de llegar con el convoy nos cuenta que no es sursudanesa sino de Uganda. Afirma que su marido, con el que la obligaron a casarse a los 13 años, la ha abandonado con tres niños. Zaric trabaja para concertar una entrevista en la embajada de Uganda para ver si pueden verificar su testimonio. “Poco a poco nos adentramos en los verdaderos destinos de estas personas” dice. “Nuestro verdadero trabajo empieza aquí”.

Zaric no dudará en intervenir si ve que algo va mal. Hace unas semanas recibió el testimonio de una niña de 13 años y su hermano de 5 que acababan de llegar a Juba y estaban bajo la custodia de su tío. La niña denunció que su tío la pegaba.

Una investigación demostró que era “un caso obvio de violencia doméstica” dice Zaric, a quien también le preocupaba que la niña hubiera podido ser vendida en matrimonio forzoso. Retiraron la custodia de los niños a su tío y en estos momentos ACNUR está buscando, con la ayuda de sus socios, un lugar seguro para ellos hasta que localicen a otros familiares más competentes.

En muchos sentidos, para estos repatriados la sensación de hogar no se encuentra en un lugar, sino en el sentimiento de destino común que comparten entre ellos. Su viaje ha sido lo bastante largo como para que se desarrollen y florezcan lazos sociales. Un grupo de retornados de distintas etnias y origen geográfico ha pedido al gobierno de Sudán del Sur que les conceda una extensión terreno, de forma que puedan regresar juntos formando una única aldea. Los lazos creados a raíz de la supervivencia y la compañía mutua son más fuertes que las promesas del hogar ancestral.

Por Greg Beals en Juba, Sudán del Sur.


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