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Menores somalíes no acompañados y en situación de riesgo encuentran seguridad en Etiopía Imprimir

© ACNUR/ L.Padoan. Como muchos refugiados somalíes en Dollo Ado, Hassen ha viajado en un carro tirado por un burro durante gran parte del camino hasta Etiopía.
© ACNUR/ L.Padoan. Como muchos refugiados somalíes en Dollo Ado, Hassen ha viajado en un carro tirado por un burro durante gran parte del camino hasta Etiopía.
DOLLO ADO, Etiopía, 30 de septiembre (ACNUR/UNHCR) – Cuando Hassen Ibrahim llegó recientemente a Etiopía, este adolescente no había visto a sus padres en dos años. “Como era el hijo mayor me quedé para cuidar de mi abuela, que estaba demasiado enferma para viajar” explica el muchacho de 15 años, poco después de cruzar al este de Etiopía tras haber huido de la sequía que asuela Somalia.

Hassen es uno de los cada vez más numerosos menores no acompañados que están llegando a los campos del distrito de Dollo Ado levantados en Etiopía. Muchos se vieron obligados a quedarse para cuidar de enfermos o parientes mayores que no podían emprender el duro viaje hasta Etiopía desde sus hogares en el sur de Somalia.

Muchos, como Hassen, hicieron el camino hasta la frontera cuando sus parientes murieron o cuando se volvió muy difícil sobrevivir en sus aldeas. Pero el viaje hacia un lugar seguro está lleno de peligros, especialmente para los muchachos jóvenes que viajan solos. Los menores no acompañados están considerados por ACNUR como altamente vulnerables.

Aquellos a quienes sorprenden huyendo a Etiopía son vistos como traidores por parte de las milicias anti gubernamentales de Al Shabaab, y muchos refugiados recién llegados cuentan que han visto cómo secuestraban a adolescentes y hombres jóvenes para reclutarles a la fuerza o incluso ejecutarles.

Hassen es uno de los afortunados que logró llegar a Etiopía sano y salvo y que pudo encontrar a sus parientes. Según estimaciones iniciales, podría haber ni más ni menos que unos 2.500 menores no acompañados en los cuatro campos de refugiados de Dollo Ado. El número de los que no logran llegar se desconoce.

Cuando sus padres y hermanos huyeron a Etiopía a mediados del año 2000, Hassen se quedó en su aldea para cuidar de su abuela. Pero ella murió el pasado mes de julio, y él pudo entonces reunirse con su familia. “Todas las cabras murieron y no tenía modo de sobrevivir. Tenía que intentar encontrar a mi familia”, recuerda.

Tardó tres días en llegar a la frontera, viajando en un carro tirado por burros y a pie, dice, añadiendo que cuando llegó a Dollo Ado “no sabía que hacer. Sabía que mi familia estaba aquí pero no podía encontrarles. Me sentí deseseperado”.

En unas horas los funcionarios de registro de ACNUR lograron encontrar a los padres de Hassen y a cinco hermanos en el campo de Kobe. Dos días después se reunió con su familia, que había estado preguntando a diario a ACNUR por el paradero de Hassen.

Cuando llegó finalmente a Kobe su familia estaba feliz de verlo y su padre lloró de alegría. “Estoy muy agradecido a ACNUR por haber encontrado a mi familia, me siento como en casa de nuevo” dijo al personal de ACNUR.

A principios de mes, ACNUR, UNICEF y Save the Children (USA) llevaron a cabo de manera conjunta un amplio estudio con el fin de determinar mejor el número de menores no acompañados y separados en los campos.

Los equipos de registro de ACNUR juegan un papel vital a la hora de reunificar a las familias, ya que los buscan en un sistema de base de datos global que recoge los nombres de cada refugiado, el lugar y el clan de origen. También se les toman las huellas dactilares y fotografías para verificar su identidad.

Cuando no se puede encontrar a los padres, ACNUR se asegura de encontrar familias de acogida apropiadas para los niños de modo que no se queden solos.

“Espero que ahora que estoy en Etiopía pueda ir a la escuela. Nunca he ido antes a la escuela” dijo Hassen mientras jugaba con su hermana de cinco meses, a la que ha visto por primera vez tras llegar a Dollo Ado. “Estoy feliz por haber vuelto con mi familia. Este es mi sitio”.

Por Laura Padoan en Dollo Ado, Etiopía.


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