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La Oración del Mar Imprimir

Por Khaled Hosseini, Embajador de Buena Voluntad de ACNUR.

Una imagen de la animación 3D de la Oración del Mar, producida por The Guardian con base en el texto de Khaled Hosseini. © The Guardian / Liz Edwards
Una imagen de la animación 3D de la Oración del Mar, producida por The Guardian con base en el texto de Khaled Hosseini. © The Guardian / Liz Edwards
Hace dos años, el 2 de septiembre de 2015, Alan Kurdi, con solo tres años de edad, se ahogó mientras huía de Siria hacia Grecia, pasando por Turquía. Las imágenes de su pequeño cuerpo sin vida suscitaron una ola de conmoción que empujó a muchísimas personas en todo el mundo a tomar acción.

Ahora Khaled Hosseini, el celebrado autor de Cometas en el Cielo y Embajador de Buena Voluntad de ACNUR, escribió esta “Oración del Mar” una carta imaginaria en forma de monólogo, que un padre sirio envía a su hijo en vísperas de emprender la travesía por mar hacia Europa.

En colaboración con ACNUR, el periódico británico The Guardian ha convertido la “Oración del Mar” en la primera animación narrativa de realidad virtual realizada con Tilt Brush, una herramienta que permite dibujar en un espacio virtual en 3D. La animación se puede ver aquí (en inglés). A continuación el texto en castellano, publicado en España por el periódico El Mundo:

Mi querido Marwan:

En los largos veranos de mi niñez, cuando tenía la misma edad que tú tienes ahora, tus tíos y yo extendíamos nuestro colchón en la azotea de la casa de labranza de tu abuelo, a las afueras de Homs.

Nos despertábamos por la mañana oyendo el rumor de los olivos al compás de la brisa, los balidos de la cabra de tu abuela, el entrechocar de sus cacharros en la cocina, el aire fresco y el sol un pálido anillo de palosanto al este.

Te llevamos allí cuando apenas sabías andar. Tengo grabado un nítido recuerdo de tu madre en ese viaje, mostrándote un rebaño de vacas que pacían en un campo rebosante de flores silvestres. Ojalá no hubieras sido tan pequeño.

No habrías olvidado la casa, el hollín de sus muros de piedra, el arroyo donde tus tíos y yo construimos mil presas de niños.

Ojalá recordaras Homs como yo lo recuerdo, Marwan.

En su animada Ciudad Vieja, una mezquita para nosotros los musulmanes, una iglesia para nuestros vecinos cristianos y un gran zoco en el que todos regateábamos para comprar colgantes de oro y productos frescos y vestidos de novia. Ojalá recordases los atestados callejones con olor a kibbeh frito y los paseos que dábamos al caer la noche con tu madre en torno a la Plaza de la Torre del Reloj.

Pero esa vida, esa época, parece ahora una farsa, incluso para mí, como un largo rumor que se ha desvanecido. Primero fueron las protestas. Más tarde el asedio. Los cielos escupiendo bombas. El hambre. Los entierros.

Estas son las cosas que tú conoces. Sabes que el cráter de una bomba puede convertirse en una poza para nadar. Has aprendido que la sangre oscura es mejor que la de color rojo brillante. Has aprendido que se puede encontrar a madres y a hermanas y a compañeros de escuela, en pequeños triángulos de piel iluminados por el sol, brillando en la oscuridad, a través de estrechos resquicios en el hormigón y los ladrillos y las vigas al descubierto.

Tu madre está aquí esta noche, Marwan, con nosotros, en esta fría playa a la luz de la luna, entre los bebés que lloran y las mujeres que expresan su preocupación en lenguas que no hablamos. Afganos y somalíes e iraquíes y eritreos y sirios. Todos esperamos impacientes la salida del sol, todos la tememos. Todos buscamos un hogar. He oído decir que nadie nos ha invitado. Que no somos bienvenidos. Que deberíamos llevarnos nuestro infortunio a otro lugar. Pero oigo la voz de tu madre, por encima de la marea, que me susurra al oído: “Ah, pero si vieran, cariño. Incluso la mitad de lo que tú has visto. Si sólo vieran. Dirían cosas más amables, seguro”.

Miro tu perfil bajo el resplandor de esta luna en cuarto creciente, niño mío, tus pestañas como caligrafía, cerradas en un sueño inocente. Y te digo: “Coge mi mano. Nada malo te va a pasar”. No son más que palabras. Trucos de padre.

Matan a tu padre, tu fe en él.

Porque lo único en lo que puedo pensar esta noche es en la profundidad del mar, en su inmensidad, su indiferencia. Me siento tan impotente para protegerte de él. Lo único que puedo hacer es rezar. Rezo para que Dios lleve el barco a buen puerto, cuando la costa se pierda de vista y seamos una motita en las aguas agitadas, inclinándose y escorando, tragados.

Porque tú, tú eres una carga preciosa, Marwan, la más preciosa que nunca hubo.

Rezo para que el mar lo sepa.

Inshallah.

Cómo rezo para que el mar lo sepa.

© Khaled Hosseini


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