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Noticias Notas de Prensa El emprendedor húngaro que vistió una nueva vida en Canadá

El emprendedor húngaro que vistió una nueva vida en Canadá Imprimir

“Mi madre, hasta su muerte, nunca faltó un día”, declara este emprendedor, sobre el decisivo peso en su éxito que tuvo el apoyo familiar. (ACNUR/UNHCR/Annie Sakkab)
“Mi madre, hasta su muerte, nunca faltó un día”, declara este emprendedor, sobre el decisivo peso en su éxito que tuvo el apoyo familiar. (ACNUR/UNHCR/Annie Sakkab)
Hace 50 años, un niño huyó de Hungría y encontró asilo en Canadá. Ahora vive su sueño dirigiendo su propio negocio.


TORONTO, Canadá, 5 de julio de 2017 (ACNUR/UNHCR).- “Podías abrir una tienda en el mercado de Kensington y a nadie le importaba tu origen” recuerda Tom. “No importaba el idioma que hablaras, de qué color fueras, o tu religión. Todo lo que tenías que hacer era demostrar lo que valías”.

El mercado ha sido desde hace mucho tiempo un punto de partida para los desplazados. El padre de Tom, William Mihalik, estableció su tienda allí tras huir de Hungría en 1956. Durante 12 años, la familia se vio forzada a vivir separada.

"Todo lo que tenías que hacer era demostrar lo que valías”

Aunque ausente, William estaba muy presente en la imaginación de su hijo- enterado por cotilleos e historias que Tom escuchaba de amigos y familiares.

“Todo el mundo en Hungría decía: ‘Tommy, vas a la tierra de leche y miel!’” cuenta, riéndose. Los detalles eran escasos – todos lo que sabía era que William tenía una tienda en la que vendía ropa y muebles- pero llenaba los huecos con su fantasía juvenil.

Tom recuerda la emoción de su primera visita a la tienda de su padre en el centro de Toronto.

Sin embargo, al pasar delante de la tienda de William, con sus ventanas protegidas por gruesos barrotes de hierro, la ilusión de Tom se hundió. “Fue una noche sombría… mi padre señaló hacia donde estaba nuestra tienda. Estaba muy orgulloso de ello. No era lo que yo imaginaba. Imaginaba algo grandioso”.

Tom trabajaba en la tienda antes y después de ir a clase. Pronto se convirtió en una obsesión. Con el tiempo, el negoció creció y se trasladó calle abajo, aún en el mercado de Kensington.

Después de comprar el negocio de su padre en 1987, Tom rápidamente tuvo la oportunidad de darse cuenta de la unión que existía en la zona. El coste del personal y los gastos generales sobrepasaban el dinero que entraba, haciendo que fuera incapaz de pagar la renta.

“Fui a ver a mi vecina y le pregunté si podría prestarme 800 dólares, y, sin dudarlo, dijo ‘Tom, será un placer’”, afirma. “Esto muestra lo fuerte que era la comunidad. Sin tan siquiera parpadear, me dejó el dinero”.

El problema de insolvencia de Tom le confirmó lo que había aprendido con el paso de los años – la comunidad es importante.

“Cuando vienes a una comunidad como Kensington Market y vienes de la nada –totalmente de la nada, y eres el eslabón más débil-, cuando prosperas tienes que devolver parte de ese dinero. Lo tienes que hacer. Es tu responsabilidad devolver algo a la comunidad”.

Desde que llegara la familia Mihaliks entre los años 1950 y 1960, el mercado también ha acogido a otros negocios de emprendedores refugiados de Somalia, Etiopía y Vietnam.

El mercado ha cambiado mucho a lo largo del tiempo- tiendas de alimentación y de electrodomésticos han sido sustituidas por cafeterías y outlets de ropa. Pero la tienda de Tom ha permanecido en su mayoría sin cambios, cimentando su posición como algo fijo en el barrio.

En la parte trasera de la tienda de Tom, una fila de sastres trabaja meticulosamente sobre montones de ropa, como muestra del legado del mercado. Tran Duc Tu, que huyó de Vietnam como refugiado en 1977, ha trabajado con Tom durante 15 años.

Durante este tiempo, Tom ha recibido muchos premios y elogios por sus contribuciones para con hospitales, asociaciones de beneficiencia y gente pasando por un bache.

“Es tu responsabilidad aportar con algo a la comunidad”

“Tenemos una responsabilidad como canadienses de asegurar que aportamos algo de vuelta este gran país. No solo recibimos- también tenemos que dar” dice. “Es lo que realmente aportas -como canadiense. Lo verás en tus hijos y nietos”.

Atribuye parte del éxito de la tienda no a su perspicacia para los negocios, sino al apoyo de su familia. “Mi hermana ha estado aquí en la tienda desde que tenía 12, 13,14 años”, dice. “Mi madre, hasta su muerte, nunca faltó ún día”.

El hijo de Tom, Tom Jr., dirige ahora una segunda rama del negocio que se ha abierto recientemente en el corazón del distrito financiero de Toronto. Aunque la nueva y bien surtida tienda no se parece en nada a la que abrió William durante sus primeros años en Canadá, se mantiene fiel a sus orígenes.

“Hemos necesitado mucho trabajo para llegar a donde estamos hoy, realmente”, dice Tom posando la mirada sobre las fila de trajes, en mitad de la tranquilidad que cae sobre la tienda después de cerrar. “Ojalá podamos continuar otros 60 años”.


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