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Refugiados sirios se enfrentan a duros problemas para acceder a la educación superior Imprimir

A pesar de la asistencia del programa de becas DAFI, los refugiados sirios que cursan educación superior en el Líbano son una excepción a la regla.

 Jankidar, un estudiante refugiado sirio, de 31 años, lee un libro en su casa de Beirut, Líbano (© ACNUR/UNHCR/Diego Ibarra Sánchez)
Jankidar, un estudiante refugiado sirio, de 31 años, lee un libro en su casa de Beirut, Líbano (© ACNUR/UNHCR/Diego Ibarra Sánchez)

BEIRUT, Líbano, 22 de marzo de 2017 (ACNUR/UNHCR) - Desde que estaba en el instituto en Siria, Jankidar sabía que quería estudiar ciencias políticas. Pero poco después de matricularse en la Universidad de Alepo, tuvo que abandonar sus estudios para mantener a su familia.

Después, en 2011 estalló la guerra en Siria y se vio obligado a huir de su ciudad natal, Kobane, hacia el Líbano, donde intentó matricularse una vez más en la universidad, haciendo malabares con cuatro trabajos al mismo tiempo para pagar sus clases y poder mantenerse.

“Trabajaba en mantenimiento de ascensores, como conserje, como pintor y como extra en películas y shows de la televisión libanesa y siria”, recordó.

La lucha de este joven de 31 años para obtener un grado universitario resulta muy común para los refugiados sirios en el Líbano, donde solo uno de cada ocho logra acceder a la educación superior.

Más tarde, en 2015, se enteró de la existencia de DAFI, el programa de becas para educación superior de ACNUR. Solicitó entrar y poco después, superando todos los obstáculos, ganó una beca completa para estudiar un Master en Ciencias Políticas y Administrativas en una universidad Libanesa.

Solo uno de cada ocho tiene acceso a la educación superior

Desde su creación en 1992, el programa DAFI ha crecido considerablemente, permitiendo a más de 2.240 refugiados estudiar en universidades y colegios universitarios en 41 países de asilo (datos hasta 2014). En el Líbano, 315 estudiantes se benefician actualmente de este programa.

Pero para la mayoría de los refugiados jóvenes las dificultades para acceder a educación superior continúan siendo enormes. Mariam, una estudiante siria de 23 años, huyó de Damasco hace cuatro años, con un bachillerato en ciencias y la intención de continuar sus estudios tan pronto regresara a su país.

“Estaba convencida de que no estaríamos en el Líbano más de dos semanas, máximo un mes”, dijo Mariam. “Pero pronto se prohibió regresar a todo aquel que había huido del vecindario, el área estaba sitiada”.

Mariam pasó los siguientes dos años en el Líbano dando clases particulares a niños. “Mi padre tiene una discapacidad y mi madre no podía encontrar trabajo. Estaba preocupada por mi familia y no podía permitirme estudiar y trabajar al mismo tiempo”.

Jankidar habla con un amigo en el campus de la Universidad Libanesa, donde estudia en Beirut (© ACNUR/UNHCR/Diego Ibarra Sánchez)
Jankidar habla con un amigo en el campus de la Universidad Libanesa, donde estudia en Beirut (© ACNUR/UNHCR/Diego Ibarra Sánchez)
En todo el mundo hay más de 65 millones de personas desplazadas por las guerras y la persecución, incluyendo a más de 21 millones de refugiados, más de la mitad de los cuales son niños. De acuerdo con un informe de ACNUR, solo el 50 por ciento tiene acceso a la educación primaria, porcentaje que baja al 22 por ciento con respecto a la secundaria y al uno por ciento en cuanto a educación superior.

En el Líbano, más de un tercio de los beneficiarios de DAFI han dicho que no tienen tiempo para estudiar debido a la presión que reciben en sus hogares para trabajar y apoyar a sus familias, de acuerdo con una evaluación hecha en 2016.

Mariam nunca dio por perdido su sueño de cursar educación superior. Un año después de estar en el Líbano se dio cuenta de que, para poder tramitar solicitudes a las universidades, necesitaba recuperar su certificado de bachillerato de Damasco- algo que no había tenido en cuenta cuando ella y su familia huyeron de Siria.

“Hice todo lo posible para que algún familiar obtuviera mi certificado, pero no fue posible. Estaba atascado en la Universidad de Damasco, donde yo estaba matriculada inicialmente, y necesitaba de una decisión gubernamental para que la situación se desbloqueara”.

Agatha Abi Aad, Oficial Asistente de Educación de ACNUR, explicó que la falta de documentos administrativos, incluyendo los certificados de educación anteriores, es uno de los muchos obstáculos que enfrentan los jóvenes sirios que desean inscribirse en la universidad.

“Las universidades ahora emiten un documento al registrarse, antes de la matricula oficial, lo que ayuda a que los estudiantes puedan recibir la residencia temporal, uno de los requisitos para la matrícula universitaria. Pero la mayoría de los refugiados en Líbano son incapaces de pagar la renovación anual de matrícula, que son 200 dólares”, dijo Abi Aad.

“Estoy ayudando a los niños sirios porque temo que no tengan otra oportunidad de obtener una educación”.

El Gobierno del Líbano anunció el mes pasado que los refugiados sirios registrados con ACNUR pueden renovar sus permisos de residencia de manera gratuita, un cambio bien recibido por los refugiados y por ACNUR, que desde hace mucho aboga por la exención de las tasas de renovación.

Cuando Mariam conoció DAFI en 2015, inmediatamente cursó una solicitud y fue seleccionada. Contrató a un abogado con la ayuda de un pariente lejano que aún vivía en Siria y logró obtener una copia de su certificado de bachillerato. Siguió meticulosamente los pasos necesarios para inscribirse en la Universidad Libanesa. Validó su certificado en el Ministerio de Relaciones Exteriores y se dirigió al Ministerio de Educación para obtener la equivalencia.

“No tener residencia válida significa no recibir la equivalencia”, le dijo la secretaria. En ese momento, Mariam sintió como si hubiera golpeado una pared de ladrillo. “Tuve que pagar 600 dólares en multas por haber sobrepasado mi residencia”, dijo. Mariam espera que el reciente cambio de política le permita seguir su sueño y continuar con su educación.

Ahora trabaja como maestra de niños sirios con la Fundación Save the Children. “Estoy ayudando a los niños sirios ahora porque temo que no tengan otra oportunidad de obtener una educación”, explica.
Por ahora, sin embargo, el sueño de Mariam de continuar con su educación permanece en suspenso.

Por Dana Sleiman


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