Política de cookies

Le informamos que utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerle un mejor servicio, de acuerdo con sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede consultar nuestra Política de Cookies aquí.

ACEPTAR
Americas Europe Asia and the Pacific Middle East and North Africa Africa Mapa del mundo

Búsqueda de noticias

Noticias Notas de Prensa Refugiados sirios insuflan nueva vida a un pueblo alemán

Refugiados sirios insuflan nueva vida a un pueblo alemán Imprimir


Durante 8 años, La población de Golzow cayó un 12% a solamente 835 personas. Los refugiados sirios como Kamala han ayudado a salvarlo del declive poblacional. (© ACNUR/UNHCR/Gordon Welters)
Durante 8 años, La población de Golzow cayó un 12% a solamente 835 personas. Los refugiados sirios como Kamala han ayudado a salvarlo del declive poblacional. (© ACNUR/UNHCR/Gordon Welters)
En 2015, un grupo de niños refugiados sirios salvó a un famoso colegio alemán del desastre e insuflaron nueva vida a un pueblo en proceso de desaparición. Dos años más tarde, se han convertido en parte indispensable de la comunidad.

GOLZOW, Alemania, 9 de febrero de 2017 (ACNUR/UNHCR).- “Lo de Siria no era vivir, estábamos asustados todo el tiempo. Yo solo quería paz, nada más” cuenta Halima Taha, refugiada siria de 30 años que huyó de la guerra hace cuatro con su marido y sus tres hijos. Al llegar a Alemania, se ofrecieron voluntarios para vivir en Golzow, un pequeño pueblecito en la frontera germano-polaca.

En ese momento Halima no se daba cuenta de lo que la llegada de su familia significaba para los residentes. La reducción de la población no pintaba bien para la escuela primaria de Golzow, conocida por cinéfilos en todo el mundo por “Los niños de Golzow", un épico documental de 42 horas filmado a lo largo de 50 años.

La fama del colegio no era suficiente para salvarla del declive. En 8 años, la población de Golzow cayó un 12%, a solamente 835 personas. En marzo de 2015 sucedió lo impensable: por primera vez desde su apertura en 1961, la escuela no tenía el número requerido de alumnos para llenar una clase preescolar.

“Lo de Siria no era vivir, estábamos asustados todo el tiempo”

“Mucha gente se ha mudado fuera del pueblo en los últimos años”, explica la directora del colegio, Gabi Thomas. “No había padres jóvenes con hijos en edad escolar. Para una zona rural, la actividad y la vida es algo muy importante, y la proporcionan los niños”.

La comunidad se inquietó, temiendo el principio del fin de su amada escuela. Hasta que el alcalde de Golzow, Frank Schütz, apareció con una inspiradora solución. Solicitaría a las autoridades que encontrasen familias de refugiados con niños en edad de escolarización primaria a los que les pudiera interesar mudarse a uno de los muchos apartamentos vacíos en Golzow. “Además de ayudar a alguien, ese alguien también nos ayudaba a nosotros”, explica el alcalde Schütz.

A 60 km de distancia, Halima y su joven familia acababan de llegar al principal centro de recepción de Brandemburgo en Eisenhüttenstadt, exhaustos después de recorrer el camino entre Siria y Alemania durante 3 duros años y medio. Cuando se les preguntó si les interesaría mudarse a un apartamento donado en un pueblo cercano, respondieron rápidamente.

“No nos importaba a qué clase de sitio íbamos, mientras estuviera limpio y la gente fuera buena”, cuenta Halima. “Pensamos ¿por qué no?” Meses más tarde, Halima, su familia y otra familia siria llegaron a Golzow, trayendo con ellos a 6 esperados niños en edad escolar, justo a tiempo para el inicio del nuevo curso.

Aunque eran un poco mayores que sus compañeros de clase, 3 de los recién llegados se unieron a las clases, elevando el número de alumnos por encima de los 15 requeridos. Fue un éxito para ambas partes: el año escolar se había salvado y los sirios tenían un nuevo hogar.

Kamla, de 10 años, es una estudiante brillante. Sus asignaturas favoritas son matemáticas, música y los deportes. (© ACNURNHCR/Gordon Welters)
Kamla, de 10 años, es una estudiante brillante. Sus asignaturas favoritas son matemáticas, música y los deportes. (© ACNURNHCR/Gordon Welters)
Casi dos años más tarde, una de las salvadoras del colegio, Kalama, la hija de 10 años de Halima, muestra su rápida adaptación a su nueva vida. “Aquí son diferentes muchas cosas, por supuesto”, cuenta rodeada de un grupo de amigos alemanes del colegio durante el descanso entre clases.

Aunque ella y su familia son musulmanes, dice que disfruta aprendiendo las costumbres alemanas. “En Siria nunca celebramos la Navidad, Pascua o Halloween”, añade en un alemán casi fluido. “Lo que más me gusta es Pascua porque hacemos la búsqueda de huevos de chocolate”.

Kamala es una alumna brillante y acaba de ser ascendida del curso introductorio a tercer curso; sus clases favoritas son matemáticas, música y gimnasia. Fuera del colegio encuentra muchas actividades con las que mantenerse ocupada: juega al bádminton con amigos en el centro extraescolar o aprende a montar a los ponis de su vecino.

“Me gusta Pascua porque buscamos huevos de chocolate”

“Quieren saber sobre nosotros y nosotros sobre ellos”, cuenta Kamala sobre sus compañeros de clase. “Hay mucho que contar y explicar, algunas veces traduzco para los demás en árabe o en alemán”. Al igual que su hija, Halima y Fadi están tan bien asentados que actúan como intermediarios entre los recién llegados y la población local. En febrero pasado, ayudaron a recibir a la tercera familia siria llegada a Golzow.

“Les ayudamos mucho, cuando no saben dónde están las cosas o como funcionan”, comenta Halima, que cree que es lo menos que pueden hacer es dar la bienvenida que ellos recibieron en su día. “Todo el mundo vino a recibirnos con flores”, recalca. “Yo estaba muy sorprendida, no podía hacer otra cosa que llorar. Si vienen más familias, serán bienvenidas, Golzow es un lugar muy abierto, es un pueblo muy pequeño y las personas son maravillosas”

Fadi y Halima con sus hijos, Hamza (4), Kamala (10) y Bourham (9).(© ACNURUNHCR/Gordon Welters)
Fadi y Halima con sus hijos, Hamza (4), Kamala (10) y Bourham (9).(© ACNURUNHCR/Gordon Welters)
Halima y su familia ahora tienen el estatus de refugiados y un visado que les permite vivir y trabajar en Alemania durante los próximos tres años. Halima trabaja, a tiempo parcial, como intérprete de árabe para una ONG alemana que ayuda a los solicitantes de asilo. Mientras tanto, Fadi busca trabajo y está practicando para su examen de conducir alemán. También disfruta de la pesca y de cultivar su parte del jardín junto a sus vecinos.

No obstante, y aún con todo el esfuerzo por integrarse en la vida del pueblo, añoran sus antiguas vidas. “Puede ser difícil”, cuenta Fadi, de cuarenta años, que tenía una inmobiliaria en su hogar en Latakia. “Teníamos una buena vida en Siria, pero entonces llegó la guerra y tuvimos que huir. Ahora estamos intentando tener de nuevo una buena vida. Todos nos ayudamos entre nosotros, Golzow es una segunda familia para nosotros. Pero por supuesto, lo que más queremos es que pare el derramamiento de sangre en Siria para poder volver a casa."

“Me gustaría que mis hijos y yo pudiéramos volver a Siria algún día”, dice Halima. “Tu hogar es tu hogar, después de todo. Mientras esperamos, nuestros hijos aprenden, estudian y se labran una buena carrera. Al menos, aquí estamos a salvo”.


Comparte esta página con: