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Noticias Notas de Prensa Refugiados e inmigrantes desesperados se enfrentan a temperaturas bajo cero en Serbia

Refugiados e inmigrantes desesperados se enfrentan a temperaturas bajo cero en Serbia Imprimir

Hazrat, refugiado afgano de 16 años, se calienta en un fuego tras la estación principal de Belgrado (© ACNUR/UNHCR/Daniel Etter)
Hazrat, refugiado afgano de 16 años, se calienta en un fuego tras la estación principal de Belgrado (© ACNUR/UNHCR/Daniel Etter)
Las autoridades serbias, junto a ACNUR y sus socios, están redoblando esfuerzos para aumentar la capacidad en albergues de emergencia para los cientos de personas durmiendo a la intemperie.

BELGRADO, Serbia, 25 de enero de 2017 (ACNUR/UNHCR). -Los refugiados e inmigrantes que deseaban abandonar el asentamiento improvisado en Belgrado en el que habitaban en condiciones insalubres están siendo trasladados a alojamientos de emergencia habilitados recientemente por el gobierno en las afueras de la ciudad. El traslado tiene lugar motivado por la creciente preocupación por los cientos de personas pernoctando al raso a temperaturas bajo cero y que se habían resistido a llamamientos previos para ser trasladados.

Gracias a los esfuerzos de las autoridades, de ACNUR y de las agencias humanitarias presentes en Serbia durante los últimos meses, en torno al 85% de los refugiados, solicitantes de asilo e inmigrantes en el país están ahora alojados en centros gubernamentales provistos de calefacción.

Cerca de 390 personas han buscado voluntariamente cobijo en las instalaciones habilitadas temporalmente en Obrenovac, abiertas la semana pasada por las autoridades. Sin embargo, se estima que alrededor de 1.000 refugiados e inmigrantes están acampados aún en almacenes abandonados tras la principal estación de tren de Belgrado, llenos de humo. Los allí residentes mantienen a raya al frío quemando sin cesar las traviesas de vía desechadas, lo que genera una perpetua humareda tóxica. Muchos afirman estar sufriendo los efectos de la inhalación de humo y ha habido varios casos de congelación.

Las autoridades serbias, junto a ACNUR y otras organizaciones aliadas, intentan ampliar la capacidad del refugio de emergencia de Obrenovac para que pueda dar cobijo en los próximos días a quienes desean abandonar los almacenes, y que previamente habían rechazado anteriores ofertas para dejarlos. ACNUR ha proporcionado mantas, ropa, ropa de cama, servicios de limpieza y paquetes con productos de higiene personal.

“Tenía que irme, era un lugar tan sucio y frío”, apuntó Kiramat Safi, un menor no acompañado afgano de 17 años que, tras cuatro meses a la intemperie se presentó voluntario la semana pasada para abandonar los almacenes y trasladarse a un refugio cercano, Krnjaca. “Me siento mucho mejor ahora porque aquí hace menos frío. No hay humo y puedo dormir dentro.”

“Permaneceré aquí mientras haga tanto frío fuera”, explica Abedulah Ibrahimi, otro menor no acompañado, de 12 años, que dejó también las naves para acudir al refugio de Krnjaca. “Quiero ir a la escuela, quizás allí puedan ayudarme”.

Otros, que no tienen intención de pedir asilo en Serbia y están determinados a seguir su trayecto hacia otros países, han preferido quedarse en los almacenes abandonados a pesar del peligro que suponen el humo y las temperaturas bajo cero. ACNUR distribuyó recientemente folletos en farsi explicándoles su derecho a ser alojados en refugios gubernamentales, y ha trabajado arduamente para identificar los casos de menores no acompañados, tanto en esta ubicación como en otras.

“A veces no puedo sentir mis piernas por la noche, pero aun así intento dormir”, narra Hazrat Bilal, un menor no acompañado de 14 años procedente de Afganistán, que ha pasado los últimos cuatro meses en este almacén. “Sé que el humo es malo para mí”, cuenta encorvado sobre la hoguera que han encendido con traviesas del ferrocarril. “¿Qué más puedo hacer con este frío?”.

Refugiados y migrantes acarrean una traviesa ferroviaria tras la estación de tren de Belgrado (© ACNUR/UNHCR/Daniel Etter)
Refugiados y migrantes acarrean una traviesa ferroviaria tras la estación de tren de Belgrado (© ACNUR/UNHCR/Daniel Etter)
Como muchos otros, Hazrat afirma que continuará intentando cruzar la frontera húngara o croata. La mayoría cuenta que lo ha intentado y fallado, en innumerables ocasiones, y que a veces han sufrido palizas antes de ser devueltos a Serbia.

“Algunos traficantes se llevaron todo mi dinero, otros me pegaron”, explica Hazrat, que huyó de la violencia cerca de su hogar en Afganistán tras el asesinato de su padre. “Aun así debo tratar de cruzar la frontera de nuevo, algún día tiene que funcionar”.

ACNUR ha expresado su preocupación ante los abusos contra refugiados e inmigrantes cometidos por bandas criminales, incluyendo secuestros, abuso físico, amenazas y extorsión, por lo que se ha urgido a los Estados europeos a elevar sus esfuerzos para desarticular estas redes criminales y garantizar la seguridad de refugiados y migrantes.

La niebla glaciar y las nevadas nocturnas han persuadido a muchos a pensarse dos veces el quedarse en los almacenes. “No se está bien aquí y estoy sólo”, contó Jibral Kochel, afgano, de 13 años, quien después de tres meses ha accedido al traslado por autobús hacia el refugio de emergencia. “El refugio estará muy bien. Aquí hay demasiados problemas, todos nos estamos poniendo enfermos”.

Kamran Khan, de 14 años, y su hermano mayor Aman, de 16, también han dicho basta a lo de dormir al raso expuestos al frío y esperan tomar el próximo bus al refugio. “Quizás intentemos cruzar la frontera más tarde”, afirma Kamran, también de Afganistán. “Pero no en medio de este frío, es demasiado peligroso. Es tiempo de tomarse un respiro”.

Por Josie Le Blond.


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