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Noticias Notas de Prensa Tras escapar de las armas, una adolescente siria recibe la oportunidad de estudiar en Turquía

Tras escapar de las armas, una adolescente siria recibe la oportunidad de estudiar en Turquía Imprimir

©ACNUR/UNHCR/Ali Unal - La estudiante siria de ingeniería química, Rawan, de 19 años, ha logrado una de las becas DAFI de ACNUR y podrá cursar estudios universitarios en Turquía.
©ACNUR/UNHCR/Ali Unal - La estudiante siria de ingeniería química, Rawan, de 19 años, ha logrado una de las becas DAFI de ACNUR y podrá cursar estudios universitarios en Turquía.


Rawan Batal, que quiere estudiar ingeniería química, ha aprendido turco y ha obtenido una plaza en la universidad de Konya, en la región de Anatolia Central.

ANKARA, Turquía, 21 de octubre de 2016 (ACNUR/UNHCR) – Los hombres armados que llamaron a su puerta le dijeron que solamente querían hablar de un problema. Rawan Batal, que en aquel entonces tenía 16 años, abrió con indecisión. Ellos se abrieron paso y, una vez dentro, se volvieron agresivos.

La acusaron de robo, algo que ella negó. Su rechazo de las acusaciones hizo que se enfadasen más y la golpearan en la cara. Le exigieron 1.000 dólares.

Pequeña y de voz dulce, a primera vista Rawan puede parecer frágil. Sin embargo, mientras cuenta su historia, permanece sentada erguida y describe estos momentos de terror sin dejarse llevar por la emoción.

Con la ayuda de su madre, reunió el dinero y lo entregó. Ambas vieron cómo los soldados se marchaban, pero convencidas de que volverían, Rawan, su madre y sus dos hermanos pequeños huyeron de su casa en Alepo.

Lo dejamos todo atrás”, dice Rawan. “No nos dio tiempo a coger nada. Solo nos marchamos con lo que llevábamos puesto”.

De este modo, el 20 de agosto de 2013, empezó la vida de Rawan como refugiada. Su padre y su hermano mayor ya habían escapado del servicio militar obligatorio y habían logrado huir hasta una provincia cercana. Una vez reunidos de nuevo, la familia caminó durante varios días, entrando en Turquía por la frontera sureste. Ahora viven en la ciudad de Konya, en la estepa de Anatolia.

Rawan, que deseaba a toda costa recobrar cierto sentido de normalidad, quiso volver al colegio inmediatamente. Se le daban muy bien las matemáticas y las ciencias. Desde pequeña, soñaba con llegar a ser ingeniera química. Echaba de menos a sus amigos, pero no habla turco ni inglés y en la provincia de Konya, no había ningún colegio en el que se hablara árabe.

Aun así, Rawan no se dio por vencida. Encontró en internet libros que seguían el plan de estudios sirio y comenzó a estudiar por su cuenta cada día durante horas.

Durante los últimos cinco años, un gran número de refugiados sirios que huyen de la guerra han llegado a Turquía. Según las autoridades turcas, son más de 2,7 millones. Su llegada, evidentemente ha tenido un impacto en el panorama educativo.

En 2014, Rawan viajó a la capital de Turquía, Ankara, donde se presentó los exámenes finales y obtuvo el título de bachillerato. Aunque el gobierno turco exime del pago de la matrícula a los refugiados sirios que quieren cursar estudios en universidades estatales, hasta el momento apenas el 2,2 por ciento de los refugiados sirios jóvenes se ha inscrito.

©ACNUR/UNHCR/Ali Unal - Rawan (sentada) formaba parte del pequeño grupo de estudiantes beneficiarios del programa DAFI que en agosto de 2016 se reunió en Ankara, la capital turca, con el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi.
©ACNUR/UNHCR/Ali Unal - Rawan (sentada) formaba parte del pequeño grupo de estudiantes beneficiarios del programa DAFI que en agosto de 2016 se reunió en Ankara, la capital turca, con el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi.
Muchos refugiados necesitan trabajar para ayudar económicamente a sus familias y, al igual que para muchos refugiados, el mayor desafío de Rawan era el idioma. Necesitaba aprender turco y aprobar un examen de dominio del idioma. Volvió a recurrir a internet.

Si no hablas turco, es muy difícil estudiar y aún más difícil encontrar un trabajo”, explica. “Desde el principio, he estudiado sola. Mucha gente me decía que no podría hacerlo por mi cuenta. Pero quería estudiar, y me las apañé yo sola”.

Encontró materiales en internet y empezó a estudiar turco, así como ingeniería química. Su hermano, que tuvo que dejar de estudiar para trabajar, no creía que pudiese hacerlo. Pero su amor por esta materia era evidente.

Todo en la vida está relacionado con la química”, explica Rawan. “La comida, la medicina, la industria... Todo empieza con la química”.

En 2015, solicitó y recibió una beca de ACNUR para asistir a un curso anual e intensivo de turco certificado por el TOMER (Centro de Enseñanza e Investigación en Turco y Lenguas Extranjeras de la Universidad de Ankara), que está reconocido en todo el país.

Este programa lo implementa la Presidencia para los Turcos en el Extranjero y Comunidades Afines (YTB) y ayuda a que los jóvenes que aprueban el bachillerato alcancen el nivel requerido del idioma turco para ser admitidos en las universidades del país. Ahora, Rawan habla el turco de manera fluida. Lo ha puesto práctica trabajando como voluntaria, traduciendo para los refugiados sirios en hospitales y en los centros de registro.

Posteriormente Rawan solicitó plaza en la Universidad Selcuk de Konya. Sus amigos todavía dudaban de que fuera a lograrlo. Su padre, un ingeniero electrónico que había tenido su propio negocio en Siria, pero que ahora trabajaba en una fábrica, no creía que fuese a entrar en la universidad. Aun así, lo consiguió.

Mi padre estaba tan feliz”, dice. “Ese día fue a trabajar y estuvo presumiendo de mí contándole a todo el mundo ¡mi hija va a estudiar ingeniería química!’”.

Un informe publicado el mes pasado por ACNUR ponía de relieve la crisis en la educación de los refugiados, señalando que más de la mitad de los seis millones de menores en edad escolar y bajo el mandato de ACNUR, no tienen colegios a los que ir.

Ya han pasado tres años desde que los matones armados golpearan a Rawan. Ahora tiene 19 años. Es una de los 6.598 jóvenes sirios que en 2016 solicitaron una beca a la Iniciativa Alemana para Refugiados Albert Einstein (DAFI), un programa financiado por Alemania y gestionado por ACNUR. Rawan ya ha hecho la entrevista, pero la competencia es dura.

En 2015, se recibieron 5.800 candidaturas de estudiantes sirios. La beca cubre la matrícula e incluye una ayuda mensual. Debido a las enormes necesidades y al gran interés mostrado por los refugiados sirios para acceder a los programas de educación superior en Turquía, el programa DAFI ha proporcionado 820 becas este año en Turquía. Rawan no tiene miedo del camino que le queda por recorrer.

Tenía muchas ganas de conseguirlo”, dice. “Me propuse hacerlo”.

Por Donatella Lorch.


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