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Noticias Notas de Prensa El peligroso y tortuoso viaje de una madre soltera refugiada

El peligroso y tortuoso viaje de una madre soltera refugiada Imprimir

Los hijos de Elena conviven con otros niños y niñas centroamericanos en un albergue para solicitantes de la condición de refugiado en Chiapas, en la frontera sur de México, donde residen mientras esperan una respuesta de las autoridades mexicanas a su petición de asilo.
Los hijos de Elena conviven con otros niños y niñas centroamericanos en un albergue para solicitantes de la condición de refugiado en Chiapas, en la frontera sur de México, donde residen mientras esperan una respuesta de las autoridades mexicanas a su petición de asilo.

TAPACHULA, México, 14 de junio de 2016 (ACNUR/UNHCR) - El éxodo de Elena* (46 años), madre soltera, y sus tres hijos comenzó del mismo modo que el de miles de familias salvadoreñas que han sido forzadas a dejar sus hogares después de vivir durante años en un entorno de violencia causado por actores criminales.

La historia de terror de la familia de Elena comenzó cuando las pandillas de la zona trataron de reclutar a Rafael, el hijo mayor de Elena, de 16 años. Para protegerlo, ella lo envió a vivir con un pariente en una ciudad cercana. Entonces las pandillas decidieron golpear a Elena y amenazarla con violar a su hija de 14 años, Adriana*, así como reclutar forzosamente a su hijo Gabriel* de sólo 11 años. Elena, atemorizada, informó a la policía sobre las agresiones y amenazas pero ella sabía que desafiar a las pandillas significaba una sentencia de muerte.

Así que la familia al completo tuvo que abandonar su hogar. La huida fue tan súbita que la mujer, cabeza de familia, no pudo llevar a su hijo mayor con ellos. El destino de su viaje no estaba decidido. Su primera idea fue trasladarse a la vecina Guatemala. Pero cruzar la frontera no iba a ser fácil. Aunque los salvadoreños pueden transitar libremente dentro de América Central, cuando se viaja con menores de edad es necesario aportar el permiso de ambos padres para poder utilizar los puntos de entrada regulares. Elena había criado a sus hijos sola por lo que no podía contactar con el padre de sus hijos. Así que ella y sus tres niños más pequeños dejaron El Salvador a las 3 de la mañana. Un conductor de remolques los introdujo de contrabando en Guatemala.

Los peligros en el camino se incrementaron debido a que utilizaban rutas irregulares. En Guatemala les robaron todo el dinero con el que contaban: $200 dólares. “Mis hijos empezaron a llorar. Ellos estaban muy asustados y tenían hambre. Yo también quería llorar pero tuve que ser valiente y mostrarme segura ante ellos, mostrarles que todo estaría bien”, recuerda Elena.

No se sentían seguros en Guatemala así que decidieron continuar hacía el norte. Se las arreglaron para entrar a México sin que las autoridades migratorias los detuvieran. “No podíamos contener nuestras lágrimas. Habíamos logrado llegar a México pero no teníamos idea de a dónde ir o qué hacer”, menciona Elena. “En ese momento no sabíamos que podíamos tener protección en México como refugiados”.

En Ciudad Hidalgo, un poblado en la frontera sur de México, una familia mexicana les hospedó. Elena en retribución, preparaba la comida y ayudaba a hacer la limpieza. Luego un conocido de esa familia aconsejó a Elena acercarse al consulado salvadoreño en Tapachula. Allí los canalizaron hacia diferentes entidades que trabajan por los derechos humanos en México, donde les informaron sobre la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y solicitaron la condición de refugiado.

Parecía que el peligroso viaje finalmente tendría un final feliz. Desafortunadamente, los obstáculos aún estaban por venir. Elena y sus hijos conocieron a un hombre hondureño que se ofreció a ayudar a la familia. Sin embargo, sus buenas intenciones resultaron falsas y sometió a toda la familia a la trata, forzándoles a pedir dinero en las calles.

Una noche, cuando él estaba drogado, Elena y sus hijos vieron la oportunidad de escapar y buscar ayuda. Una familia vecina los alojó en su casa. La mujer presentó cargos ante la Fiscalía Especializada en Delitos Cometidos en Contra de Inmigrantes.

Asimismo, ACNUR encontró un lugar seguro para toda la familia mientras que su solicitud de asilo era estudiada por la COMAR. Después de un par de meses, la familia fue reconocida como refugiada tras haber sido trasladados a diferentes albergues en México. Actualmente, una organización aliada de ACNUR asiste a Elena en su lucha por dejar su pasado atrás y empezar de nuevo, buscando que pueda encontrar empleo en el país. “Quiero traer a Rafael, mi hijo mayor. Él no está seguro en El Salvador”.

Hoy en día el nivel de homicidios en El Salvador es más alto que durante la guerra civil del país. La violencia y la persecución continúan provocando el desplazamiento de un número cada vez mayor de niños no acompañados y de familias con niños, como la de Elena. Solamente en México el número de solicitantes de asilo provenientes de El Salvador y Honduras se incrementó en un 77% en 2015.

Mientras el desplazamiento forzado continúe, México al igual que otros países de la región continuará siendo el lugar donde familias como la de Elena puedan reiniciar sus vidas.

*Los nombres fueron cambiados por razones de seguridad.

Por Mariana Echandi, en Tapachula, Chiapas, México.


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