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Noticias Notas de Prensa La crisis afecta a las escuelas de los campos de refugiados en el Kurdistán iraquí

La crisis afecta a las escuelas de los campos de refugiados en el Kurdistán iraquí Imprimir

KAWEGORSK, Región del Kurdistán de Irak, 8 de abril de 2016 (ACNUR/UNHCR) – El aula es espartana. Hay muchos alumnos y los profesores no han cobrado en meses, pero el director Mohammed Zekkhi se niega a resignarse.

© ACNUR/UNHCR/C.Coves. Niños de camino al colegio en el campo de refugiados de Kawergosk, en el distrito de Erbil, en la región del Kurdistán iraquí (KR-I).
© ACNUR/UNHCR/C.Coves. Niños de camino al colegio en el campo de refugiados de Kawergosk, en el distrito de Erbil, en la región del Kurdistán iraquí (KR-I).
Estos niños son nuestro futuro, no podemos abandonarles”, declara Zekkhi en la escuela primaria del campo de refugiados de Kawergosk, en la región del Kurdistán de Irak o KR-I, que cuenta con 1.700 alumnos.

Desde 2012, esta región del tamaño de Suiza y única región autónoma de Irak, ha acogido a un cuarto de millón de refugiados sirios y a más un millón de desplazados internos iraquíes.

Una década de crecimiento económico llegó a su fin hace dos años cuando Bagdad cortó la financiación a los kurdos después de que estos construyeran su propio oleoducto hasta Turquía y comenzaran a exportar petróleo de manera independiente. Con el colapso del precio del crudo, KR-I está ahora en recesión económica.

En los últimos meses, las autoridades han recortado los salarios de los funcionarios públicos. Esta situación ha afectado especialmente a las escuelas, como en la que Zekkhi y el resto de profesorado enseñan. Desde septiembre no han cobrado su salario público.

Los profesores, muchos de ellos son refugiados sirios, tienen que tomar la difícil decisión de continuar trabajando sin cobrar en las 72 escuelas de los nueve campos de refugiados, así como en decenas de asentamientos informales en la región, poniendo a sus familias en una situación de riesgo económico, o bien dejar el trabajo y poner en peligro la educación de sus estudiantes.

Al no poder seguir trabajando sin cobrar, alrededor del 15% de los profesores de primaria ya se han marchado. En otros campos, al menos un tercio de los profesores han tenido que irse de los asentamientos, mientras que el resto trabaja menos días a la semana, pero Zekkhi sigue firmemente decidido a continuar su labor.

Afirma que continuará, le paguen o no, aunque admite que la crisis está causando estragos. “Nos sentimos como trozos de madera a la deriva, dejándonos llevar por las olas. Hemos perdido el control de nuestra situación”.

ACNUR, la Agencia para los refugiados de la ONU, está especialmente preocupada por la situación, y reconoce la importancia de la educación formal en las vidas de los jóvenes que han tenido que huir de sus hogares a causa de la guerra. Alrededor de 2,8 millones de estos menores se han visto obligados a huir del conflicto en Siria.

Jozef Merkx, el coordinador de ACNUR en la región autónoma, afirmó que garantizar que los niños estén matriculados en programas de educación formal es vital para evitar que recurran a mecanismos negativos para hacer frente a su situación, como el matrimonio precoz o el trabajo infantil. “Estos niños han perdido su infancia a causa del desplazamiento”, declaró. “Debemos asegurarnos de que no pierdan también el resto de su vida por la falta de educación”.

© ACNUR/ UNHCR/M.Prendergast. Zain (en el centro), desplazado interno iraquí de ocho años, y sus dos mejores amigos, Diar y Rahman, ambos refugiados sirios, se divierten en el patio del colegio del campo de refugiados de Kawergosk.
© ACNUR/ UNHCR/M.Prendergast. Zain (en el centro), desplazado interno iraquí de ocho años, y sus dos mejores amigos, Diar y Rahman, ambos refugiados sirios, se divierten en el patio del colegio del campo de refugiados de Kawergosk.
Debido al descenso del número de profesores, se ha aumentado el tamaño de los grupos de alumnos y las clases se han condensado para que duren menos tiempo. La semana lectiva también se ha visto alterada: hay días en que los niños pasan más tiempo en el colegio, mientras que otros no tienen ninguna clase. Todos estos factores han provocado un descenso en la escolarización y un aumento de las tasas de abandono escolar entre los niños refugiados.

A pesar de las dificultades, hay un rayo de esperanza. Aunque la crisis económica ha provocado que la población local, los refugiados sirios y los desplazados iraquíes compitan por empleos cada vez más escasos, por su parte, la mayor preocupación para los niños en el colegio es hacer amigos.

Entre los alumnos hay 30 niños desplazados iraquíes cuyos padres viven en el pueblo cercano de Kawergosk. Zain y Rawnaq, de unos 8 años, desplazados de Samarra en el centro de Irak, charlan en el patio y afirman que antes de apuntarse al colegio en septiembre, no habían conocido a ningún sirio, pero que ahora sus mejores amigos son todos sirios. En lo único que no se ponen de acuerdo Zain y sus nuevos amigos es sobre cuál es el mejor equipo de fútbol, si el Barcelona o el Real Madrid.

Rawnaq y su mejor amiga Rajah, de Siria, no tienen esos problemas: “el fútbol es una estupidez”, dicen. Aunque al principio les daba miedo ir a la escuela, se han adaptado muy rápido. Tal y como nos lo explica Zain: “los niños sirios son como nosotros”. Todo el mundo debería aprender de la sabiduría de este niño de ocho años.

Por Michael Prendergast en Irak


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