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Noticias Notas de Prensa Alemania: Los retos del fin del camino

Alemania: Los retos del fin del camino Imprimir

© ACNUR/UNHCR/ G.Welters Gisia, en Alemania desde hace cinco meses, hace fila delante de LaGeSo para renovar sus documentos.
© ACNUR/UNHCR/ G.Welters Gisia, en Alemania desde hace cinco meses, hace fila delante de LaGeSo para renovar sus documentos.

BERLÍN, Alemania, 20 de octubre de 2015 (ACNUR/UNHCR) - Selwa suspira profundamente, sentada sobre un colchón en compañía de Renham, su dinámica hija de siete años que está llena de energía. En Siria era agricultora, pero tuvo que abandonar su preciada tierra, su ganado, sus árboles frutales y a dos hijos mayores, para emprender la peligrosa travesía desde los suburbios de Ghouta, en las afueras de Damasco, la capital siria, hacia Alemania.

Selwa y su familia han encontrado un lugar en el que poder descansar en un nuevo e improvisado centro de acogida para refugiados situado en el histórico complejo del Centro Internacional de Congresos de Berlín, conocido por sus ferias comerciales y eventos deportivos. El ingenio ha compensado el déficit de alojamientos en Alemania, y las autoridades aseguran que hasta 1.000 refugiados podrán alojarse en el complejo en las próximas semanas.

La zona se encuentra tranquila a mediodía, ya que a esta horas, la mayor parte de los refugiados están en la Oficina Regional de Sanidad y Asuntos Sociales de Berlín (LAGeSo). Algunos empleados y voluntarios descargan literas, construyen paredes divisorias y supervisan el almuerzo. Están aún a la espera de la instalación de unas duchas.

Un ataque con gases químicos en Ghouta hace algo más de dos años mató a doce de sus familiares, lo que obligo a Selwa a huir, primero a otro barrio, y después a Europa. “Muchas familias fallecieron en el ataque”, comentó con tristeza. “Se fueron a dormir y nunca despertaron”.

En el centro de Berlín, historias aterradoras como la de Selwa son comunes a lo largo de la larga fila de personas reunidas ante la entrada de LaGeSo. Centenares de personas y familias provenientes de Siria, Irak, y Afganistán aguardan aquí, a menudo quedándose también durante toda la noche, a fin de no perder su puesto en la fila para registrarse como solicitantes de asilo.

En un cercano restaurante turco, barato y abarrotado de gente, un hombre de mediana edad llamado Bassam está a punto de romper a llorar. Ha dejado atrás a su familia, en Siria, con la intención de traerlos a Alemania una vez haya encontrado vivienda y trabajo. Tras veinte días durmiendo fuera del centro, se le ha agotado todo el dinero y no ha conseguido aún registrarse.

El número de solicitantes de asilo que llegan a Berlín se ha duplicado desde 2012 y se ha disparado este año, según la portavoz de LaGeSo, Silvia Kostner. El personal de LaGeSo está trabajando al máximo de su capacidad, tramitando hasta 400 casos por día. Registran a las personas, les encuentran un lugar para dormir, y reparten tarjetas de asistencia sanitaria y abonos de transporte público. Después de esto, los solicitantes de asilo se presentan ante la Oficina Federal de Migración y Refugiados (BAMF, por sus siglas en alemán) en el barrio de Spandau, en Berlín. En la actualidad esta oficina tiene unos 300.000 casos abiertos.

En medio de la multitud, voluntarios alemanes distribuyen comida caliente, agua y ropa de abrigo, o bien hablan con la gente y les dan consejos. El país se prepara para recibir a cientos de miles de nuevos solicitantes de asilo este año. “La disposición de Alemania para ayudar es realmente asombrosa”, comentó Roland Bank, de la oficina de ACNUR en Berlín. “Estos voluntarios quieren ayudar, donan su tiempo libre y brindan su apoyo y empatía”.

En un parque colindante al edificio de LaGeSo, una familia iraquí originaria de la provincia de Saladino se tumba sobre la hierba junto a sus maletas y su tienda de campaña y conversa con una familia de Bagdad. Se respira un aire optimista, a pesar de llevar nueve días esperando una cita para poder presentar su solicitud de asilo.

Huyeron después de que militantes atacaran su ciudad natal al norte de Bagdad. “No llegamos a despedirnos de nadie”, explica Sara, con su marido enfermo Walid y su hijo Qatada, sentados junto a ella. “Porque si alguien se entera de que tienes la intención de irte a Europa, pueden tratar de matarte para quitarte el dinero”.

La familia sobrevivió al extenuante periplo hasta Grecia y continuó su viaje por vía terrestre hasta llegar a Austria. Pero su suerte cambió para peor cuando tomaron el tren incorrecto en Viena y acabaron pasando más de dos meses en una cárcel eslovaca.

Es genial estar en Alemania”, exclamó Sara mientras estiraba los brazos en una cálida tarde. Walid y Qatada le sonríen. “Nos sentimos libres”.


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