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Refugiados sirios luchan por reunirse con sus familias en Malta Imprimir

© ACNUR/ A.Penso.- Ali y Mohammad (ambos de 23 años), provenientes de Palmira, miran sus teléfonos, su única conexión con sus familias, que permanecen en su país
© ACNUR/ A.Penso.- Ali y Mohammad (ambos de 23 años), provenientes de Palmira, miran sus teléfonos, su única conexión con sus familias, que permanecen en su país
CATANIA, Italia, 7 de septiembre de 2015 (ACNUR/UNHCR) - Para Ali y Mohammad* (ambos de 23 años), la parte más dura de su viaje debería haber acabado una vez que escaparon de la crueldad y la violencia en la antigua y asediada ciudad siria de Palmira. Sin embargo, y tras la peligrosa travesía por el Mediterráneo, todavía les queda un largo camino hasta encontrar refugio y trabajo en Malta.

Antes de tomar la dolorosa decisión de abandonar su país, Mohammad perdió su hogar y a su hermano de 15 años por la explosión de una bomba. También dejo atrás a tres hermanas casadas que no podían permitirse abandonar Siria.

“Tan solo quiero ayudar a mi familia”, explica Mohammad mirando el móvil de Ali mientras éste pasa imágenes de los famosos edificios grecorromanos de Palmira, reducidos a escombros por los grupos militantes.

A Ali también le preocupa su familia, atrapada en Palmira. Sus hermanos mayores, de 27 y 26 años respectivamente, están detenidos. Mohammad y Ali vivían con el miedo constante a un bando y a otro en este complicado conflicto, ya que intentaban enlistarlos o acusarlos de servir al enemigo.

El tío de Ali es un rayo de esperanza, ya que ha ofrecido a ambos chicos, amigos desde la infancia, una casa y un trabajo en su taller de pintura para coches en Malta. Los chicos habían conseguido juntar entre los dos los 3.000 dólares necesarios para el viaje vendiendo el coche familiar de Mohammad y pidiendo prestado dinero a familiares.

Sentado en un amplio almacén anexo a la mezquita de Catania, en Sicilia (su última parada antes de Malta), Ali dice: “Mi tío lleva en Malta 25 años y por eso vamos allí. No queda nada de mi ciudad”.

Al no quedarles otra opción que intentar entrar en Malta de manera irregular, la pareja salió de Palmira y se dirigió a Turquía. En su primer intento de cruzar el mar Egeo hacia Grecia, su bote comenzó a hundirse y la guardia costera los llevó de vuelta a la costa turca.

En su segundo intento, Ali y Mohammad se encontraron de nuevo en un barco que se hundía, pero esta vez fueron rescatados por las autoridades griegas, que los llevaron a la Isla de Lesbos.

Tras dos días en la isla cogieron un ferri con destino a Atenas. Desde allí, se unieron a los miles de refugiados que cruzan Europa a través de los Balcanes. Los dos cogieron un autobús hasta Macedonia y un tren hasta Serbia antes de caminar a través del bosque por la noche para llegar a Hungría. Luego contrataron los servicios de un traficante para llegar a Viena, donde cogieron un tren hasta Milán, otro a Roma y, finalmente, un tren a Catania.

Fue allí donde el imán de la mezquita de Catania descubrió a ambos jóvenes acurrucados en la calle durante una tormenta, sin nada más que la ropa a sus espaldas. Aunque la mezquita acoge a menudo a familias de refugiados, desplegando colchones en el suelo de baldosas blancas del almacén para que duerman sobre ellos, no suelen acoger a hombres jóvenes. No obstante, hizo una excepción con Ali y Mohammad, teniendo en cuenta su extraordinario viaje a través de Europa.

En una bochornosa tarde de verano, Ali y Mohammad aún tienen miedo de abandonar el santuario. Saben que, si la policía de Catania los encuentra y les toma las huellas, tendrán que pedir asilo en Italia. Su sueño de reunirse con el tío de Ali estaría en peligro.

“Esperamos que todo esto merezca la pena. Llegaremos a Malta por nuestras familias. Estamos haciendo esto por ellas”, asevera Ali.

*Los nombres han sido cambiados por motivos de protección.

Por Alice Philipson, Italia.



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