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Noticias Notas de Prensa La lucha por sobrevivir en los “barcos de la muerte” procedentes de Libia

La lucha por sobrevivir en los “barcos de la muerte” procedentes de Libia Imprimir

© ACNUR/ A.Penso.- Hsna, de 45 años, acuna a su hijo Abdu, de 2 años, mientras esperan el autobús que los conducirá a un centro de acogida.
© ACNUR/ A.Penso.- Hsna, de 45 años, acuna a su hijo Abdu, de 2 años, mientras esperan el autobús que los conducirá a un centro de acogida.
PALERMO, Italia, 28 de agosto de 2015 (ACNUR/UNHCR) - Abdel acercó su cara hacia las rendijas entre las tablas de madera del barco, tratando de respirar. Junto a él, entre 200 y 300 inmigrantes y refugiados que partieron de Zuwarah (Libia) a primera hora de la mañana del martes en una desvencijada embarcación de madera, quienes se asfixiaban en la oscuridad de la bodega.

“No queríamos bajar, pero nos golpearon con palos para obligarnos a hacerlo” cuenta Abdel, de 25 años, procedente del Sudán. “Nos faltaba el aire, por lo que intentamos sacar la cabeza por la escotilla y respirar a través las rendijas del techo. Pero los otros pasajeros, que temían que la embarcación volcara, nos empujaron de nuevo hacia abajo y también nos golpeaban”.

“Algunos nos pisotearon las manos”.

Un total de 52 personas procedentes de Bangladesh, Pakistán y Sudán perecieron a bordo de la embarcación. Un hombre sudanés fue apuñalado hasta la muerte cuando trataba de salir de la bodega para pedir agua. Los otros murieron por asfixia.

Los cuerpos de los fallecidos, junto a los supervivientes de la tragedia, fueron conducidos al puerto de Palermo la noche del jueves. Poseidón, un buque de la guardia costera sueca, atracó en la capital de Sicilia alrededor de las 20.15 horas, llevando a bordo a 572 refugiados y migrantes rescatados el día anterior de varias embarcaciones en aguas del Mediterráneo. Unas 100 personas que habían partido de Trípoli fueron halladas en un bote neumático y otras 460 en la embarcación de madera.

Algunos refugiados habían pagado miles de euros o de dólares para conseguir billetes para viajar en la cubierta superior de esta embarcación de madera de dos pisos. Muchos esperaban poder viajar con una comodidad relativa, pero se quedaron impactados al comprobar las condiciones del barco.

“Cuando vi el barco quise volverme atrás”, dice Hsna, una mujer de 45 años, que subió a bordo con su esposo, sus tres hijas y su bebé. “No era más que un barco de pesca y nos jugábamos la vida viajando en él. Era un barco de la muerte”.

Los pasajeros fueron transportados en botes neumáticos en grupos de 20 desde la costa al barco de pesca. Una vez subieron a bordo de los botes, ya no les permitieron regresar.

Amina, de 18 años, procedente de Damasco, dice que temía por su seguridad al ser una mujer joven y viajar sin su esposo. “Al ser tan joven era muy peligroso”, dice. “Y, además, no teníamos comida ni agua”. Amina, que salió de Libia con su suegro, su cuñada y la hija de dos meses de su cuñada, describe los tres días que pasaron en el mar como una travesía “muy difícil”.

Mahdi, un cirujano ortopédico de Irak, pagó 3.000 euros para que su esposa Hend y Mahmed, su hijo de 2 años, pudieran viajar en la cubierta superior. La familia explica que no tuvieron más remedio que huir de Irak al haberse negado Mahdi a atender a los militantes.

“Tuve que sacar de allí a mi familia”, dice Mahdi. “Vi lo que hacían a todo aquel que no les obedeciera”.

Ahora los inmigrantes y refugiados serán conducidos a centros de acogida en la península italiana. Dieciséis sirios, incluidas tres familias, se quedarán en Palermo.

Al menos 15 personas han sido detenidas como sospechosas de trata de personas.

Por Alice Philipson, en Sicilia, Italia.


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