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Un informe de ACNUR muestra un fuerte aumento de las travesías marítimas en el Golfo de Bengala Imprimir

 © ACNUR / S. Alam. Barcos de pesca varados en la costa en Teknaf, Bangladesh. Estas embarcaciones a menudo son utilizaas para transportar a los pasajeros a buques más grandes en el Golfo de Bengala con destino a Tailandia o Malasia.
© ACNUR / S. Alam. Barcos de pesca varados en la costa en Teknaf, Bangladesh. Estas embarcaciones a menudo son utilizaas para transportar a los pasajeros a buques más grandes en el Golfo de Bengala con destino a Tailandia o Malasia.
GINEBRA, Suiza, 8 de mayo de 2015 (ACNUR/UNHCR) – Esta semana, la oficina de ACNUR en Tailandia tuvo conocimiento a través de las autoridades y de los medios de comunicación del hallazgo de más de 30 cuerpos en fosas situadas en campamentos de traficantes de personas en la provincia sureña de Songkhla, cerca de la frontera con Malasia. Los cuerpos pertenecerían a personas originarias de Myamar y Bangladesh, que probablemente murieron a causa de enfermedades y abusos. Algunos de ellos podrían haber sido también posibles personas en necesidad de protección internacional.
La Agencia de la ONU para los Refugiados valora positivamente que la policía tailandesa esté llevando a cabo una investigación y espera que los culpables sean identificados y llevados ante la justicia. Sin embargo, ACNUR está consternado por estas muertes. Las actividades de las redes de tráfico de personas que operan desde el área del Golfo de Bengala hasta Tailandia y Malasia resultan un negocio cada vez más lucrativo para los traficantes y al mismo tiempo se vuelven más peligroso para su mercancía humana.
A pesar de los riesgos, el número de personas que recurre a estas rutas y medios va en aumento. Un informe periódico de ACNUR publicado hoy calcula que más de 25.000 rohingyas y bangladesíes se han embarcado en barcos de traficantes entre enero y marzo de este año, casi el doble que en el mismo periodo en 2014. Estos datos se extraen del último informe de ACNUR sobre ‘Movimientos Marítimos Irregulares en el Sudeste de Asia’, en el que la Agencia destaca sus preocupaciones y peticiones de acción urgente a los gobiernos desde agosto del pasado año.
El personal de ACNUR ha hablado con varios centenares de supervivientes de estos viajes durante el periodo que abarca el informe. Sus relatos señalan un cambio en la manera en que los traficantes reclutan a los pasajeros de las embarcaciones. Los precios iniciales son a menudo bajos y en algunos casos incluso se les ofrece la travesía gratis con la condición de que paguen la deuda con sus ingresos futuros una vez en Malasia.
Les ofrecen falsas promesas de trabajo e incluso pequeños incentivos de dinero en efectivo. A aquellos que cambian de idea y piden abandonar los barcos se les obliga a quedarse. Hemos oído historias de niños raptados en la calle o mientras pescaban y forzados a subirse a estos barcos. Las personas no son consciente de que posteriormente serán extorsionados durante el viaje y de que lo que empezó como tráfico irregular de personas pronto se convierte en trata de seres humanos.
En base a los testimonios de los supervivientes, estimamos que unas 300 personas han muerto en el mar en el primer trimestre de 2015 como consecuencia del hambre, la deshidratación y los abusos a los que son sometidas por la tripulación de estos barcos. Un superviviente que pasó 62 días en este tipo de condiciones comparó el barco con un cementerio y dijo que llegó a perder la esperanza de llegar vivo a la tierra firme.
La ruta más utilizada desembarca a los pasajeros en la zona de Ranong, en el sur de Tailandia, y después continúa por tierra durante un día hasta los campamentos de los traficantes, situados en la frontera con Malasia.
Las condiciones en los campamentos de los traficantes de personas son horribles. Allí las personas son retenidas y sufren abusos hasta que sus familiares pagan por su liberación. Más de la mitad de los supervivientes entrevistados por ACNUR desde octubre han declarado que han visto morir a otras personas mientras estuvieron retenidos en el campamento de los traficantes. Las palizas son frecuentes y también hay denuncias de violaciones. Aquellos que intentan escapar se arriesgan a ser disparados.
ACNUR entiende que desde octubre del año pasado algunos traficantes de personas han abandonado los campamentos en tierra en Tailandia y ahora retienen a los pasajeros en el mar hasta que les sea pagado el rescate. Una vez que se satisface el pago, se embarca a las personas en barcas de pesca o en lanchas rápidas con rumbo directo a Malasia. Según la ONG The Arakan Project, en la actualidad varios miles de personas podrían estar retenidas – y decenas podrían haber muerto – en estos “campamentos en alta mar”.
Aquellos que finalmente consiguen llegar a Malasia se encuentran en estado de salud precario. Durante los tres primeros meses de este año, ACNUR Malasia ha sido testigo de 61 llegadas de personas de la etnia rohingya con síntomas de padecer beriberi, enfermedad provocada por la falta de vitamina B. Aquellos que han podido ganar algo de dinero en la economía sumergida han tenido que pagar sus deudas a la gente que pagó por su rescate, a menudo con altas tasas de interés.
A las personas que son rescatadas de los campamentos de los traficantes en Tailandia, ACNUR les ayuda ofreciéndoles ropa, mantas, productos de higiene personal y otro tipo de asistencia. Los equipos de ACNUR también llevan a cabo entrevistas y prestan atención psicológica, así como ayudan a reunificar a las familias que han sido separadas durante el viaje. Desde la Agencia de la ONU para los Refugiados también se identifican posibilidades de reasentamiento en terceros países para los más vulnerables.
En Malasia, ACNUR lleva a cabo un monitoreo de la protección en las comunidades rohingya e interviene para liberar a aquellos que han sido detenidos por entrar irregularmente en el país. La oficina de ACNUR también apoya a las comunidades de refugiados en la implementación de actividades de generación de ingresos, desarrollo comunitario, así como proyectos educativos y de preparación laboral.
Teniendo en cuenta el incremento y la gravedad de los éxodos en barco, ACNUR hace un llamamiento a los países de la región para que colaboren más estrechamente para hacer frente al tráfico y la trata de personas vulnerables.
Respecto a los esfuerzos tan necesarios para acabar con este tráfico ilícito, la legislación internacional establece una importante distinción entre los traficantes y los tratantes de personas que llevan a cabo las actividades ilegales, por un lado, y las víctimas del tráfico y la trata de personas, por otro. En primer lugar, las medidas represivas deben ir acompañadas también de esfuerzos para reducir la necesidad de los inmigrantes y refugiados de recurrir a traficantes de seres humanos. Estos esfuerzos incluyen abordar las causas de fondo que empujan a las personas a recurrir a estos peligrosos viajes y aportar alternativas seguras para que puedan acceder al asilo y la protección internacional.
En el estado de Rakhine en Myamar, de donde provienen muchas de las víctimas del tráfico de personas, ACNUR está dispuesto a apoyar, como lleva abogando desde hace tiempo, los esfuerzos conjuntos para estabilizar la situación mediante la reconciliación, el ejercicio de los derechos de todos, la igualdad socio-económica y la resolución de las cuestione relativas a la nacionalidad.


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