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Noticias Notas de Prensa Una madre congoleña refugiada elogia las maravillas de su nueva e innovadora cocina

Una madre congoleña refugiada elogia las maravillas de su nueva e innovadora cocina Imprimir

© ACNUR/ L.Beck. Sarah observa a su esposo, Ndimubanzi, mientras él usa paja del techo de su casa para preparar el fuego para su cocina a leña Save80. Antes de recibir la cocina, la familia tenía que utilizar grandes ramas para poder producir la energía necesaria para cocinar alimentos.
© ACNUR/ L.Beck. Sarah observa a su esposo, Ndimubanzi, mientras él usa paja del techo de su casa para preparar el fuego para su cocina a leña Save80. Antes de recibir la cocina, la familia tenía que utilizar grandes ramas para poder producir la energía necesaria para cocinar alimentos.
NAKIVALE, Uganda, 19 de marzo de 2015 (ACNUR/UNHCR) – Escuchar a Sarah Barasebwa hablar sobre el bien más preciado que posee su familia suena como algo casi milagroso: le deja tiempo libre para hacer otras tareas, la mantiene segura, ahorra leña, ha aumentado sus cultivos y le permite a su hijo ir a la escuela.

¿Qué cosa puede lograr todo eso? Su cocina a leña Save80, que ahorra energía, y el contenedor que la acompaña, tan adecuadamente llamado Wonderbox (Caja Maravilla). Sarah, madre de cuatro hijos, elogia con gran entusiasmo estos dos elementos que su familia recibió de ACNUR en este asentamiento de refugiados del suroeste de Uganda, hace más de dos años.

Es tanto el respeto que toda su familia tiene por esta cocina redonda de metal, que su esposo, Ndimubanzi Barasebwa, de 50 años de edad, construyó en su casa una base elevada, acolchada, para guardarla y evitar que se oxide. Gracias a este cuidado especial, la cocina aún funciona como si estuviera nueva, cuenta la familia.

El nombre Save80 significa que un usuario experimentado puede ahorrar un 80 por ciento de consumo de leña, en comparación con las cocinas tradicionales, compuestas defuegos de tres piedras a cielo abierto, la clase de fogata que Sarah estaba acostumbrada a utilizar en su nativa República Democrática del Congo (RDC).

Para cocinar una comida, los seis miembros de la familia tenían que buscar leña constantemente. A veces les llevaba un día entero, o incluso dos, juntar la leña necesaria.

Actualmente, la familia no sólo utiliza una cantidad drásticamente menor de leña, sino que también los alimentos se cocinan en mucho menor tiempo. “La cocina prepara los alimentos en 20 minutos, mientras que antes tardaba una hora”, dice Sarah. Ella está especialmente contenta de haber podido reducir el tiempo de cocción de los frijoles –un alimento esencial en su dieta– de tres horas a una.

Con ese tiempo adicional, Sarah dice que puede dedicarse más al jardín de la familia, cultivando maíz, frijoles y papas para alimentar a su familia, e incluso vender. Es un motivo de gran orgullo para ella el hecho de que, con esas ganancias, pueda comprar ropa para sus hijos y pagar el coste de la escuela secundaria para su hijo de 17 años, Baraka.

“Normalmente sé qué cosas quiero hacer durante un día, pero si tengo que estar todo el día cocinando, no puedo lograr todo lo planeado”, dice Sarah. “Esta cocina realmente me ha ayudado a hacer más tareas en un día”.

Lo que ella realmente ama es el contenedor térmico Wonderbox, que vino con su preciada cocina y mantiene calientes los alimentos cocinados durante horas. “Puedes preparar alimentos en unos pocos minutos y luego colocarlos en la caja Wonderbox, y puedes dedicarte a otra tarea”, dice Sarah maravillada. “Cuando regresas en unas horas encuentras tu comida lista y aún caliente, y puedes comerla”.

Esa es la manera perfecta de darle a su hijo mayor Baraka un desayuno nutritivo caliente cada mañana, antes de que él parta a su caminata de 90 minutos, camino a la única escuela secundaria que existe en el vasto asentamiento de refugiados. “Nuestros niños solían ir a la escuela por la mañana habiendo desaryunado comida fría, pero ahora comen alimentos calientes, porque los guardamos en la caja Wonderbox”, dice el esposo de Sarah, Ndimubanzi.

En Nakivale, como en muchos asentamientos de refugiados alrededor del mundo, la búsqueda de leña puede dañar el medio ambiente, crear tensiones entre los refugiados y las comunidades locales y exponer a las mujeres a peligros. Cuando la familia de Sarah llegó al asentamiento seis años atrás, había muchos árboles, pero con 60.000 refugiados viviendo actualmente en el lugar, desde hace tres años se están incorporando medidas para limitar la tala de árboles.

Gracias a la cocina Save80, Sarah dice que su familia busca leña sólo cuatro veces por semana, no tienen que alejarse tanto como antes y no necesitan troncos tan grandes. Simplemente juntan ramas pequeñas mientras hacen otras cosas.

“Antes teníamos que andar por todo el bosque para encontrar troncos grandes, pero ahora podemos juntar la leña mientras vamos a hacer otras tareas”, dice Sarah.

“El deterioro ambiental es un gran problema en todos nuestros asentamientos del suroeste de Uganda”, dice Andrew Mbogori, Jefe de la suboficina de ACNUR en Mbarara. “Los refugiados se benefician mucho de vivir en un asentamiento donde pueden cultivar su propia tierra, pero también es mucho más difícil regular cómo pueden utilizar los recursos. Debemos asegurarnos de respetar la generosidad del gobierno de Uganda”.

Sarah y su familia recibieron una de las tan sólo 1.000 cocinas Save80 distribuidas a familias refugiadas dos años atrás. A juzgar por el impacto que esta cocina ha tenido en su vida, Sarah no dudaría en recomendarla a sus vecinos, ya que la leña se torna cada vez más escasa.

Por Lucy Beck en Nakivale, Uganda.


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