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Noticias Notas de Prensa Coexistir en la RDC: rivales dan ejemplo de paz en una aldea de Katanga

Coexistir en la RDC: rivales dan ejemplo de paz en una aldea de Katanga Imprimir

© ACNUR/ B.Sokol. Un grupo de mujeres twa desplazadas, fotografiadas cerca de la ciudad de Ankoro, en la provincia de Katanga, en la República Democrática del Congo. Tras su huida, han perdido sus casas, sus campos y sus cosechas y ahora viven en refugios improvisados en varios asentamientos.
© ACNUR/ B.Sokol. Un grupo de mujeres twa desplazadas, fotografiadas cerca de la ciudad de Ankoro, en la provincia de Katanga, en la República Democrática del Congo. Tras su huida, han perdido sus casas, sus campos y sus cosechas y ahora viven en refugios improvisados en varios asentamientos.
MUKONDO, República Democrática del Congo, 15 de diciembre de 2014 (ACNUR/UNHCR) - Hace unos meses, una agria disputa sobre un adulterio desencadenó un conflicto en el corazón de África entre las etnias luba y twa, causando muchos muertos y obligando a miles de personas a huir para salvar la vida.

Pero en el asentamiento para desplazados internos de Mukondo, miembros de las dos comunidades enfrentadas conviven pacíficamente -un ejemplo para sus hermanos que luchan en la atormentada provincia de Katanga, en la República Democrática del Congo.

Vinimos aquí a causa de la guerra”, explicó recientemente Sango Shabani, de 33 años y miembro de la etnia twa, o pigmea, a observadores de ACNUR en Mukondo, que desde el pasado mes de marzo ofrece refugio a unos 1.300 desplazados. Huyeron de sus aldeas cuando empezaron los choques violentos entre miembros de la etnia luba (bantú) y los twa.

Un grupo numeroso de miembros de la etnia twa decidió encaminarse a Mukondo después de que el jefe de la aldea de 1.000 habitantes, y que pertenece a la etnia luba, ofreciera refugio a los desplazados miembros de ambas comunidades. “Huimos porque no queríamos luchar. Venimos sin flechas, sin nada. Acudimos al jefe, que nos recibió con los brazos abiertos. Primero vivimos con familias que nos acogieron en sus casas y después el jefe nos permitió construir [casas en un lugar cercano al poblado],” explica Shabani, un líder twa.

Ahora, unos nueve meses después de su llegada, el emplazamiento para desplazados internos está en paz y orden, con casas tradicionales hechas de barro dispuestas en pequeñas calles. Revestimientos de plástico facilitados por ACNUR protegen sus hogares de la lluvia. Las mujeres muelen mandioca y los niños juegan felices. La violencia parece muy lejana.

Pero la situación en el resto de la provincia continua siendo tensa. Shabani dice que el conflicto empezó en una aldea llamada Nsange. “Al principio fue un problema de adulterio. Un hombre de la etnia luba tuvo relaciones sexuales con una mujer casada de la etnia twa. El marido descubrió que estaba embarazada”, dice Shabani y añade que la mujer confesó haber mantenido relaciones sexuales con un hombre luba.

El conflicto que este hecho originó, así como los combates de los últimos meses entre fuerzas gubernamentales y grupos de las milicias secesionistas Mai Mai, han obligado a más de 70.000 personas a huir de sus hogares, elevando a más de 600.000 el número total de desplazados internos en Katanga.

Pero si bien es cierto que un caso de adulterio puede haber desencadenado la última oleada del conflicto, la ya larga tensión entre comunidades tiene unas raíces más profundas. La comunidad twa, que es minoritaria, siempre ha sido marginada, manipulada y tratada como inferior por otras comunidades, en particular por los luba, y esto ha alimentado el rencor. Además, no tienen una voz que represente sus intereses o manifieste sus preocupaciones ante el gobierno local.

En una apuesta por rebajar la tensión y restablecer una coexistencia pacífica, ACNUR y otras organizaciones defensoras de los derechos humanos que trabajan en la República Democrática del Congo llevan tiempo abogando por el reconocimiento y protección de los derechos de las poblaciones indígenas y de las minorías, sobre todo de la comunidad twa. El socio de ACNUR en este proyecto, Search for Common Ground, organiza actividades -que incluyen teatro participativo y sesiones de cine- para ayudar a la reconciliación entre las comunidades luba y twa.

Mukondo es un ejemplo de lo que se podría conseguir, y es una prueba del deseo de paz que tienen muchos miembros de las comunidades luba y twa. Pero otros campamentos para desplazados internos reflejan las profundas divisiones y antagonismo que aún existen.

El asentamiento de Kanteba, en el territorio de Manono, en Katanga, acoge a más de 2.000 desplazados. Aquí, los twa no son bienvenidos. Los desplazados en este emplazamiento dicen que muchas de las mujeres fueron violadas antes de huir de sus aldeas. Relatan que, en agosto, los twa al parecer secuestraron a 15 mujeres y las violaron diariamente durante unos dos meses.

"Desde que llegamos aquí, ninguna mujer ha sido violada. Pero allí [en nuestras aldeas], muchas mujeres fueron violadas por los pigmeos. Para nosotros, los luba, los pigmeos son nuestros grandes enemigos", añade Generose* en el campamento para desplazados de Kanteba.

En Kalama, los luba viven en la aldea y un grupo de twa desplazados viven cerca en unas condiciones muy duras, y algunos de ellos solo tienen unas cuantas hojas haciendo las funciones de techo sobre sus cabezas para protegerles de la lluvia. Otro grupo de twa huyó de Kasonsa y ahora lucha para tener acceso a alimentos y servicios básicos.

Las personas que viven en estos emplazamientos necesitan ayuda. ACNUR facilita refugio de emergencia en Kanteba, pero resulta difícil acceder a muchos de estos emplazamientos. Las condiciones de vida en Mukondo también son duras, con el centro de salud más cercano a más de 20 kilómetros de distancia y la fuente de agua más próxima a 10 km. de la aldea.

Pero hay un verdadero espíritu de solidaridad entre los luba y los twa que viven allí. Las personas como el líder twa Shabani intentan explicarlo diciendo que todos ellos comparten su aversión por el conflicto. Algunos trabajadores humanitarios dicen que se debe al éxito en la zona del trabajo de sensibilización sobre los derechos de las poblaciones autóctonas y sobre la necesidad de la convivencia pacífica.

Y, de momento, la gente se siente segura en Mukondo. “A nuestro poblado ha vuelto una cierta calma, pero las tensiones entre comunidades aún existen. Aquí somos bienvenidos y vivimos bien juntos”, concluye Shabani.

*Nombre ficticio por razones de seguridad.


Por Céline Schmitt, desde Mukondo, República Democrática del Congo.

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.


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