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Noticias Notas de Prensa La escasez de comida dispara el absentismo escolar en los campamentos de Sudán del Sur

La escasez de comida dispara el absentismo escolar en los campamentos de Sudán del Sur Imprimir

© ACNUR/ P.Rulashe. Un joven refugiado sudanés trepa por un árbol de betel, cerca del campamento de Gendrassa. Los niños están faltando a la escuela para ir en busca de hojas y bayas debido a la escasez de alimentos.
© ACNUR/ P.Rulashe. Un joven refugiado sudanés trepa por un árbol de betel, cerca del campamento de Gendrassa. Los niños están faltando a la escuela para ir en busca de hojas y bayas debido a la escasez de alimentos.
CAMPAMENTO DE REFUGIADOS DE GENDRASSA, Sudán del Sur, 11 de junio de 2014 (ACNUR/UNHCR) – Mohamed Jaffir, de trece años, es uno de los cientos de niños sudaneses obligados a recoger las hojas amargas y ramitas de los árboles de betel para cubrir las necesidades alimenticias de su familia en el campamento de refugiados de Gendrassa.

La región que rodea el campamento, situado en el condado de Maban, en Sudán del Sur, está poblada de árboles de betel, o datileras del desierto. Los muchachos se suben a lo alto de estos árboles y arrojan las ramas verdes al suelo, donde otros niños más pequeños se encargan de arrancar las hojas tiernas. Miles de ellos en los cuatro campamentos de refugiados del condado han faltado a la escuela para ir a buscar comida.

A pocos metros de Mohamed, encontramos a su madre haciendo cola para recibir una ración de sorgo, lentejas y aceite para cinco días. Los refugiados saben por experiencia que estas cantidades duran poco, de manera que las hojas silvestres, las raíces y las bayas son una manera de complementar las escasas raciones, especialmente cuando pasa mucho tiempo entre una entrega de alimentos y la siguiente.

El absentismo se ha convertido en un gran problema, ya que los niños sacrifican su educación para recoger hojas de betel y bayas, arrancar los brotes tiernos de los baobabs y excavar en la tierra en busca de raíces que las lluvias han ablandado. ACNUR ha recordado a los líderes de la comunidad la importancia de que los niños acudan a clase regularmente, pero no ha habido respuesta.

Mohamed nos contó que pasa las tardes recogiendo hojas. Su madre además le necesita para cuidar de sus cinco hermanos menores, que tienen entre dos y doce años, y para ayudar a servir la comida. “Estas no han sido masticadas por los camellos” nos explica  Mohamed, muy delgado, sosteniendo un puñado de ramitas en la mano, “mi madre las cocinará con el sorgo que recibamos hoy” añade tirándolas al suelo.

El árbol de betel predomina en la zona y sus hojas son comestibles aunque amargas. Algunos niños sufren dolor de estómago después de comerlas.

A Osman Difala, un anciano que vive en el campamento de Gendrassa, se le conoce por su lucha a favor de la importancia de la educación de los niños refugiados. Osman lamenta la situación actual: “Se trata de algo que a nosotros mismos no nos gusta ver, pero sin comida los niños no pueden seguir yendo a la escuela”. 

La caída de un niño de uno de estos árboles a una altura de entre 15 y 23 metros podría ser fatal. A Difala le atormenta que haya niños que mueran a causa de esto. Recientemente dos de ellos, de aproximadamente ocho años, murieron en los campamentos de Gendrassa y Kaya.  

Otros niños sufren lesiones al trepar a lo más alto de los retorcidos árboles para coger las hojas que se les pide. Difala añadió que algunos padres envían a sus hijos de vuelta a los hogares de donde huyeron, situados en el fértil estado vecino de Nilo Azul, en Sudán, para ayudar a cultivar parcelas familiares que sirven de redes de seguridad contra la escasez de comida en otros lugares.

Jockshan Foryoh, responsable de educación de ACNUR, aseguró que la escolarización se está viendo gravemente afectada debido a la escasez de alimentos en los cuatro campamentos de refugiados de Maban, los cuales albergan a unos 125.000 refugiados.

“Desde febrero de este año el número de alumnos matriculados ha descendido a unos 20.000 en comparación con los 30.000 del año pasado”, estima Foryoh. Durante más de un año, Foryoh ha dirigido las intervenciones de ACNUR en materia de educación, convirtiendo tiendas de campaña que servían de aulas en estructuras semipermanentes; proporcionando libros y demás material escolar; contratando y formando profesores; ofreciendo cursos de inglés y distribuyendo uniformes para casi todos los alumnos de las escuelas de los campamentos.

“La escasez de alimentos está impidiendo a los niños asistir a la escuela con regularidad. Esto obstaculiza nuestros esfuerzos por promover el desarrollo de los niños y formar sus habilidades, capacidades y resiliencia, desde la infancia pasando por la adolescencia hasta la edad adulta” lamenta Foryoh. “Si no conseguimos que los niños sigan yendo a la escuela, 2014 habrá sido un año perdido”.

Por Pumla Rulashe en el campamento de refugiados de Gendrassa, Sudán del Sur.


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