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Notas de Prensa
Huyendo del oeste de Mosul en barco en busca de refugio en un campamento de ACNUR Imprimir

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Haytham y su familia cruzaron el Tigris de noche en un pequeño bote de madera (© ACNUR/UNHCR/Ivor Prickett).

Las fmilias arriesgan us vidas para escapar del área controlada por los extremistas en la segunda mayor ciudad de Irak, mientras ACNUR se prepara para un nuevo éxodo ante la esperada ofensiva.

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Cuatro paredes que llamar hogar, donde los niños vuelven a jugar Imprimir

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Salem y Hassan, solicitantes de asilo, juegan en un apartamento facilitado por ACNUR a su familia en Vathí, Samos. Los dos niños, hijos de Mohamed Salem y Khadija de Alepo, compartían un edificio junto a otras ocho familias en el centro de Recepción e Identificación hasta que ACNUR pudo trasladarles a un apartamento (© ACNUR/UNCHR Roland Schonbauer).
Mohamed Salem y su familia, solicitantes de asilo sirios en la isla de Samos (Grecia), esperan a que las autoridades tramiten su caso en un apartamento facilitado por ACNUR, dada su condición de refugiados vulnerables.


VATHI, Samos (Grecia), 14 de Febrero de 2017 (ACNUR/UNCHR).- “La vida en el campamento era difícil” dice Mohamed Salem, de 26 años, zapatero de oficio en Alepo (Siria), mientras mira a su esposa Khadija. “Algunas personas gritaban y se vivían situaciones desagradables”, recuerda sobre sus primeros días en el masificado Centro de Recepción e Identificación de Vathí, en la isla griega de Samos, que acoge a 1.400 refugiados e inmigrantes, cuando su capacidad ronda los 700. “Éramos ocho familias en una habitación, hacía demasiado frío, incluso el agua estaba helada y a los niños les salían eczemas”.

Sus hijos, Salem, de 2 años y Hassan, de uno, necesitaban “huevos y vitaminas, no la comida normal”, añadió. “Por eso estoy agradecido de que nos trajerais a este apartamento, donde dormimos cómodos y calientes”, Mohamed relata con motivo de la visita de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, en un edificio bastantes de cuyos pisos están alquilados a refugiados e inmigrantes de categoría vulnerable. “¡Lo que nos ha llenado de alegría es que nuestros hijos han vuelto a jugar otra vez!”

Mohamed está entre los 70 solicitantes de asilo en Samos para los que ACNUR ha facilitado apartamentos temporales, en los que organizaciones aliadas como la ONG Praksis proveen de servicios a los vulnerables nuevos residentes. Junto al apoyo de ACNUR para incrementar los traslados oficiales de solicitantes de asilo a la Grecia continental, el alojamiento alternativo en las islas reduce la masificación de los centros para refugiados derivado de la lentitud de esta clase de procesos en las islas del Egeo.

En Lesbos, desde el pasado enero, alrededor de 500 hombres, mujeres y niños han podido abandonar centros como el de Moria; fueron alojados en hoteles para los que ACNUR obtuvo tarifas especiales. Otras 300 personas, incluyendo menores no acompañados, se encuentran ya en apartamentos. En Quíos, 240 personas de las que se encontraban en los centros se alojan ahora en edificios y hoteles.

Mohamed y su familia llegaron a Samos solamente hace tres meses, dejando atrás una bajo las bombas que caían en la zona centro de Alepo, ocupada por tropas y grupso armados diversos. “Durante cinco años largos, ha sido horrible”, suspira este hombre delgado y de ojos tristes, mirando al suelo. Si el infierno existe, el lugar que describe se acerca mucho. “Era imposible comprar pan. Ni los heridos no tenían atención médica..Si alguien perdía su brazo, nadie se hacía cargo”. En estas condiciones, Mohamed tuvo que sobrevivir haciendo de todo – aquellos días trabajando tranquilo en su tienda, sobre los zapatos de otras personas, quedaban muy atrás. No había ninguna salida. “No podíamos huir porque la ciudad estaba sitiada”.

“Era imposible comprar pan. Ni los heridos no tenían atención médica..Si alguien perdía su brazo, nadie se hacía cargo”

Finalmente, un día la familia pudo empacar unas pocas pertenencias, atravesar los escombros de que una vez había sido la económica y culturalmente vibrante metrópolis de Alepo, y marcharse en uno de los autobuses verdes habilitados por el gobierno sirio para ello. La familia llegó a la costa turca, pero no cruzaron a Europa en una de las precarias lanchas de goma destinadas a ello. “Subían a 50 personas en estas lanchas -nosotros no queríamos eso para nuestros hijos”, explica Mohamed. “Embarcamos en un bote motorizado que tardó 18 minutos hasta una pequeña isla en medio del mar”.

Tras escalar durante dos horas, alcanzaron la cima de la rocosa isla. “Si hubiera estado solo, no hubiera sido un problema, pero con la familia… en vez de andar, se arrastraban hacia arriba por la montaña”. Junto con su hermano, que había huido con ellos, llamaron por teléfono para pedir ayuda. Por la noche llegó un barco. “Tuvimos que arrastrarnos montaña abajo en la oscuridad –nos llevó más de dos horas. En total, estuvimos diez horas en la isla”. Cuando llegaron a la isla de Samos, se sintieron “alegres de que al final todo el mundo estuviera a salvo”, recuerda Mohamed.

La vida bajo las bombas dejó una pesada huella sobre la familia. “Me sentí terriblemente triste por mis hijos. Nuestra salud psicológica se ha deteriorado”, dice. “Durante los dos últimos meses, de repente me desmayaba y me caía”. Mohamed recibe ahora atención médica adecuada.

La familia apenas se ha asentado en el humilde apartamento en la ciudad de Vathi, pero Mohamed ya ha puesto la mirada en el futuro. Sueña con una buena educación para sus hijos. “¿Qué lengua debemos empezar a aprender?”.

 
Alto Comisionado advierte contra la politización del drama de los refugiados Imprimir

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En el tercer día de su visita a Siria, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, se reunió con personas desplazadas en Alepo y fue testigo de la destrucción. Aquí, junto a niños que participan en las actividades recreativas en Jibreen, donde 5.000 personas viven en refugios dentro de los almacenes del distrito industrial de la ciudad. (© ACNUR/UNHCR/ Diab Bassam)
Filippo Grandi insta a los países desarrollados a mostrar su generosidad a quienes huyen de conflictos para no socavar el principio de solidaridad.

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Los refugiados de Sudán del Sur superan 1,5 millones sin solución a la vista Imprimir

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GINEBRA, Suiza, 10 de febrero de 2017 (ACNUR/UNHCR).- ACNUR está muy preocupado por el ritmo actual de desplazamiento en Sudán del Sur donde, desde que estalló el conflicto en diciembre de 2013, más de 1,5 millones de personas se han visto obligadas a abandonar el país en busca de seguridad. Además, hay 2,1 millones de desplazados internos en el país.

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