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Noticias Historias con rostro Entrevista: Un médico alarmado por la tasa de muertes y desnutrición entre los refugiados somalíes

Entrevista: Un médico alarmado por la tasa de muertes y desnutrición entre los refugiados somalíes Imprimir

© ACNUR / G. Puertas. Jóvenes refugiados somalíes en un centro de nutrición en Dollo Ado, en el sur de Etiopía.
© ACNUR / G. Puertas. Jóvenes refugiados somalíes en un centro de nutrición en Dollo Ado, en el sur de Etiopía.
GINEBRA, Suiza, 21 de julio (ACNUR/UNHCR) – La hambruna, la sequía y el conflicto ya han obligado a más de 160.000 somalíes a huir y buscar ayuda en la región en lo que va del año. Muchos de ellos llegan a países vecinos como Yibuti, Etiopía y Kenia en un estado de salud alarmante: agotados, demacrados y con desnutrición severa. El doctor Paul Spiegel, que dirige la Sección de Salud Pública y VIH/SIDA de ACNUR, estuvo recientemente en la región de Dollo Ado, en Etiopía, cerca de la frontera con Somalia, para reunirse con los recién llegados. Habló con Cecile Pouilly, de la sección de ACNUR de Recaudación de Fondos en el sector privado y le contó lo que vio allí. Extractos de la entrevista:

¿Cómo fue tu reciente misión a la región del cuerno de África?

Fui al campo de Dollo Ado tras recibir informes sobre las altas tasas de desnutrición entre los refugiados. Ya habíamos enviado allí un equipo de emergencia compuesto por médicos, nutricionistas y expertos en agua y saneamiento. Yo quería conocer más a fondo la situación y ayudar al equipo a elaborar un plan de actuación para hacer frente a esta emergencia y negociar con el Gobierno etíope para hacer que las cosas avancen.

¿Qué viste allí?

En conjunto, es una situación muy complicada debido a la cantidad de gente que está llegando cada día. Todos nuestros campamentos están llenos y se están construyendo otros nuevos. De media, cada día llegan de 1.500 a 2.000 personas. Hemos abierto un nuevo campo llamado Kobe, pero no hemos tenido el tiempo necesario para prepararlo, así que no hay suficiente agua, ni letrinas, ni siquiera las  infraestructuras básicas necesarias. Todas las nuevas llegadas han sido derivadas allí, así que Kobe está prácticamente lleno.

¿Era la situación peor de lo que esperabas?

Aunque los datos con los que contaba de antemano ya apuntaban a que la situación era muy grave, lo que me encontré allí fue mucho peor de lo que me esperaba. Cuando lo ves en persona, hay una gran diferencia.

¿En qué estado de salud llegan estas personas?

Están llegando prácticamente sin nada, sólo la poca ropa que pueden llevar a sus espaldas y unos cuantos bidones. Llegaban después de recorrer un largo periplo, algunos después de haber tenido que caminar durante más de un mes, así que estaban en muy malas condiciones, exhaustos.

Desgraciadamente, como eran tantas personas las que llegaban a la vez, tanto el gobierno como ACNUR se veían desbordados para registrar a todo el mundo. Desde entonces, hemos aumentado nuestros recursos y el tiempo de espera se ha reducido. También nos hemos asegurado de que la gente, tanto en los centros de recepción como de tránsito, reciba ahora comida caliente.

En los campos, ¿cuáles son las personas más vulnerables a la desnutrición?

Sin duda los niños, como suele pasar en la mayoría de las crisis. Esto es particularmente evidente en los niños menores de cinco años que acaban de dejar de ser amamantados.

¿Cómo les ayudáis?

Hacemos un programa de nutrición terapéutica, lo que significa que distribuimos una especie de papilla que mezcla varios alimentos con vitaminas para los niños menores de cinco años. También se decidió seleccionar a las mujeres embarazadas y lactantes muy rápidamente para que reciban atención prenatal y post-parto, así como nutrición suplementaria.

Entre el 40 y el 50% de los niños refugiados somalíes que llegan a Etiopía y Kenia están gravemente desnutridos. ¿Puedes explicarnos qué implica la desnutrición severa o aguda?

La desnutrición aguda se da cuando los niños no tienen suficiente comida y/o enferman, generalmente debido a enfermedades contagiosas. Su cuerpo empieza a utilizar la grasa corporal y el músculo para hacerlas frente, es una reacción natural del organismo. Llegan muy delgados y como eso les consume toda su energía, también debilita su sistema inmunitario, con lo cual se vuelven mucho más vulnerables a las infecciones. Hay distintos niveles de desnutrición, pero los niños que padecen desnutrición aguda presentan un mayor riesgo de muerte. 

¿Qué ocurre una vez que se ha identificado a un niño desnutrido?

Cuando se registra a los recién llegados, inmediatamente les medimos la circunferencia de la parte superior del brazo (MUAC por sus siglas en inglés) para identificar a los niños que padecen desnutrición. Además, nuestros trabajadores sociales tratan de localizar en el campo a los niños que se nos hayan podido pasar durante el procedimiento de registro. Dependiendo de la gravedad del caso, son trasladados al hospital de Dollo Ado o bien son tratados como pacientes ambulatorios y se les hace un seguimiento en el campo de Kobe. Todos estos niños necesitan algo más que comida. Se les administran suplementos de hierro, tratamiento contra parásitos intestinales y antibióticos. Algunos están tan gravemente desnutridos, que necesitan sondas nasogástricas. Aquellos que están recibiendo tratamiento ambulatorio tienen más posibilidades de sobrevivir que los que presentan un estado más grave, para muchos de los cuales sobrevivir es una dura lucha. 

¿Los niños que padecen desnutrición aguda se pueden recuperar por completo si son tratados a tiempo?

La mayoría se pueden recuperar si reciben tratamiento a tiempo y de forma adecuada, pero esto sería más bien a nivel físico. Hay otros aspectos psicológicos menos conocidos. Médicos sin Fronteras tiene un psicólogo clínico que trabaja con las madres y los niños conjuntamente una vez que se están recuperando y que el niño puede volver a tomar el pecho, lo que es la mejor solución.

¿Cuánto suelen tardar en recuperarse?

Hemos estado viendo que a los niños les cuesta recuperarse más de lo normal, a veces entre 6 y 8 semanas. Esto podría deberse al terrible estado en el que llegan.

¿Esta situación está siendo diferente de otras emergencias que has visto?

Sí. He estado antes en muchas emergencias -de hecho acabo de llegar de una misión de emergencia de dos meses en Costa de Marfil- pero no he visto una cifra de muertes y desnutrición como ésta en muchos, muchos años.

Hemos oído que algunos niños mueren de agotamiento tras llegar a nuestros campos. ¿Esto sigue ocurriendo?

Mueren por muchos factores que interactúan para empeorar aún más la situación. La semana pasada hubo 7 muertes en el centro de recepción en un solo día. El problema es que a menudo llegan cuando ya es demasiado tarde. La situación es ligeramente mejor ahora, probablemente porque los refugiados se están yendo antes de Somalia y no esperan hasta el último momento.

¿Y en Dadaab, Kenia?

La situación allí también es muy grave. La tasa de mortalidad es 4 veces superior a la del año pasado, pero la cifra no es tan mala como en Dollo Ado. La superpoblación es un problema muy grave en Dadaab, ya que favorece la aparición de enfermedades.

¿Crees que la situación puede evolucionar rápidamente?

Se trata de una situación impredecible, con el conflicto y la hambruna que tienen lugar en el interior de Somalia. El acceso humanitario sigue siendo un punto clave. Necesitamos poder distribuir alimentación terapéutica lista para usar a los niños que padecen malnutrición aguda dentro de Somalia. Probablemente nos lleve un tiempo hasta que la situación mejore, ya que no hemos tenido acceso a ciertas zonas de Somalia durante mucho tiempo, y por lo tanto, tenemos una información muy limitada sobre la situación allí.

Además de la desnutrición, ¿qué otras necesidades hay en los campos de refugiados que has visitado?


Hay necesidades casi por todas partes. Se necesita material básico de ayuda humanitaria, como alojamiento, esteras y utensilios de cocina. No hay suficientes letrinas, lo cual aumenta el riesgo de diarrea. La falta de agua también es un problema. En uno de los campos más antiguos, llamado Melkadida, hay dos centros de tratamiento de agua que hacen posible que los refugiados reciban unos 15 litros al día por persona en ese campo. Pero en el campo de Bokolmanyo, y en el nuevo campo de Kobe, no hay fuentes de agua tratada, lo que significa que tenemos que transportar el agua en camiones cisterna. Es muy costoso y muy complicado, ya que las carreteras están en muy malas condiciones. Hay averías constantemente y la gente no recibe suficiente agua.

¿Cuales son vuestras principales prioridades?

Nuestro principal reto es trabajar en estrecha colaboración con los gobiernos de acogida y asegurarnos de que se estén utilizando los sistemas adecuados. En Dollo Ado, nuestra prioridad es, claramente, la situación en Kobe y en el nuevo campo de Hilowen que se abrirá muy pronto. Tenemos que asegurarnos de que contamos con medidas de coordinación y organización adecuadas, y de que funciona la distribución de agua potable, las letrinas y el sistema sanitario. Pero aún no hemos llegado a ese punto.

¿Hay alguna historia personal que recuerdes y que resuma la situación?

Estábamos recorriendo el campo cuando un hombre que acababa de llegar se desmayó frente a nosotros. Era un hombre muy mayor, alto y demacrado. Todos le rodeamos para ver si podíamos ayudar. Le llevamos al centro de alimentación cercano, que estaba abierto. Nunca olvidaré la mirada en sus ojos.

¿Crees que las organizaciones humanitarias están respondiendo adecuadamente a la emergencia?


Por ahora sí, hay una movilización muy fuerte, pero mañana, cuando la atención se desplace hacia el interior de Somalia, los medios de comunicación perderán interés por la situación de los refugiados. Nosotros tendremos que seguir trabajando cuando los medios no estén y cuando, probablemente, la financiación se reduzca.


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