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Noticias Historias con rostro Un taller suizo ayuda a los refugiados a coser esperanzas de futuro

Un taller suizo ayuda a los refugiados a coser esperanzas de futuro Imprimir
El equipo de Social Fabric: Heather, su fundadora (izquierda), Lisa, Bijou –refugiada congoleña-,Helka y Cissé, refugiado de Costa de Marfil. (© ACNUR/UNHCR/Mark Henley)
El equipo de Social Fabric: Heather, su fundadora (izquierda), Lisa, Bijou –refugiada congoleña-,Helka y Cissé, refugiado de Costa de Marfil. (© ACNUR/UNHCR/Mark Henley)
ZÜRICH, Suiza, 23 de abril de 2018 (ACNUR/UNHCR).- Entre las coloridas telas y las máquinas de coser de un taller de costura en Zurich, Jamila se inclina sobre su mesa de trabajo y alisa cuidadosamente la tela del vestido negro y amarillo que está tejiendo, mientras ajusta el dobladillo poniendo alfileres aquí y allá.

En unos días dará el retoque final al vestido y se lo llevará a casa.

Esta refugiada afgana, de 57 años, comenzó hace dos meses sus clases de costura en “Social Fabric” (“Tejido Social”), organización suiza con sede en Zurich. “Quería aprender y conocer gente nueva”, dice Jamila, que tuvo que abandonar su casa en Afganistán hace siete años.

Social Fabric fue fundada en 2015 por una bióloga molecular canadiense, Heather Kirk, que se propuso combinar sus conocimientos en biología vegetal con el desarrollo sostenible y el trabajo social.

Social Fabric es a la vez una empresa y una organización comunitaria. Se paga a sus miembros y a los voluntarios por su trabajo en la creación y venta de productos, y las ganancias se utilizan en cubrir gastos básicos, y financiar programas de ayuda a solicitantes de asilo y de integración de refugiados.

“En mi país, sólo necesitamos tener una imagen mental antes de empezar”

Cada jueves, más de 20 personas de diversos países -la mayoría, aunque no todos, refugiados y solicitantes de asilo- asisten al taller de costura de Social Fabric. “Se aprende a coser sobre todo a través de observación e imitación, dice Heather. “Esto permite a los refugiados, que aún no hablan alemán muy bien, participar activamente en los talleres y desarrollar estas destrezas”.

En 2016, Social Fabric lanzó una campaña de crowdfuding para pagar el salario de Cissé, un refugiado de 26 años procedente de Costa de Marfil que da clases de confección en el centro.

Jamila, refugiada afgana, midiendo telas en Social Fabric, donde toma clases para diseñar y coser su propia ropa. (© ACNUR/UNHCR/Mark Henley)
Jamila, refugiada afgana, midiendo telas en Social Fabric, donde toma clases para diseñar y coser su propia ropa. (© ACNUR/UNHCR/Mark Henley)
Cissé había trabajado durante años como sastre en su país, pero en Suiza, ha tenido que adaptarse a nuevas formas de trabajar.

“Aquí usamos muchas formas y patrones, y empleamos mucho tiempo preparando el trabajo colocando alfileres antes de empezar a coser”, explica. “En mi país, sólo necesitamos tener una imagen mental antes de empezar, ¡todo es más simple y rápido!”

Bijoux, refugiada de la República Democrática del Congo, de 34 años, trabajó como costurera en su país y en Sudáfrica. Se trasladó a Suiza en 2011 y rápidamente se adaptó al estilo de vida. Gracias a Social Fabric, también hizo un grupo de amigos. “Era muy duro pasarse el día en casa sin nada que hacer”, afirma.

“Queremos explotar el potencial creativo de las personas”

"Para los refugiados que están tramitando su solicitud de asilo (un procedimiento que puede llegar a durar años) es muy difícil encontrar trabajo”, apunta Heather, subrayando la importancia de crear espacios donde los refugiados puedan desarrollar actividades creativas y conocer gente nueva, ya sean otros refugiados o residentes en Suiza.

El negocio va bien. Para 2018, Social Fabric tiene previsto lanzar una línea de bolsos y bufandas inspiradas en estampados africanos. Además, ha creado una plataforma online, Goodtee, donde los modistos más jóvenes pueden inspirarse en los diseños y estampados realizado por Cissé, Bijoux y su colega eritreo Zaid.

Heather dice que el objetivo de Social Fabric no es sólo ayudar a los refugiados. “Queremos fomentar la colaboración entre refugiados, población local e internacional para explotar el potencial creativo de cada uno”.


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