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Con una mano amiga, jóvenes sirias sobresalen en el exilio Imprimir

La estudiante siria Sara Kalloumeh va al colegio en el Líbano después de que un benefactor se ofreciera a sufragar los gastos de la matrícula. © ACNUR/UNHCR.
La estudiante siria Sara Kalloumeh va al colegio en el Líbano después de que un benefactor se ofreciera a sufragar los gastos de la matrícula. © ACNUR/UNHCR.

Después de huir de Siria y buscar seguridad en el Líbano, las hermanas Taqla y Sara están decididas a aprovechar al máximo la oportunidad de retomar sus estudios.

ZALKA, Líbano, 3 de agosto de 2017 (ACNUR/UNHCR). – En el hueco de una escalera delante del pequeño apartamento de su familia en el norte de Beirut, la capital libanesa, las hermanas sirias Taqla y Sara Kalloumeh se sumergen en la lectura de sus libros de texto. Aún llevan puestos sus uniformes color azul, a pesar de que ya ha pasado bastante tiempo desde que terminaron las clases.

El hueco de la escalera es el único lugar donde pueden encontrar suficiente espacio y silencio para estudiar. Estas hermanas son un ejemplo de determinación para superar las dificultades y alcanzar el éxito académico.

Ambas jóvenes eran estudiantes apasionadas en su ciudad de origen, Maaloula, una comunidad de habla aramea situada a unos 50 kilómetros al noreste de la capital Siria, Damasco. Pero cuando el conflicto en Siria alcanzó su ciudad en 2013, las hermanas huyeron junto con su familia, y llegaron al Líbano como refugiadas.

Consciente de su situación, un libanés de la comunidad local se ofreció a cubrir el coste de la matrícula para que asistieran a la escuela católica armenia Holy Cross en Zalka. Ellas forman parte de una comunidad minoritaria en el Líbano, donde según un informe realizado el año pasado por ACNUR sobre educación de refugiados, sólo el 40% de los niños refugiados sirios en edad escolar (3-18) están matriculados en la educación formal.

“Éramos de las mejores estudiantes [en Siria]”, explica Sara, de 14 años. “No queríamos dejar la escuela, queríamos seguir estudiando, así que doy gracias a Dios por enviarnos a alguien que nos ayudó a proseguir nuestros estudios aquí”.

Además de adaptarse al plan de estudios libanés, algo total nuevo para ellas, las hermanas también han hecho grandes esfuerzos para aprender inglés, francés y armenio. La directora del colegio, Reita Boyajian, dice que sus aptitudes y actitud rápidamente se hicieron evidentes.

“En un año vimos cómo estas dos estudiantes son muy diferentes y especiales. Se han convertido en las mejores estudiantes en todas las asignaturas”, dice. “Creo que si no hubieran logrado llegar aquí, si hubieran permanecido bajo los bombardeos [en Siria], o si hubieran llegado aquí pero no hubieran podido matricularse en una escuela y continuar sus estudios, nosotros como comunidad - no sólo libaneses o armenios, sino como comunidad internacional - habríamos perdido mucho”.

Reita Boyajian espera que si las hermanas continúan sobresaliendo en sus estudios y aprueban sus exámenes, podrán obtener becas para asistir a la universidad en el Líbano o en el extranjero. La hermana mayor Taqla, de 15 años, se ha propuesto obtener un título que le permitirá ayudar a la reconstrucción de Siria una vez que puedan regresar.

“Me gustaría llegar a ser ingeniera civil. Quiero terminar mis estudios aquí y volver a Siria para trabajar y construir casas”, dice. “Me gustaría decirles a aquellos que me están viendo que la escuela es la llave para el futuro, y que a pesar de las dificultades que se os presenten, debéis ser fuertes. No os rindáis. Haced frente a todo, porque sois los únicos que podéis construir vuestro propio futuro”.

Por Rima Cherri y Houssam Hariri en Zalka, en el Líbano.


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