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Una granja acoge a refugiados en la campiña británica Imprimir

El fundador de “La Granja”, Ben (segundo por la izquierda), tras un día de trabajo duro con refugiados, solicitantes de asilo y voluntarios locales. (© The Grange)
El fundador de “La Granja”, Ben (segundo por la izquierda), tras un día de trabajo duro con refugiados, solicitantes de asilo y voluntarios locales. (© The Grange)
Noah, refugiado sudanés, de 27 años, admite que cuando llegó por primera vez en la granja, no estaba seguro de lo que iba encontrarse. Pero, después de reunirse con el gerente, entabló con él una profunda amistad, que se mantiene fuerte dos años después.

NORFOLK, Reino Unido, 20 de julio de 2017 (ACNUR/UNHCR).- En un pintoresco pueblo inglés, una pareja ha transformado su casa en refugio para quienes han huido de la violencia y la persecución.

“La Granja”, establecida en la década de 1750, es una finca dedicada a la permacultura, hogar de ponis, conejillos de indias y ovejas. Se aposenta en el centro de de diez acres de paisaje exuberante y tranquilo en la zona rural de Norfolk, en el este de Inglaterra. Hace seis años, sus residentes, Ben y Sophie decidieron abrir la granja a refugiados y solicitantes de asilo en el Reino Unido. Es una decisión de la que dicen nunca se han arrepentido.

Los refugiados que vienen de visita cada semana pueden aprender diferentes habilidades, como pintura, tejeduría, cerámica, cocina y agricultura.

“En realidad, no esperamos nada de nadie”, dice Ben. “Pero normalmente lo que descubrimos es que la gente tiene conocimientos para compartir y a menudo no tienen forma de hacerlo”.

“Se dan cuenta de que un solicitante de asilo no es una estadística, es una persona real”

Noah, estudiaba medicina en Sudán antes de verse obligado a huir, conoció “La Granja” a través de otra organización llamada New Routes, que organiza viajes semanales a la finca. Por entonces era un solicitante de asilo recién llegado, sin apenas contactos en la comunidad.

“Antes de venir aquí, casi no salía de casa”, dice Noah. “Me sentía como en una cárcel, y no podía practicar mi inglés con nadie”.

“La primera vez que Noah vino, lo hizo con otros dos hombres sudaneses”, dice Ben. “Todos eran muy reservados, centrados en sus teléfonos móviles, como enterrados en su propio mundo diminuto. Un día preguntó si podía construir un horno y le dijimos «adelante», porque facilitamos las oportunidades en la medida de lo posible. Construyó un horno muy bonito e hizo pan para todo el mundo y nos dimos cuenta de que es cocinero. Es un cocinero increíble”.

Cuando Noah llegó al Reino Unido estuvo detenido durante 72 horas antes de ser transferido a un centro de acogida, que fue su hogar durante un mes hasta que se trasladó a Norwich.

Pero no todas las personas que llegan al Reino Unido son detenidas por un periodo breve como sucedió con Noah. En este momento no hay límite al tiempo que el gobierno de Reino Unido puede tener detenidos a los solicitantes de asilo; ACNUR defiende el uso de medidas alternativas a la detención. En 2016, según el Ministerio del Interior británico, más de 38.000 personas buscaron asilo en Reino Unido, y 13.200 solicitantes de asilo estuvieron retenidos en centros de detención de inmigrantes. A finales de marzo de 2017 había 3.200 solicitantes de asilo detenidos bajo la normativa de inmigración.

Ahora Noah tiene un “permiso de estancia” que le autoriza a trabajar y estudiar en el Reino Unido, con la posibilidad de solicitar la ciudadanía tras unos años.

Deseoso de aprender nuevos conocimientos que le ayuden a integrarse completamente en la sociedad británica y devolver algo de lo recibido a la comunidad, Noah aprende inglés, química y biología para poder volver a la universidad y estudiar medicina. En su tiempo libre, actúa con un grupo local de teatro y espera con impaciencia los lunes para apuntarse al autobús que lo llevará a él y a otros a “La Granja” unos días después.

Ben dice que la comunidad local ha apoyado mucho la iniciativa de la granja.

“Hay personas que nos donan cosas, que nos donan su tiempo, que trabajan como voluntarios, y mucha gente que quizá hubieran desconfiado de los solicitantes de asilo por las noticias de los medios de comunicación. Ahora se dan cuenta de que un solicitante de asilo no es una estadística, es una persona real que ha sufrido un trauma y tiene mucho que dar”.

“El hecho de que vengan aquí, compartan su comida y su cocina de todas partes del mundo, ya es fantástico para el pueblo”, concluye Ben. “Nos sentimos privilegiados solo porque nos acepten”.



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