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El biólogo refugiado afgano que anima a “soñar en grande” Imprimir

Mojtaba Tavakoli da el discurso central en la ceremonia de premios de la Asociación Afgana de Alumnos y Estudiantes en Viena. (© ACNUR/ UNHCR/Gordon Welters)
Mojtaba Tavakoli da el discurso central en la ceremonia de premios de la Asociación Afgana de Alumnos y Estudiantes en Viena. (© ACNUR/ UNHCR/Gordon Welters)

Mojtaba Tavakoli, que llegó a Austria siendo un niño, con apenas la educación primaria, está a punto de comenzar un Doctorado en investigación médica.

Esta noche, Mojtaba pronuncia el discurso en una ceremonia de premios en Viena, organizada por la Asociación afgana de Alumnos y Estudiantes, que ayudó a fundar. Este licenciado en ciencias de de 23 años, que pronto empezará un doctorado en investigación médica, anima a sus compatriotas refugiados: “debemos soñar a lo grande”.

Se dirige a la comunidad, y a su orgullosa (y ampliada) familia: “estoy aquí por vosotros”.

Aplaudiendo entre el público están sus padres- su madre Rehana y su padre Joma Ali- y Marion Weigl y Bernhard Wimmer, una pareja austríaca que le adoptó cuando llegó al país como menor no acompañado, atemorizado.

“Es una gran noche”, dice Joma Ali, que era granjero en Afganistán, y cultivaba patatas, frutas y verduras en la provincia rural de Ghazni. “Estoy muy orgulloso”.

De niño, Mojtaba ayudaba a sus padres en los campos. “No había ciencia en mi infancia”, afirma. “Y todo lo que sabía sobre Austria era que había bosques”.

“El momento más difícil fue no saber en quién podía confiar”

La granja estaba rodeada por los talibanes. La familia Tavakoli estaba particularmente en riesgo, por pertenecer a la minoría Hazara, que estaba perseguida. “Tarde o temprano, nos atacarían”, dijo Mojtaba. “Europa era nuestra única esperanza para vivir con seguridad”.

Con 13 años, Mojtaba y su hermano mayor Morteza, de 18 años, fueron enviados primero a Europa. Trágicamente, Morteza se ahogó en el mar mientras cruzaban de Turquía a Grecia. Mojtaba hizo el viaje a través de los Balcanes solo. “El momento más difícil fue no saber en quién podía confiar”.

Mojtaba Tavakoli en una cafetería vienesa (© ACNUR/UNHCR/Gordon Welters)
Mojtaba Tavakoli en una cafetería vienesa (© ACNUR/UNHCR/Gordon Welters)
En Austria, fue acogido y cuidado por Marion, una profesional de la atención sanitaria, y Bernhard, un científico medioambiental, quienes le introdujeron a la ciencia. “Charles Darwin me inspiró”, afirma Mojtaba. “Me llevó hasta la biología”.

Una vez que se le concedió el asilo en Austria, Mojtaba pudo traer a su familia afgana para que reuniera con él, pero la tragedia golpeó una segunda vez a la familia cuando su hermano Mustafa, de 12 años, murió de cáncer en Viena en 2014.

Las pérdidas personales y la gratitud por el apoyo recibido motivaron a Mojtaba. “He visto cosas que gente con el doble de edad que la mía no ha visto”, dice. “Esto me hace ser estricto conmigo mismo para aprovechar las oportunidades y que mi familia esté orgullosa”.

En la ceremonia, Mojtaba recibe un certificado y un libro como premio de la asociación afgana, para celebrar su éxito tras obtener la licenciatura en biología molecular en la Universidad de Medicina de Viena. De hecho, Mojtaba está a punto de acabar su Máster en Neurociencia y luego comenzará su Doctorado en desórdenes neurodegenerativos, como la enfermedad de Parkinson.

“Es un campo muy amplio y la investigación es escasa, así que es un tema prometedor”, dice Mojtaba, que había pensado seguir estudiando en Escocia, en un centro de neurociencia. Sin embargo, una beca Marie Curie de la Unión Europea le permitirá estudiar en Austria, en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Klosterneuburg.

“Sueño que algún día… alguien de nuestra comunidad ganará un Premio Nobel”

Esto significa que estará cerca de sus padres, sus tres hermanas y su hermano. Los más pequeños están todavía en el colegio, pero la mayor, Sohela, de 21 años, recibe también un premio en la ceremonia, junto a los buenos deseos de la asociación, a punto de comenzar sus estudios universitarios en Física.

Cuando cada estudiante recoge su premio, el Festsaal (Gran Salón) del Ministerio de Transporte, Innovación y Tecnología se llena de aplausos. Esta es una noche para celebrar los logros de la población afgana y su contribución como comunidad a la sociedad austriaca.

Otro miembro de la audiencia, Reihana Mohammadi, de 18 años, dice que está allí para apoyar a su hermano. “Va a la universidad a estudiar Económicas. Es un modelo a seguir para mí. Me da una razón por la que esforzarme”.

Soraya Auhadi, de 19 años, muestra su alegría al bajar del escenario, agarrando su certificado de haber terminado en el instituto. Cuenta con el permiso de la Cámara de Comercio de Viena para abrir un restaurante. “Hice un curso de tres meses en contabilidad, higiene, atención al cliente y derechos laborales, y ahora puedo dar trabajo a otros en mi negocio”, narra.

Todos los estudiantes apuntan alto, pero en su discurso, Mojtaba les anima “a soñar incluso más a lo grande”.

Es una figura menuda, con gafas, expresándose en un fluido alemán. No tiene pelos en la lengua al hablar de las dificultades a las que se enfrentan los refugiados para integrarse en la sociedad austriaca. Llama a sus compatriotas afganos a que tengan interés en la política de su nuevo hogar y no muestren pasividad.

“Sueño”, concluye, “que algún día un ministro del gobierno austriaco tendrá raíces afganas, y que alguien de nuestra comunidad ganará un Premio Nobel”.

El salón estalla en un atronador aplauso.


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