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Noticias Historias con rostro El origami ayuda a un refugiado sirio en su nueva vida en el exilio

El origami ayuda a un refugiado sirio en su nueva vida en el exilio Imprimir


Fadi Al Wali enseña origami a los niños del campamento de refugiados de Za'atari (© ACNUR/UNHCR) Annie Sakkab
Fadi Al Wali enseña origami a los niños del campamento de refugiados de Za'atari (© ACNUR/UNHCR) Annie Sakkab
Tras huir del conflicto en Siria, Fadi ha retomado su hobby en el campamento de refugiados de Za’atari, en Jordania. Las manos de Fadi están en constante movimiento mientras habla -doblando, pellizcando y moldeando una hoja de papel, mientras relata los acontecimientos que lo llevaron desde Siria al campo de refugiados de Za'atari de Jordania. A los pocos minutos de su historia, hace una pausa y levanta un delicado lirio de papel. Una sonrisa ilumina su rostro.

ZA´ATARI, Jordania, 19 de abril de 2017(ACNUR/UNHCR)- “Encuentro el origami indescriptiblemente interesante”, cuenta Fadi, de 26 años y procedente de Dara´a, en el sur de Siria. “Te permite hacer algo de la nada y me ayuda a eliminar el estrés y las energías negativas. Es mejor que una pelota anti estrés”.

Al principio del conflicto en Siria, Fadi estudiaba comercio y contabilidad en la Universidad Tishreen, situada en la ciudad portuaria de Lattakia. Fue allí donde uno de sus profesores le introdujo en el ancestral arte del origam, o papiroflexia. Pero lo que comenzó como un hobby en Siria se ha convertido en una parte importante de su vida en el campamento.

Fadi es uno de los cerca de 80.000 sirios que actualmente llaman casa al bullicioso campamento de Za'atari. En total, Jordania acoge a 658.000 refugiados sirios registrados, la gran mayoría de ellos en pueblos y ciudades de todo el reino.Fadi estaba en su tercer año de universidad cuando el conflicto le obligó a abandonar sus estudios. A medida que los combates se acercaban a su hogar en Dara'a, y con su padre trabajando en el extranjero, Fadi tomó la decisión de trasladar a su familia a Jordania en octubre de 2013.

"Yo era responsable de 14 almas, en su mayoría mujeres y niños", dice Fadi, refiriéndose a sus nueve hermanos menores, su madre, sus abuelos y su esposa en avanzado estado de gestación. "Tenía mucho miedo de que alguno fuera asesinado o malherido".


Pagaron a contrabandistas para que los llevaran a la frontera de Siria con Jordania e Irak, donde les dejaron a las 5 AM y les dijeron que caminaran por el desierto hacia una lejana colina para llegar a Jordania. Pero después de horas de caminar bajo las temperaturas sofocantes se vieron rodeados por el desierto, sin comida y sin agua.


Te permite hacer algo de la nada


Con el tiempo se encontraron con algunos pastores beduinos que les señalaron la dirección correcta, y finalmente llegaron a Jordania después de más de 14 horas de caminata. Una vez que las autoridades jordanas les recogieron, la esposa de Fadi, que estaba embarazada de siete meses de gemelos, empezó a sentir dolor y fue llevada al hospital.

"Nuestros gemelos nacieron muertos", dice Fadi. "Después de eso fuimos a Za'atari, y la vida comenzó lentamente otra vez."

La prioridad de Fadi después de instalarse en el campamento era encontrar trabajo para ayudar a mantener a su familia. Gracias a haber sido voluntario en Siria en un centro para niños con síndrome de Down, consiguió un trabajo como asistente de aula en un curso de educación informal para niños dirigido por la ONG Relief International. Los cursos se llevan a cabo en el campamento en un centro comunitario financiado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

Fadi trabaja como asistente de aula en un centro comunitario creado por ACNUR (©ACNUR/UNHCR Annie Sakkab)
Fadi trabaja como asistente de aula en un centro comunitario creado por ACNUR (©ACNUR/UNHCR Annie Sakkab)
"Fue entonces cuando me acordé del origami, y pensé que sería algo interesante y diferente para intentar con los niños", cuenta Fadi. Los resultados fueron abrumadoramente positivos, según Fadi, particularmente para aquellos niños con necesidades especiales o problemas de conducta. "A los niños les encantó el que un pedazo de papel se pueda convertir en otra cosa - un pájaro, o una silla. Mejora su concentración y su compromiso. Cuando les pongo a hacer un diseño, no se distraen ni se aburren, trabajan en él hasta que lo terminan”.

"El mayor impacto que he visto es con Miriam y Mohammed, dos niños en la clase con síndrome de Down", agrega Fadi. "Solían tener problemas de atención y agresividad, pero el cambio ha sido notable. Desde que empezaron con el origami el año pasado tienen algo en lo que concentrar sus esfuerzos, y son mucho más tranquilos y felices".

Además de traer diversión a sus alumnos, Fadi también utiliza su hobby para transformar su vida en el exilio. "Me ha hecho sentir como un miembro activo de esta comunidad, y ahora la gente en el campamento sabe quién soy. Me ha dado un propósito como refugiado”. Fadi describe como universal el simple acto de doblar el papel para hacer otros objetos; lo entienden todos los que han hecho alguna vez un avión de papel, independientemente de su raza o el idioma. Sueña con enseñar algún día origami a niños refugiados en otras partes del mundo. "Es algo nuevo, y he visto cómo responden a ello. El origami rompe las barreras y da esperanza a los niños. "


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