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Un niño afgano se refugia en el silencio tras quedar separado de su familia Imprimir

FOTO: Mientras atravesaba el paso fronterizo de montaña que separa Irán y Turquía hace un año y medio, Farzad, de ocho años, quedó separado de su madre en medio de una tormenta de nieve. No ha hablado una palabra desde entonces. (© ACNUR /UNHCR/ Roland Schönbauer)
FOTO: Mientras atravesaba el paso fronterizo de montaña que separa Irán y Turquía hace un año y medio, Farzad, de ocho años, quedó separado de su madre en medio de una tormenta de nieve. No ha hablado una palabra desde entonces. (© ACNUR /UNHCR/ Roland Schönbauer)

A sus 8 años, Farzad, forma parte del creciente número de niños refugiados cuya salud se ha visto afectada por la huida.

MITILENE, Lesbos, 10 de abril de 2017 (ACNUR/UNHCR) – Farzad, un niño afgano refugiado de ocho años, se encerró en un mundo de silencio después de quedar separado de su familia cuando intentaban huir en medio de la nieve a través de la montañosa que ejerce como frontera entre Irán y Turquía.

Estuvo separado de sus padres durante apenas 20 o 30 minutos, pero desde entonces, no ha vuelto a hablar. “Farzad no ha dicho una palabra desde que se separó de su madre durante la tormenta de nieve en la frontera”, dijo su padre, Jalil*. Farzad forma parte del creciente número de niños refugiados cuya salud se ha visto negativamente afectada por la huida.

Los síntomas van desde problemas de desarrollo hasta autolesiones, pesadillas y depresión. En este sentido, son particularmente vulnerables los menores detenidos en contra de las recomendaciones de ACNUR, ya que como advierte la Agencia de la ONU para los Refugiados, los niños no deben ser detenidos. Entre los menores que viajan solos, sin la protección de sus padres, o sin contar con acceso a atención médica y psiquiátrica, también se detectan problemas mentales.

Farzad, su padre Jalil y su hermano Awalmir*, de 22 años, ahora viven en un campamento de gestión municipal en Karatepe, en la isla griega de Lesbos. Su madre Uzma*, y su hermano, Rafiq*, de 18 años, están en Alemania.

Jalil, quien anteriormente se ganaba la vida como agricultor, nos contó la historia de cómo él y su esposa, temiendo por la seguridad de sus hijos en su país devastado por la guerra, trataron de llegar a Turquía a través de Irán en 2015. Mientras se acercaban a la frontera turca, la nieve comenzó a caer y ellos lograron meterse en el coche de un traficante junto a otras tres personas. "El contrabandista no tenía cadenas para la nieve, por lo que le costaba mucho no salirse de la carretera", dijo Jalil.

"De repente nos dijo que saliéramos del vehículo... porque la policía iraní nos estaba siguiendo". Jalil cuenta que estaban a unos 2.000 o 3.000 metros de altitud. “Tiraron todo el equipaje fuera del coche", agregó. En el medio del caos que sobrevino, Uzma y Rafiq partieron en una dirección diferente.

En la guardería, juega solo

Jalil, Farzad y Awalmir tomaron por una cuesta, demasiado empinada para Jalil, que tiene más de cincuenta años y padece una afección cardíaca. "Así que me senté en la nieve hasta que Awalmir volvió para llevarme a cuestas", dijo . "En medio de todo este lío, nos dimos cuenta de que habíamos perdido a Farzad".

Los dos hombres regresaron sobre sus pasos y se dirigieron a la policía iraní, sintiéndose aliviados al descubrir que la policía ya había encontrado a Farzad, quien se encontraba solo. "Ese día, Farzad dejó de hablar", agregó Jalil. “En la guardería, juega solo” Previamente el niño no tenía ningún problema serio. "Decía palabras básicas y sabía contar hasta 10, y jugaba con otros niños".

Una vez en manos de la policía iraní, Jalil pidió hacer una llamada telefónica. Se enteró a través de sus familiares de que Uzma y Rafiq seguían con los contrabandistas y decidió que continuaran su viaje, mientras él les seguiría con sus otros dos hijos. Madre e hijo llegaron a Alemania, mientras que Jalil y sus dos hijos tuvieron que hacer cinco intentos más para llegar a Grecia a través de la ruta Irán-Turquía y de la peligrosa travesía por mar.

Tras pasar los últimos meses viviendo en el campamento de Karatepe, Jalil espera que los esfuerzos hechos por Metadrasi, socio de ACNUR, para reunir de nuevo a la familia tengan éxito.

"El preocupante estado de salud de Farzad debe servir para recordar lo duro que les resulta a las familias quedar separadas durante la huida

"El preocupante estado de salud de Farzad debe servir para recordar lo duro que les resulta a las familias quedar separadas durante la huida", dijo Astrid Castelein, jefe de la oficina de ACNUR en Lesbos. "Por su bienestar psicosocial, reiteramos nuestro llamamiento a los gobiernos para que aceleren las reunificaciones familiares desde Grecia”.

Astrid Castelein afirmó que ACNUR ha sufragado las consultas a un pediatra para trate a Farzad y que los tres miembros de la familia han sido trasladados a una nueva casa prefabricada cerca de los aseos. "Está mojando sus pantalones, y tengo que lavar toda la ropa todo el tiempo", dijo Jalil. Este traslado a una casa prefabricada que cuenta con calefacción, y que ha sido financiada con ayuda de la Comisión Europea, ayuda a Jalil a afrontar el reto de llevar a su hijo al baño a tiempo.

Castelein dijo que hace dos meses lograron inscribir a Farzad en la Escuela Primaria Especial en Mitilene, diseñada para ayudar a niños con trastornos de aprendizaje. Al preguntarle si a su hijo le gustaba la escuela, Jalil se encogió de hombros. “No lo sé, no habla”.

Farzad no ha hablado desde que fue separado de su madre. Ahora vive con su padre en Lesbos (© ACNUR/UNHCR/Roland Schönbauer).
Farzad no ha hablado desde que fue separado de su madre. Ahora vive con su padre en Lesbos (© ACNUR/UNHCR/Roland Schönbauer).
En el parque infantil del campo de Karatepe, el rostro de Farzad se ilumina cuando el animador Gregoris Pallis se acerca a él y le coge de la mano. Gregoris Pallis trabaja para la ONG Save the Children, que gestiona un espacio para los niños financiado por ACNUR en Karatepe. Gregoris abraza a Farzad, le da vueltas y lo hace sonreír en menos de dos minutos. "Hubo una conexión con Farzad desde el primer día que nos conocimos", cuenta Pallis.

A través de sus organizaciones socias, ACNUR brinda apoyo psicológico y social a las familias y los niños, incluidos los menores no acompañados.

También coordina los procedimientos para que las organizaciones identifiquen a las personas con necesidades en materia de salud mental para que puedan derivarlas a los especialistas adecuados.


* Los nombres han sido cambiados por motivos de protección.

Por Roland Schoenbauer


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