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Una cooperativa de lácteos para empoderar a refugiadas somalíes Imprimir

Mujeres somalíes miden la leche para venderla en la cooperativa lechera del campamento de refugiados de Melkadida en Etiopía (©ACNUR/UNHCR/Diana Díaz)
Mujeres somalíes miden la leche para venderla en la cooperativa lechera del campamento de refugiados de Melkadida en Etiopía (©ACNUR/UNHCR/Diana Díaz)
Son las ocho de la mañana. Puntual como siempre, Jamila Ali Hassan, de 30 años, abre la rechinante puerta de la Cooperativa de Lácteos del campo de refugiados de Melkadida, lista para recibir a los ansiosos granjeros.

MELKADIDA, Etiopia, 8 de marzo de 2017 (ACNUR/UNHCR)- “Queremos confianza para nosotras mismas y ser capaces de mantener a nuestros hijos”, dice Jamila, orgullosa. “Ahora tenemos nuestro propio negocio en el que vendemos leche de alta calidad

Esta empresa de techos de hojalata, situada a 70 kilómetros de la frontera con Somalia en el sur de Etiopía, compra leche de cabra, vaca y camello a pastores locales.

Apoyadas por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus organizaciones aliadas, el proyecto proporciona tanto un servicio en el campamento como una forma de vida para las 20 mujeres somalíes que trabajan allí probando, pasteurizando y almacenando la leche en refrigeradores alimentados por energía solar, para su posterior reventa.


Queremos confianza en nosotras mismas y ser capaces de mantener a nuestros hijos


Ahora tenemos la cooperativa y a nuestros asociados de nuestro lado, y un negocio de verdad”, dijo Jamila.

No es la primera vez que Jamila ha vendido leche. En Somalia, antes de que el conflicto forzara a la pareja y a sus ocho hijos a huir a Etiopía en 2010, ella y su marido habían trabajado como granjeros y pastores.

En Somalia, las mujeres son las que se ocupan del ganado. Toda mi vida he vendido leche, la he transportado todo el camino desde nuestra granja hasta la frontera. Estoy feliz de haber encontrado aquí un modo de vida al que estoy acostumbrada”, afirma.

Después de unas cuantas visitas de granjeros, Jamila y las otras 19 mujeres que forman parte de la iniciativa ya tienen suficiente leche para vender. En un buen día, pueden ganar hasta 540 birr etíopes – equivalentes a 26 dólares- parte de los cuales se reinvierten para el negocio.

Ahorramos un poco de dinero, usamos otro poco para comprar las materias primas, y ponemos el resto en un recipiente, como parte de nuestra tradición, que luego es asignado a cada una de nosotras por turnos”, explicó Nuria Hassen, otra compañera de la cooperativa. “Esta es nuestra forma de apoyarnos las unas a las otras”, añade.

El grupo de mujeres pasteuriza la leche calentándola lentamente -un proceso que elimina microbios potencialmente dañinos, conservado las propiedades nutricionales. “Somos conocidas por la calidad de nuestra leche y nos gustaría que siguiera siendo así para que nuestro negocio prospere”, afirmó Nuria, sujetando un termómetro que forma parte del kit del proceso diario de tratamiento de la leche.

Las mujeres se han hecho cargo rápidamente de la iniciativa y, juntas, forman una poderosa unidad. “Esta es nuestra cultura, que las mujeres permanezcan juntas”, dice Jamila. “Todas las mujeres en el mundo deberían unirse y prosperar como una sólo. Una mujer que no trabaja no puede ni tomar una taza de té”.

Etiopía ha sido un generoso anfitrión para los refugiados somalíes desde que comenzaron a llegar a principios de los noventa, siguiendo la caída del régimen de Siad Barre en Somalia. ACNUR y sus colaboradores, incluyendo la Fundación IKEA, han apoyado esta iniciativa desde 2015, que se ve como un beneficio para toda la comunidad local, proporcionando preparación y equipamiento para tratar los lácteos.

“Las mujeres refugiadas no solo se han visto empoderadas y han conseguido ingresos, sino que también contribuyen con los refugiados y la comunidad etíope

Con este negocio, las mujeres refugiadas no solo se han visto empoderadas y han conseguido ingresos, sino que también contribuyen con los refugiados y la comunidad etíope, introduciendo un producto seguro y de calidad al mercado” explica Aurthur Mutambikwa, oficial de ACNUR en Melkadida, en el área de medios de sustento.

Sobre las cinco, las mujeres han vendido su provisión y se dirigen a casa junto con sus familias. Cualquier recipiente de leche que haya quedado se guarda en el frigorífico alimentado por energía solar para venderse al día siguiente.

El tema del Día Internacional de la Mujer está forjando un mundo laboral mejor y más equitativo, en el que el derecho de la mujer a un trabajo digno se convierta en una realidad. Para estas mujeres somalíes, la cooperativa ha convertido en realidad sus sueños.

Quiero que todas seamos autosuficientes y que nuestro negocio aumente y así poder mantener a nuestros hijos”, dice Jamila. “Me vi forzada a abandonar todo cuando el conflicto alcanzó mi ciudad natal en 2010 en Somalia. Aquí, he encontrado paz y un nuevo comienzo, aquí es donde quiero estar. Con todas estas oportunidades, estamos en el camino correcto


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