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Noticias Historias con rostro Las quemaduras de una niña, recuerdo de una huida dantesca

Las quemaduras de una niña, recuerdo de una huida dantesca Imprimir

©ACNUR/UNHCR/Marc Hofer. Dina juega en el césped en un parque cercano a su casa en Amberes, Bélgica.
©ACNUR/UNHCR/Marc Hofer. Dina juega en el césped en un parque cercano a su casa en Amberes, Bélgica.
Después de que su hija sobreviviera a las terribles quemaduras provocadas por la explosión de un depósito de gas en Libia, una familia de refugiados rehace su vida en Bélgica

AMBERES, Bélgica, 6 de diciembre de 2016 (ACNUR/UNHCR)– Ya ha pasado más de un año desde que Rahel abandonara las costas de Libia con destino a Italia en un barco de traficantes de personas junto a su hija, que padecía quemaduras de gravedad debido a un accidente acaecido unos días antes.

La niña de 15 meses, junto con otros 70 refugiados e inmigrantes, resultó herida por la explosión de una bombona de gas en las cocinas de la guarida de unos traficantes, donde ella y su madre se escondían, a la espera de partir hacia Europa. Varias personas murieron en la explosión y en el incendio que se desató posteriormente.

Rahel sabía que si iban al hospital serían arrestadas por las autoridades libias. Así que tras varios días de angustiosa espera, finalmente pudieron embarcar. Rahel, que tiene 26 años y es de Eritrea, mira las fotografías de su hija Dina que tomó con su teléfono después del accidente en abril de 2015, y se echa a llorar. “Vi fuego, corrí afuera y vi a Dina quemada aquí, aquí y aquí”, dice mientras señala sus piernas, rostro y brazos. Dina sufrió quemaduras de tercer grado en el 80%de su cuerpo, incluida la cara.

Vi fuego, corrí afuera y vi a Dina quemada

Azoz, la pareja de Rahel, de 28 años y originario del mismo país del Cuerno de África, está visiblemente angustiado mientras mira las fotos por primera vez desde el accidente.
Los guardacostas italianos interceptaron la embarcación en la que viajaban Rahel y Dina hacia la media noche del 17 de abril de 2015 y trasladaron a los refugiados a la isla de Lampedusa. A bordo viajaban muchas otras personas con quemaduras de gravedad debido a la explosión de gas. En el momento del accidente, Rahel estaba dentro de la casa y Dina estaba fuera, donde estaban cocinando.

El día que llegamos a Italia, parecía que me había vuelto loca. Cuando los italianos (los guardacostas) nos rescataron, me sentí muy feliz. Pensé: Ya terminó, lo logramos. Pero me preocupaba mi hija, ¿iba a estar bien o moriría? Yo solo podía pensar en ella”.

Dina recibió inmediatamente tratamiento para sus quemaduras en Italia, y ha continuado recibiendo cuidados en Bélgica. Las cicatrices de su rostro ya desaparecieron, y las de sus piernas y brazos se están desvaneciendo y con el tiempo terminarán por desaparecer´ según los médicos .

Azoz tuvo que dejar a Rahel y a Dina atrás, esperando poder llegar primero a Europa e instalarse antes de que ellas llegaran. Los traficantes de personas los llevaron hasta Libia en coche.

Después de que le negaran un permiso para entraren el Reino Unido, donde vive su hermana, Azoz solicitó asilo en Bélgica, donde tiene una prima. La familia ahora ha obtenido la condición de refugiado allí.

Viven en un apartamento de planta baja con una sola habitación en un barrio tradicional de Amberes, donde Dina, que ahora tiene casi 3 años, asiste a la guardería. Sus padres tienen que viajar durante una hora para asistir a clase en una academia de idiomas en otra parte de la ciudad.

©ACNUR/UNHCR/Marc Hofer. Dina juega en el suelo en su casa en Amberes, Bélgica, donde vive con sus padres. Azoz recuerda el día que Dina nació en Sudán en diciembre de 2013. Fue un día feliz. La pareja había salido de Eritrea hacia Sudán con el objetivo de llegar a Europa.
©ACNUR/UNHCR/Marc Hofer. Dina juega en el suelo en su casa en Amberes, Bélgica, donde vive con sus padres. Azoz recuerda el día que Dina nació en Sudán en diciembre de 2013. Fue un día feliz. La pareja había salido de Eritrea hacia Sudán con el objetivo de llegar a Europa.

Como lleva más tiempo en Bélgica, Azoz habla mejor el neerlandés, pero Rahel sabe lo suficiente como para seguir las noticias en la televisión. Generalmente Azoz recoge a Dina de la guardería y pasa gran parte de su tiempo libre jugando con ella, y llevándola al parque. Cuando recibió la llamada desde Italia, temió que no volvería a ver a su hija. “No pensé que Dina fuera a sobrevivir. Pero cuando la vi en Bélgica, me sentí muy muy feliz”.

Los recuerdos de su hogar no son lejanos. Escuchan música africana mientras cocinan comida tradicional para la cena, y el olor de los granos de café tostados y preparados en una infusión con especias, flota por el apartamento. Mientras prepara el café en una olla de arcilla, Rahel se sobresalta al encender el quemador de gas. “Sigo viendo los rostros de las personas que murieron y no puedo dormir”, dice ella.

Tres personas murieron después de llegar a Italia debido a las heridas que sufrieron en el incendio. Rahel dice que ella pudo contar a ocho personas que murieron en el lugar en Libia. Una mujer con graves quemaduras se suicidó un par de meses después de haber llegado a los Países Bajos, según cuenta Rahel.

Sigo viendo los rostros de las personas que murieron y no puedo dormir

Las cicatrices de Dina son un constante recuerdo de la segunda oportunidad que le dio la vida a su hija. “Quiero que Dina termine la escuela. Quiero que tenga buena salud durante el resto de su vida, quiero que sea feliz”.La niña ya parece estar asentada en Bélgica. Ya ha hecho amigos en la guardería y habla con ellos en neerlandés sin un ápice de duda. Para sus padres ha sido más difícil integrarse. Aparte del clima tan húmedo, la pareja considera que vivir en Bélgica tiene sus desafíos. La mitad de la ayuda económica que reciben del Gobierno es para el alquiler, el resto se usa para los gastos diarios y de transporte.

Sin embargo, Rahel y Azoz intentan centrarse en las cosas buenas . La pareja aún no está casada y espera hacerlo tan pronto como puedan permitírselo. Están decididos a aprender el idioma para encontrar trabajo. Rahel dice que no le importa qué tipo de trabajo, y Azoz ya ha acordado una entrevista para un trabajo como yesero. “Si no trabajas, no tienes nada”, dice Rahel. "Si no trabajas, no te sientes normal, te quedas en casa y te estresas. Te vuelves loco”.


Por Warda Aljawahiry.


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