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Una red de seguridad para los nigerianos a orillas del Lago Chad Imprimir

Los refugiados y la comunidad de acogida luchan por salir adelante después de que miles de personas cruzaran la frontera tras los ataques de Boko Haram en el noreste de Nigeria.

© ACNUR/UNHCR/-Oualid Khelifi - Hawali Oumar con su red de pesca después de una larga noche de trabajo.
© ACNUR/UNHCR/-Oualid Khelifi - Hawali Oumar con su red de pesca después de una larga noche de trabajo.

BAGA SOLA, Chad, 8 de noviembre de 2016 (ACNUR/UNHCR) – Hawali Oumar, refugiado nigeriano, se despertó con el ruido de un tiroteo y descubrió su vecindario en llamas cuando Boko Haram atacó Baga, su ciudad natal en, situada al noreste de Nigeria.

Este pescador de 43 años buscó desesperadamente a los miembros de su familia y descubrió que su padre había sido asesinado. A pesar de no haber podido reunir a todos sus hijos, Oumar huyó a través de la frontera, para tratar de buscar seguridad en Chad.

Fue desgarrador cómo Boko Haram atacaba nuestros hogares”, dijo. “Salimos huyendo sin nada más que la ropa que llevábamos puesta. Después supe que 10 personas de mi familia habían sido asesinadas. Algunos de los supervivientes terminaron en Camerún, otros en Chad, pero nos llevó más de un año lograr restablecer el contacto con todos”.

Más de 5.000 nigerianos han encontrado refugio en el campamento de Dar es Salam en la ribera chadiana del Lago Chad, después de huir de esa terrible violencia, en diciembre de 2014. Un total de 2,4 millones de personas en el noreste de Nigeria, Camerún, Chad y Níger han sido desplazadas a causa de Boko Haram.

Fue desgarrador cómo Boko Haram atacaba nuestros hogares”.

Miles de familias están separadas y no conocen el paradero de sus seres queridos. Oumar se sintió aliviado tras haberse podido reunir con Miriam, su hija de 18 años, hace dos meses. “Pensé que no la volvería a ver de nuevo, pero aquí estamos ya todos juntos”, cuenta Oumar. “Miriamha vuelto a la escuela y esperamos que gradualmente podamos volver a tener una vida normal”.

Mientras el ejército de Chad y una fuerza regional continúan combatiendo a Boko Haram en las provincias que rodean el lago, ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, se enfoca en la protección, el cobijo y el acceso a la educación de las personas desplazadas. Esto incluye ampliar los programas de medios de vida y aumentar el número de refugiados que se benefician de la asistencia, con el fin de que puedan retomar su actividad económica y lograr la autosuficiencia.

Los programas de medios de vida consisten en proporcionar medios para que los pescadores del lago retomen su trabajo. Hasta el momento, los beneficiarios han recibido canoas, redes y aparejos básicos de pesca.

El flujo de refugiados se ha estabilizado desde hace un año, pero la economía en el área del lago se ha visto gravemente afectada. El cierre de las fronteras con los otros tres países de la cuenca del lago (Nigeria, Camerún y Níger), ha ralentizado la actividad en los sectores de la pesca, el pastoreo y la agricultura , y prácticamente ha paralizado el intercambio comercial de la región. Estos sectores son vitales en Baga Sola, la ciudad chadiana que acoge el campamento de Dar es Salam y a la mayoría de los refugiados que han huido a Chad para escapar de la amenaza de Boko Haram.

© ACNUR/UNHCR/Oualid Khelif - Hawali Oumar huyó en diciembre de 2014 cuando Boko Haram atacó su pueblo, mató a su padre y separó a varios miembros de su comunidad.
© ACNUR/UNHCR/Oualid Khelif - Hawali Oumar huyó en diciembre de 2014 cuando Boko Haram atacó su pueblo, mató a su padre y separó a varios miembros de su comunidad.

No puedo volver a casa”, dijo Oumar. “Perdí a mi padre y a muchas otras personas en los ataques. Pienso en eso todo el tiempo. La sensación es de cómo si hubiese sucedido ayer mismo”.

Ahora, incluso si me dijeran que la paz está volviendo gradualmente a mi aldea, preferiría quedarme en Chad. Tengo miedo de volver después de todo lo que he visto y vivido”.

Debido a la volatilidad de la región y a las escasas perspectivas de que los refugiados vuelvan a sus hogares a corto plazo, ACNUR espera reforzar los programas de medios de vida que ofrece a los refugiados en el campamento y a las comunidades de acogida en Baga Sola y sus alrededores.

Hasta ahora, ACNUR ha asistido a 150 familias con piraguas y aparejos de pesca. Los beneficiarios ganan un promedio de 10 dólares a la semana, lo que les ayuda a mantener a sus familias. Sin embargo, el programa únicamente cubre a un 8 por ciento de los refugiados del campamento y los alrededores de Baga Sola.

Perdí a mi padre y a muchos otro familiares en los ataques. Pienso en eso todo el tiempo”.

Es necesaria una mayor financiación para poder incluir en este programa a un mayor número de pescadores, agricultores, pastores y comerciantes de la población refugiada y local.

Oumar es uno de los beneficiarios. “Estoy agradecido por haber recibido las herramientas para poder retomar mi trabajo”, cuenta. “Yo soy pescador, así que si pude sobrevivir con la pesca en Nigeria, puedo hacerlo en Chad. Pero si fuéramos más las personas que participáramos en el programa, si tuviéramos redes de mayor tamaño y mejor equipo, rápidamente podríamos dejar de depender de la ayuda, impulsar a todo el pueblo, refugiados y locales juntos, y así salir de la recesión económica”.

Para ACNUR y sus socios, ofrecer asistencia en forma de medios de vida resulta esencial para lograr un mejor reparto de los limitados recursos en Baga Sola y alcanzar una cohesión duradera entre refugiados y comunidades de acogida. Se ha realizado una encuesta para elaborar un listado de las competencias y profesiones que los refugiados ejercían antes de verse obligados a huir.

De acuerdo con el doctor Koussoumbi, el responsable adjunto de medios de vida en la oficina de ACNUR en Baga Sola, el programa de autosuficiencia ha sido un éxito para las 150 familias que se han visto beneficiadas hasta ahora. Ahora cuentan con la experiencia necesaria en todos los aspectos de la pesca, desde la utilización de los aparejos hasta la venta y distribución de sus productos.

Estoy agradecido por haber recibido las herramientas para poder retomar mi trabajo”.

El reto ahora es doble”, explica. “Primero, involucrar a más familias en el programa y brindarles las canoas y herramientas básicas para que puedan poner en marcha su actividad. Segundo, satisfacer las necesidades de los actuales beneficiarios, cuyas operaciones están yendo muy bien, por lo que necesitan botes y redes más grandes para aumentar su producción y lograr la autosuficiencia. Estamos examinando todos estos puntos, pero también tenemos que hacer frente a una seria carencia de fondos”.

 © ACNUR/UNHCR/Oualid Khelif - El cambio climático también tiene un profundo impacto en las comunidades cercanas al Lago Chad.
© ACNUR/UNHCR/Oualid Khelif - El cambio climático también tiene un profundo impacto en las comunidades cercanas al Lago Chad.

El cambio climático también está teniendo un profundo efecto en las comunidades cercanas al lago Chad, incluyendo a los refugiados. Debido a la vulnerabilidad del entorno del lago y a la fluctuación de las precipitaciones, los programas de medios de vida son una prioridad para la comunidad humanitaria, tanto en términos de políticas como de financiación.

La superficie del lago se redujo a menos de una vigésima parte con respecto a su tamaño en la década de 1960 y las especies de plantas invasoras cubren alrededor del 50% de lo que queda. La vegetación se arraiga en el suelo del lago durante las estaciones secas y cuando el nivel del agua sube tras las lluvias, bloquea las orillas impidiendo que las comunidades puedan salir a navegar con sus botes.

"Este nuevo fenómeno es preocupante", declaró Koussoumbi. "A los pescadores cada vez les resulta más difícil salir al lago. Las plantas también rompen las redes e interrumpen las actividades pesqueras”.


Por Oualid Khelifi.


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