Política de cookies

Le informamos que utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerle un mejor servicio, de acuerdo con sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede consultar nuestra Política de Cookies aquí.

ACEPTAR
Americas Europe Asia and the Pacific Middle East and North Africa Africa Mapa del mundo

Búsqueda de noticias

Noticias Historias con rostro Un histórico colegio de Edimburgo abre sus puertas a niños refugiados

Un histórico colegio de Edimburgo abre sus puertas a niños refugiados Imprimir

© ACNUR/UNHCR/Andrew McConnell Colegio George Heriot en Edimburgo.
© ACNUR/UNHCR/Andrew McConnell Colegio George Heriot en Edimburgo.

En un apartamento del segundo piso de un edificio cerca del centro de Edimburgo, Jinan al-Ejrf, de cinco años, capta la atención de quienes la rodean.

EDIMBURGO, Escocia, 26 de julio de 2016 (ACNUR/UNHCR).– “El viejo McDonald tenía una granja”, canta con un ligero pero inconfundible tono escocés. A su alrededor, su padre y cuatro amigos se unen a ella: “¡i-a-i-a-oh!”

Podría ser una escena costumbrista –un padre presumiendo de las habilidades de su hija- si no fuera por el contexto: Jinan, sus padres y sus dos hermanos huyeron de su hogar en Siria. Fueron reasentados en Reino Unido tras años como refugiados en el Líbano.

La historia de Jinan, trágicamente familiar para los millones de sirios que han huido de la violencia en su país, está a punto de dar un giro para mejor, ya que esta niña de cinco años se prepara para empezar una nueva vida en su nuevo hogar, en una institución educativa privada.

Es gracias a la iniciativa del prestigioso colegio George Heriot, que tiene casi 400 años. “Solo queremos aportar nuestro granito de arena”, explica Cameron Wyllie, el director del colegio.

Una vez que se aprobó la decisión de ofrecer becas completas a niños refugiados sirios que habían llegado a Edimburgo en el marco del Plan de Reubicación de Personas Vulnerables del Gobierno de Reino Unido, el ayuntamiento demostró ser un socio voluntarioso.

El proceso de selección fue, según Wyllie, “algo completamente traumático”. “Me volví un poco más duro por ello; fue mucho peor de lo que pensaba”.

© ACNUR/UNHCR/Andrew McConnell Jinan, 5 años, de Quneitra, Siria, en el nuevo hogar de su familia en Edimburgo.
© ACNUR/UNHCR/Andrew McConnell Jinan, 5 años, de Quneitra, Siria, en el nuevo hogar de su familia en Edimburgo.

Tanto es así que, aunque la intención inicial del colegio era ofrecer únicamente dos becas completas, al final de las cincos entrevistas que realizó el colegio, la administración accedió a ofrecer plazas totalmente gratuitas a tres niños. Además, ayudó a los otros dos, incluida Jinan, a obtener tener una plaza en otro colegio privado, elColegio Clifton Hall, a las afueras de la ciudad.

La conducta de las familias impresionó notablemente al colegio durante las entrevistas, afirma Wyllie. “La primera familia que vimos… era un niño muy simpático, futbolista, muy sonriente, muy feliz, muy educado, simplemente un pequeñín”, dice Wyllie. “Pero su madre… [lo que nos conmovió] fue el estoicismo que demostraba”.

El niño era Mohammad Murad, de 12 años, que acudió con su madre, Hana, a la entrevista. Los Murad, una familia kurda de Hasaka, en el noreste de Siria, vivían en Damasco cuando estalló la violencia en 2011. Después de volver a Hasaka para estar con la abuela de Mohammad, huyeron finalmente en 2013 al campamento de Domiz, en el Kurdistán iraquí.

Estuvieron casi tres años allí, hasta que ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, pudo facilitar su reasentamiento en Reino Unido. Aisha, la hermana de 10 años de Mohammad, sufre una enfermedad que ha afectado su vista. La familia llegó en abril de este año a Edimburgo y se encuentran a la espera de comenzar una batería de pruebas médicas para Aisha.

© ACNUR/UNHCR/Andrew McConnell. La familia de Mohammad fue reasentada en Edimburgo en abril de este año. “Echo de menos Damasco, pero tengo muchas ganas de empezar el colegio. Quiero ser médico. Quiero ayudar a la gente”, afirma.
© ACNUR/UNHCR/Andrew McConnell. La familia de Mohammad fue reasentada en Edimburgo en abril de este año. “Echo de menos Damasco, pero tengo muchas ganas de empezar el colegio. Quiero ser médico. Quiero ayudar a la gente”, afirma.

La familia de Mohammad fue reasentada en Edimburgo en abril de este año. “Echo de menos Damasco, pero tengo muchas ganas de empezar el colegio. Quiero ser médico. Quiero ayudar a la gente”, afirma Mohammad.

La vida en el campamento era dura. Durante los primeros dos meses, la familia vivió en una tienda de campaña, pero cuando un incendio acechó peligrosamente su tienda, decidieron construir muros de ladrillo y pusieron un techo de nailon. Había poco trabajo, y poco dinero, para llamar a un electricista cualificado.

Pero Mohammad se acuerda con cariño del campamento, hogar de más de 40.000 refugiados. Recuerda cuando iba colegio y afirma: “hice muchos amigos”.


Comparte esta página con: