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Noticias Historias con rostro Coraje y dolor: la historia del periodista adolescente que huyó de Afganistán

Coraje y dolor: la historia del periodista adolescente que huyó de Afganistán Imprimir

© ACNUR/UNHCR/Omid Ahmadi - Omid Ahmadi en el aula junto a las niñas y mujeres afganas a las que dio clases de inglés a principios de este año en un campamento de refugiados en Grecia.
© ACNUR/UNHCR/Omid Ahmadi - Omid Ahmadi en el aula junto a las niñas y mujeres afganas a las que dio clases de inglés a principios de este año en un campamento de refugiados en Grecia.
BAD FALLINGBOSTEL, Alemania, 12 de julio de 2016 (ACNUR/UNHCR) – Creemos que el agua es vida, pero a veces es todo lo contrario, muerte. Pensé mucho en esto cuando me enfrenté a la muerte en medio de las terribles y peligrosas aguas entre Turquía y Grecia, el lugar donde cientos de personas han muerto.

Cuando estás en estas aguas durante horas, sin saber si vas a sobrevivir, a lo único a lo que te puedes aferrar es a la esperanza. Los seres humanos no podemos vivir ni un segundo sin esperanza.

El bote que nos llevaba de Turquía a Grecia era un bote hinchable. Las olas eran altas y el bote estuvo a punto de romperse. Cuando vimos a los barcos de salvamento marítimo que venían del lado griego, todos empezamos a gritar: “¡Gracias a Dios, gracias a Dios!” Suplicábamos ayuda y cuando llegaron, rompí a llorar siendo incapaz de decir “gracias”.

Cuando nos bajamos del barco, hubo gente que nos dio comida, té, pantalones y calcetines. Eran de ACNUR.

Sabemos que cada país tiene sus propias reglas, así que cuando estuve en Grecia hice todo lo que estaba en mi mano para obedecer sus normas. Durante casi tres meses viví en un campamento militar.

Intenté dar todo lo que pude para que la gente sonriese. Ayudé haciendo de traductor para las personas que hablaban pastún, farsi y urdu, y estuve haciendo turnos en almacén junto a soldados griegos, distribuyendo jabón, champú y pasta de dientes, así como colchones, almohadas y mantas.

Para mí, lo mejor fue enseñar inglés a niñas y mujeres. Lo hacía gratis, con el único propósito de ayudarlas. Cuando vi que querían aprender algo del océano de conocimiento, no me pude resistir. Una de las personas al mando del campamento nos proporcionó un aula.

Sembramos las semillas del amor, la solidaridad, la percepción y la aceptación en un entorno de paz.

Aprendí mucho de mis estudiantes mientras corregía sus errores. Nadie es perfecto en el campo del conocimiento. Sembramos las semillas del amor, la simpatía, la percepción y la aceptación en un entorno de paz.

Aun así, el clima se volvía más caluroso día tras día y era difícil vivir en una tienda de campaña. Además, había llegado la hora de que siguiera adelante y encontrase a mis familiares que vivían en Alemania.

Esto fue más difícil de lo que uno puede imaginarse. Desde Grecia, atravesé Macedonia, Serbia y Hungría. Cruzar la frontera de estos países fue difícil. Caminar por los bosques fue duro. Aparte del agotamiento, el no tener ni comida, ni agua, ni primeros auxilios era, simplemente, peligroso.

No había ni baños ni duchas. Las familias tenían tiendas de campaña, pero yo dormía al raso.

Por fin, llegué a la frontera entre Serbia y Hungría, en donde terminé en un campo con otras personas, la mayoría afganos, a la espera de poder cruzar la frontera de manera legal. Estuve ahí durante18 días. Enfrentarte a todo esto y mantener la paciencia y la determinación para lograr tus objetivos requiere coraje y resistencia.

No había baños ni duchas. Las familias tenían tiendas de campaña, pero yo dormía al raso. Cuando vivía en Kabul, vi condiciones como estas y escribí reportajes sobre pobreza y los que no tienen hogar. Ahora era yo el que se encontraba en esa misma situación.

Estaba empezando a perder la esperanza. Me preguntaba, “¿por qué tenemos esta vida?”. Lleno de lágrimas, cantaba una canción que dice: “me pregunto, ¿qué tipo de valentía tuvo Dios?” Sentí todo el significado del dolor, de no tener hogar y de la tristeza.

Este es el resumen de la historia de un periodista afgano, quien tenía la esperanza de que llegara la paz y la democracia a su país, y que ahora escribe desde lugar seguro en Alemania.

*Este artículo se escribió con la ayuda de la colaboradora de ACNUR Helen Womack

Helen añade:

Omid Ahmadi estaba a punto de caer en la desesperación cuando lo conocí, esperando en una de las zonas de tránsito en la frontera entre Serbia y Hungría. Este estudiante de periodismo de 17 años huyó de los talibanes en su Afganistán natal, y se enfrentó al peligroso viaje por mar desde Turquía para encontrarse sentado en medio del campo, sin saber con seguridad a dónde podría ir después o dónde terminaría su viaje.

En Kabul, Omid trabajaba para una agencia de prensa independiente, Neda-e-Agah (El Sonido de la Conciencia). Formaba parte de un grupo de periodistas que informaba sobre el retorno de los talibanes a la provincia de Kunduz. Posteriormente, un grupo de combatientes talibanes fueron a su hogar, le pusieron una pistola en la cabeza a su padre y destrozaron su casa. Afortunadamente, en ese momento se encontraba fuera.

“Mi madre me advirtió para que huyese” cuenta Omid. “Me fui solo, sin despedirme de mi familia”.

En el campo en Röszke, en la frontera de Hungría, Omid comparaba sus duras condiciones con la vida que tenía en su casa. “Allí tenía muchísimos libros. Estudiaba periodismo, psicología y filosofía. Estaba comprometido con los estudios. El estudio es un árbol que produce un fruto inagotable”.

Durante un tiempo, parecía que había llegado a un punto muerto y que su sueño de ir a la universidad y convertirse en periodista se había frustrado. Sin embargo, esto no llego a suceder y ahora se encuentra un centro de acogida de refugiados en Bad Fallingbostel, en Alemania, desde donde envió esta crónica.


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