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Voluntarios hacen frente a los prejuicios contra los refugiados en Letonia Imprimir

© ACNUR/UNHCR/J. Bävman – La pequeña refugiada Telma muestra orgullosa las galletas de jengibre glaseadas que ella misma ha preparado en el centro cultural de Kanepes, en el centro de Riga, Letonia
© ACNUR/UNHCR/J. Bävman – La pequeña refugiada Telma muestra orgullosa las galletas de jengibre glaseadas que ella misma ha preparado en el centro cultural de Kanepes, en el centro de Riga, Letonia
RIGA, Letonia, 14 de enero de 2016 (ACNUR/UNHCR) – Hace tiempo acogía las fiestas para la aristocracia báltica y rusa, pero hoy en día, el centro cultural de Kanepes, un elegante edificio situado en el centro de Riga, vibra con el sonido de niños y niñas ilusionados que hornean las tradicionales galletas de jengibre y preparan casitas de jengibre. El centro se enorgullece de usar las ideas y el arte para cuestionar las ideas preconcebidas de la gente y hacerles pensar por ellos mismos. En esta ocasión, son los niños y las galletas de jengibre los que están suscitando algunos delicados asuntos para muchos letones.

Esto se debe a que esta vez los pasteleros son solicitantes de asilo, alrededor de unos 70, reunidos en una fiesta organizada por un grupo de voluntarios llamado ‘I Want to Help Refugees’ [Quiero ayudar a los refugiados]. Los activistas sienten que están defendiendo los derechos de los refugiados en un país que está luchando por adaptarse a la crisis migratoria en Europa.

‘I Want to Help Refugees’ fue creado en septiembre de 2015 por Egils Grasmanis y su mujer Lana como un grupo de Facebook. Este creció rápidamente hasta contar con 2.400 miembros, con un núcleo de entre 30 y 40 activistas que se reúnen semanalmente para debatir, entre otros aspectos, cómo Letonia debería abordar las actuales cuestiones de refugiados.

Para este evento, unos 30 voluntarios y sus amigos han ofrecido un festín de comida y entretenimiento para personas de Irak, Siria, Afganistán y otros países.

Es importante crear eventos y condiciones en donde las personas puedan reunirse para comprender que estamos hablando sobre personas, no sobre unos refugiados abstractos”, señaló Liene Jurgelane, la encargada del centro.

Sumándose al esfuerzo, la tienda de juguetes de Gasmanis, situada en el centro de Riga, se ha convertido en un lugar de referencia al que los ciudadanos llevan donaciones como comida y ropa. En dos ocasiones, el grupo ha alquilado un autobús para trasladar a los refugiados desde el centro de asilo de Mucenieki hasta la capital.

Pero este grupo de voluntarios aún tiene mucho trabajo por delante. Prácticamente tres de cada cuatro residentes de Riga se muestran contrarios a que se admita a solicitantes de asilo en Letonia en el marco del programa obligatorio de reubicación de la UE, según una encuesta llevada a cabo por una agencia de investigación independiente, SKDS. Menos de uno de cada cinco residentes se muestran favorables a las reubicaciones.

Ciertamente, las cifras de ACNUR muestran que el número de solicitantes de asilo en el país hasta la fecha ha sido muy reducido, con tan solo 63 personas reconocidas como refugiadas en Letonia entre 1998 y 2014.

En 2016, se espera que Letonia reciba más de 700 refugiados bajo el programa de reubicación y ‘I Want to Help Refugees’ está dispuesto a sentar las bases para su llegada. El grupo considera que cambiar la actitud de la población es una tarea urgente.

El mayor problema es que las personas no tiene información y son muy fácilmente manipulables”, lamentaba Grasmanis, de 30 años.

Linda Jakobsone, de 40 años, profesional de la comunicación y activista dentro del grupo, comparte la misma preocupación.

Hay mucho miedo, por muchas razones”, decía. “Cuando estás haciendo cola en un supermercado o conversando con amigos sobre cualquier tema, en cuestión de minutos acabas hablando de este asunto. La gente tiene miedo a lo desconocido. Esto es algo muy nuevo para todos nosotros”.

© ACNUR/UNHCR/J. Bävman – De izquierda a derecha, Alan, Mohammed y Alvin de Irak preparan pan de jengibre por primera vez en su vida en el centro cultural de Kanepes en el centro de Riga. La fiesta de Navidad ha sido organizada por ‘I Want to Help Refugees’
© ACNUR/UNHCR/J. Bävman – De izquierda a derecha, Alan, Mohammed y Alvin de Irak preparan pan de jengibre por primera vez en su vida en el centro cultural de Kanepes en el centro de Riga. La fiesta de Navidad ha sido organizada por ‘I Want to Help Refugees’
De todas maneras, Letonia se está moviendo en la buena dirección, añadió Didzis Melbiksis, un consultor de ACNUR en Riga.

Didzis destacó que es un país muy joven con una historia turbulenta y apenas han pasado 15 años desde que se estableció la legislación de asilo. “Se han creado las estructuras”, dijo. “Ahora hay un sistema que está empezando a funcionar”.

En el centro de recepción de Mucenieki, los solicitantes de asilo están agradecidos al grupo por su trabajo, destacando que las fiestas son un momento importante para los niños y niñas, y que agradecen la comida y la ropa que reciben. Disfrutan de un ambiente limpio y cálido en los antiguos barracones del ejército, y cuentan además con servicios para ocupar el tiempo como clases diarias de idiomas, un gimnasio, una biblioteca, una sala de ordenadores y una sala de juegos para los niños.

Pero aun así, tienen que arreglárselas para alimentarse con 2,15€ por persona al día, mientras esperan durante muchos meses hasta que llegue la decisión sobre su solicitud de asilo. En octubre, el gobierno recortó la ayuda mensual para aquellos que reciben el estatuto de refugiado de 256€ a 139€. El salario mínimo en Letonia es de 370€.

No corrimos tantos riesgos para conseguir una vida mejor, ni vinimos aquí para pedir dinero, esto no es cierto” dijo Max, un estudiante de 23 años de Siria. “En Siria teníamos una buena vida, pero esta guerra lo cambió todo. No escapamos de nuestro país por dinero, solo queremos vivir en paz. Eso es todo”.

En Letonia no hay una crisis de refugiados, lo que existe es más bien una crisis política en relación a los refugiados, explicaba Elmars Svekis, cuya esposa está en contacto frecuente con mujeres de familias refugiadas.

Necesitas bajar al plano humano para empezar a comprenderlo. Es muy importante que haya personas dispuestas a tender su mano y ayudar a los refugiados a integrarse en su vida diaria”, declaró Elmars.

A pesar de los desafíos, ‘I Want to Help Refugees’ está haciendo progresos, sacando provecho de la generosidad latente de los letones. “No creía que los letones fueran tan generosos”, dijo Zdanovska sobre las donaciones y los regalos. “La bondad de las personas es asombrosa”.

Para Grasmanis, la cuestión de los refugiados también ayudará a unir más a los letones demostrando cómo la unidad es más importante que la división.

Si todos los grupos étnicos estuviésemos unidos como un sola nación, tanto la población de habla letona como los que hablan ruso, seríamos mucho más fuertes, más seguros y estaríamos más dispuestos a ayudar a otros”, dijo.

“Pero por ahora estamos más concentrados en ofrecer a los refugiados la ayuda que necesitan. Y hasta ahora, esto está funcionando muy bien”.

Por David Crouch, en Letonia.


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