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ACNUR aplaude la decisión de Austria y Alemania mientras los refugiados atraviesan Hungría Imprimir

© ACNUR/UNHCR/M. Henley — Niños sirios se calientan con mantas de colores proporcionadas por voluntarios austríacos, cerca de la frontera con Hungría.
© ACNUR/UNHCR/M. Henley — Niños sirios se calientan con mantas de colores proporcionadas por voluntarios austríacos, cerca de la frontera con Hungría.
NICKELSDORF, Austria, 5 septiembre de 2015 (ACNUR/UNHCR) — Fue una extraordinaria e inesperada muestra del poder de los refugiados: el poder de los indefensos. Comenzó el 4 de septiembre a mediodía con una marcha espontánea desde Budapest por la carretera en dirección a la frontera austriaca, protagonizada por más de 1.000 refugiados frustrados. Se manifestaban en señal de protesta por el rechazo absoluto del gobierno húngaro de no permitirles tomar trenes hacia Austria y Alemania.

La marcha acabó al amanecer de la mañana siguiente bajo la lluvia aquí en Nickelsdorf, en la frontera austriaca. En el transcurso de la noche el gobierno húngaro cambió su política. Los refugiados descendían de decenas de autobuses, aturdidos y agotados, pero felices. Fueron acogidos por voluntarios de la Cruz Roja austriaca y de la Orden de Malta austriaca, quienes portaban carteles hechos a mano con la palabra “bienvenidos”, y entregaban ropa, comida, agua y leche, mantas y chubasqueros.

Walid, un sirio alto con barba oscura proclamaba en voz alta: “Esta es una gran victoria. Esta es nuestra victoria. Nunca pensamos que fuera a finalizar tan rápido. Ahora podemos respirar el aire de la libertad”.Walid había ayudado a organizar la marcha que logró lo que él denominaba una victoria.

Los manifestantes habían recorrido casi 25 kilómetros de los 170 que hay hasta la frontera austriaca antes de parar a dormir. Luego llegó la lluvia y con ella, los buses húngaros, sobre las 2 a.m., para ayudarles a recorrer el resto del camino.

Asmaa se puso en pie con sus cuatro hermanos y expresó un sentimiento común: “cuando ayer nos pusimos en marcha, no esperábamos llegar a ningún lado. Pensamos que las autoridades nos cogerían y nos colocarían en un campamento. Ahora estamos agotados pero contentos”. Ella y sus hermanos planean viajar a Stuttgart lo antes posible, donde otro hermano suyo lleva viviendo 18 meses.

Incluso después de que el gobierno anunciara que los autobuses llevarían a todos los refugiados a Austria, muchos seguían preocupados y desconfiaban del anuncio. Para anticiparse a estos miedos, un autobús “de prueba” salió antes de medianoche con 40 hombres a bordo y llegó a la frontera austriaca a la 1.30 de la mañana. Las autoridades calculaban que estos hombres llamarían rápidamente a sus familiares y amigos para transmitirles las buenas noticias.

Algunos refugiados estuvieron preocupados casi hasta el final. Los voluntarios austriacos les ofrecieron comida y mantas cuando aún estaban en suelo húngaro. Luego tuvieron que cruzar a pie bajo la lluvia hasta Austria, para esperar los autobuses que les llevarían a la estación de tren y desde allí, viajar hasta Viena.

Gazi y Tahar son dos hermanos, de 17 y 16 años respectivamente, de Hama. Mientras esperaban el autobús preguntaron a una persona que pasaba por allí: “¿aquí estamos en Austria?”. Así era, y se pusieron contentos, muy contentos.Después preguntaron si tendrían que permanecer en un campamento o si podrían ir directamente con sus primos que viven en Viena.

Según el gobierno austriaco, los refugiados serán libres de buscar a sus primos y de pedir asilo en Austria, o de continuar hasta Alemania si así lo desean.

ACNUR aplaude la decisión de Austria y de Alemania, así como el trabajo de los grupos de la sociedad civil que dieron la bienvenida a un gran número de refugiados. Sin embargo, el Alto Comisionado de ACNUR, António Guterres, añadió que es necesario hacer mucho más. Declaró que Europa está en un momento determinante y tiene que estar preparada para recibir a casi 200.000 refugiados más.

Bajo la lluvia en Nickelsdorf, una joven esposa, Kawaa, tomaba fotos con su móvil de su sonriente marido: “Estábamos preocupados al principio, preocupados de que nos llevaran a un campamento en Hungría. Ahora estoy fotografiando a mi marido para conservar este feliz momento”, decía Kawaa.

Mientras los autobuses austriacos llegaron para recoger a la marea de personas — casi unas 4.000 — el gobierno húngaro insistió en que no ofrecerían ningún otro transporte masivo. Declaró que este singular esfuerzo se había llevado a cabo para proteger la seguridad de sus redes de transporte. Durante tres días, Hungría había cancelado todos los trenes internacionales en dirección hacia Europa occidental con el objetivo de frustrar cualquier intento por parte de los refugiados de abandonar el país.

En la estación de tren de Keleti, donde miles de personas llevaban días acampadas, el sábado ya solo quedaban unas pocas familias. Pero más de 2.000 nuevos refugiados llegaron al país desde Serbia por la noche.

A la lluviosa mañana siguiente en la frontera, el camino de un kilómetro desde los autobuses húngaros hasta los autobuses austriacos apareció cubierto de residuos — colchones baratos de espuma, sacos de dormir, toallas, sabanas, incluso zapatos y vestidos de chica.

Muchos de los refugiados estaban dejando atrás los accesorios de una vida deambulante y sin hogar. Estaban convencidos de que les espera una vida mejor y estable.

Escrito por Don Murray, desde la frontera entre Austria y Hungría para ACNUR


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