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ACNUR ayuda a buscar un nuevo hogar a un congoleño gay rechazado por su madre Imprimir

© ACNUR/ T.Ghelli.Junior Mayema se prepara para abandonar su hogar en Ciudad del Cabo y dirigirse al aeropuerto. Fue reasentado en los Estados Unidos tras ser víctima de discriminación debido a su orientación sexual.
© ACNUR/ T.Ghelli.Junior Mayema se prepara para abandonar su hogar en Ciudad del Cabo y dirigirse al aeropuerto. Fue reasentado en los Estados Unidos tras ser víctima de discriminación debido a su orientación sexual.
CIUDAD DEL CABO, Sudáfrica, 16 de diciembre de 2014 (ACNUR/UNHCR) - Junior Mayema ocultó su orientación sexual cuando aún era un muchacho en la República Democrática del Congo, su país de origen, pero cuando descubrió que era gay, su madre se dejó dominar por la ira.

“Mi madre es pastora de la iglesia e intentó matarme. Fue terrible. Imagínese, me llevó en su seno durante nueve meses y fue capaz de ordenar mi muerte. No me lo podía creer”, decía este muchacho de 27 años antes de abandonar Ciudad del Cabo el mes pasado para comenzar una nueva vida en los Estados Unidos, país en el que la comunidad de lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) está bien asentada.

Mayema explicó que su madre lo denunció por considerarlo una persona perversa y su familia lo ató y lo torturó. “Casi todos mis parientes, además de otras personas, querían matarme… porque pensaban que mi vida era una desgracia para ellos. No me sentía seguro entre mi propia familia; me sentía como un paria”.
Sintiéndose amenazado y objeto de aversión en la República Democrática del Congo, decidió solicitar asilo en Sudáfrica, país en el que la constitución y las leyes nacionales salvaguardan los derechos de los gais y las lesbianas.

Mayema pensaba que en Sudáfrica su vida sería mucho mejor que en su país. Había nacido en Kinshasa (República Democrática del Congo), en el seno de una familia de clase media con cinco hijos. Sus padres se separaron cuando Mayema era un niño y se fue a vivir con su padre, que trabajaba en una organización internacional.

Mayema sabía que era diferente, pero intentó conformarse. Mientras tanto, empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Kinshasa. Su familia, y en particular su madre, le preguntaban continuamente si tenía novia. “La familia empezó a sospechar y a investigarme”, dijo. Cuando se supo la verdad su vida cambió para siempre.

Amenazado por la intolerancia de su familia y excluido por la sociedad, Mayema voló a Ciudad del Cabo en 2010, aparentemente para visitar a un primo, pero al llegar solicitó asilo y se puso en contacto con ACNUR para que le asesoraran.

Pronto lo desilusionó Sudáfrica, empezando por la entrevista para la solicitud de asilo. “El funcionario me preguntó: ‘Si a mí no me gustan los gais, ¿qué piensas hacer’”, recordaba Mayema. “Pensé que iba a denegarme el asilo pero le expliqué que me había puesto en contacto con ACNUR. Se fue a hablar con otras personas y cuando volvió me dijo que iba a concederme el asilo”.

Mayema, que esperaba encontrar una sociedad abierta e ilustrada, se enfrentó pronto con el mismo tipo de discriminación contra la que había luchado en Kinshasa. Encontró un lugar donde vivir pero tenía que soportar los ataques homófobos del propietario de la vivienda. “Me negaba el derecho a la privacidad; me gritaba y sólo me permitía visitas femeninas. A los otros inquilinos los trataba de forma diferente. A veces me golpeaba”, le contó Mayema al ACNUR.

El pasado mes de julio, tras otro enfrentamiento, el joven congoleño fue a la policía a presentar una denuncia contra su casero. Pero Mayema explicó que fue conducido a la parte trasera de la comisaría y golpeado. “Todavía creo en Dios porque, si Dios no hubiera estado conmigo aquel día, me habrían matado”, dijo. Con la ayuda de una organización local que trabaja en el ámbito de los derechos humanos, Mayema presentó una denuncia contra los oficiales de policía que, según contó, lo habían golpeado.

Mientras tanto, el personal de ACNUR ya había remitido el caso de Mayema para solicitar su reasentamiento cuando se enteraron del ataque. Kizitos Okisai, el oficial de reasentamiento de ACNUR que se ocupa de su caso, dijo que la aceptación del reasentamiento de Mayema tardaría cuatro meses.

“Esto demuestra cómo la comunidad internacional puede dar pasos positivos y ayudar a las personas LGBTI refugiadas cuando son perseguidas en sus países de asilo y necesitan protección en otros lugares”, dijo Okisai, señalando que ACNUR estaba intentando ayudar a otros refugiados que se encuentran en una situación similar en Sudáfrica.

Mientras tanto, Mayema está encantado de ir a un lugar en el que será aceptado. “Quiero poder hacer realidad mi sueño de llegar a ser abogado especializado en derechos humanos y eso sólo lo lograré en un lugar en el que me sienta seguro”.

Sudáfrica acoge a unos 65.000 refugiados y a más de 230.000 solicitantes de asilo, la mayoría de ellos procedentes de la región de los Grandes Lagos y del Cuerno de África, pero el número de personas LGBTI refugiadas no se conoce.

Por Tina Ghelli en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.


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