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Noticias Historias con rostro Ruanda: el traslado a un nuevo campamento le cambia la vida a una valiente mujer con una amputación

Ruanda: el traslado a un nuevo campamento le cambia la vida a una valiente mujer con una amputación Imprimir

© ACNUR/ E.Fitzpatrick. Judith con sus tres hijos en el campamento de Mugombwa, en el sur de Ruanda. Judith perdió la pierna derecha tras una herida de bala provocada durante los combates entre las fuerzas gubernamentales y rebeldes en la provincia de Kivu Norte en 2012.
© ACNUR/ E.Fitzpatrick. Judith con sus tres hijos en el campamento de Mugombwa, en el sur de Ruanda. Judith perdió la pierna derecha tras una herida de bala provocada durante los combates entre las fuerzas gubernamentales y rebeldes en la provincia de Kivu Norte en 2012.
CAMPAMENTO DE REFUGIADOS DE MUGOMBWA, Ruanda, 25 de junio de 2014 (ACNUR/UNHCR) – Judith se arregla intencionadamente la falda mientras sostiene con la rodilla a su hijo de dos años. Su chitenge, una vestimenta tradicional africana parecida al sarong, le cubre una pierna hasta el tobillo, mientras Judith se asegura de esconder la otra pierna, que le ha sido amputada. 

Sin embargo, ahora Judith no está pensando en su pierna amputada, que perdió durante la guerra en su país natal, la República Democrática del Congo (RDC). A sus 31 años, Judith está feliz porque finalmente tiene un hogar para sus tres hijos y se puede desplazar con relativa facilidad, a pesar de su discapacidad. 

Judith ha superado obstáculos que hubieran hundido a muchas otras personas. Perdió la pierna derecha hace unos dos años tras una herida de bala provocada durante un combate entre las fuerzas gubernamentales y un grupo rebelde en la provincia de Kivu Norte. Decidió entonces huir con su familia a la vecina Ruanda, realizando un viaje de 75 kilómetros, principalmente en moto, ya que difícilmente podía desplazarse con muletas.

Durante la huida con sus hijos, Judith quedó separada de su marido; un tiempo después le llegaron rumores de que le habían detenido como castigo por colaborar presuntamente con un grupo rebelde. Desde hace dos años no lo ha vuelto a ver.

Una vez sanos y salvos en el oeste de Ruanda, Judith y sus tres hijos tuvieron que pasar un año en el centro de tránsito de Nkamira, cerca de la frontera con la RDC. El centro originariamente se diseñó para alojar a los refugiados tan sólo durante unos días. Ruanda, un país de alta densidad de población, carecía de espacio en sus cuatro campamentos para nuevos refugiados. 

“Me resultó muy duro vivir en el centro de tránsito”,  recordó Judith. “Era imposible dormir por las noches”.
Judith apenas podía caminar con muletas por el abarrotado centro. Por la noche, las familias dormían prácticamente unas encima de otras, sin privacidad, y la aglomeración de gente condujo a disputas entre personas que estaban obligadas a vivir juntas.

Además, a Judith le preocupaba que sus hijas de siete y diez años no estuvieran recibiendo una educación formal. En su lugar, asistían a clases informales de inglés y kinyarwanda, durante las que se sentaban en el suelo en aulas abarrotadas de niños.

La vida de Judith, junto con la de sus dos hijas y su bebé varón, ha mejorado desde que ACNUR construyó el nuevo campamento de Mugombwa, en el sur de Ruanda, y trasladó allí a unos 9.000 refugiados.
Judith y sus vecinos se llevan bien. Hay un hospital, necesario en caso de que alguien de la familia se enferme, y las hijas de Judith están muy contentas por estar matriculadas en el sistema educativo nacional y con “pupitres auténticos”. ACNUR no ha podido aún proporcionarle a Judith una prótesis, pero para ella no es una prioridad.   

“Aunque mi vida sigue siendo una lucha, estoy feliz por tener mi propia casa”, declaró Judith emocionada.

“Puedo dormir en paz y, lo más importante, mis hijos se sienten más seguros y pueden ir a una escuela normal”. “Tengo esperanza para el futuro”, añadió.

Por Erika Fitzpatrick en el Campamento de Refugiados de Mugombwa, Ruanda. 


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