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Noticias Historias con rostro Lejos de sus padres, una joven refugiada en Sudán del Sur se ve de nuevo forzada a huir

Lejos de sus padres, una joven refugiada en Sudán del Sur se ve de nuevo forzada a huir Imprimir

© ACNUR/T.Irwin. Hiba Ismail Al Haji, de 16 años, cuenta a un trabajador de ACNUR cómo acabó siendo acogida por una familia en el asentamiento de refugiados de Yida. ACNUR trabaja para encontrar soluciones para todos aquellos menores que llegan solos al asentamiento.
© ACNUR/T.Irwin. Hiba Ismail Al Haji, de 16 años, cuenta a un trabajador de ACNUR cómo acabó siendo acogida por una familia en el asentamiento de refugiados de Yida. ACNUR trabaja para encontrar soluciones para todos aquellos menores que llegan solos al asentamiento.
YIDA, Sudán del Sur, 22 de abril de 2013 (ACNUR/UNHCR) – Durante cuatro días Hiba Ishmail Al Haji, de 16 años, caminó entre arbustos con su hermana para escapar de los bombardeos aéreos en el estado de Kordofan del Sur, en Sudán, que separaron a las pequeñas de sus padres. En el camino consiguieron comida y agua de los locales que amablemente les ayudaron, se abrieron paso entre los controles militares y lucharon contra las enfermedades.

Cuando llegaron a Sudán del Sur, se dirigieron al asentamiento de refugiados de Yida, que se creó en 2011 por parte de las personas que huían de la violencia en Sudán. En aquel recinto lleno de menores no acompañados encontraron un refugio.

Esto ocurrió hace un año. El mes pasado, Hiba y otras niñas volvieron a verse obligadas a huir para salvar sus vidas tras un tiroteo en Yida, que acabó con la vida de un policía. La causa del tiroteo aún no está clara y, aunque se la vida ha vuelto a la normalidad en el asentamiento, el incidente provocó que las 60 niñas que aún seguían en el recinto buscaran seguridad.

“Durante el tiroteo, un hombre, creo que policía, nos dijo que nos tumbáramos y nos pusiéramos a cubierto,” recordaba Hiba. “En cuanto se acabaron los disparos, todas las chicas corrieron en distintas direcciones para tratar de encontrar una familia que pudiera ayudarlas”.

Hiba se encontró en un refugio para familias que también habían huido. Pasó allí la noche, sola en su refugio. Al día siguiente la familia volvió y se ofreció a acogerla. “Según nuestra cultura, si un miembro de la tribu lo necesita tenemos que ayudarle,” dijo Um Juma Hamid, que está cuidando a 5 hijos suyos y a otro que no lo es.

ACNUR, que ha estado asistiendo a las niñas en sus recintos contratando a mujeres que pudieran cuidarlas, proporcionándoles asistencia, organizando el reparto de alimentos y mejorando la seguridad de las instalaciones, trabaja ahora acompañando a las niñas que huyeron para reunirlas con sus familias o encontrarles un lugar en una familia de acogida.

Carolyn Akello, que trabaja con la Agencia de la ONU para los Refugiados, señaló que la mayoría de las familias de acogida e incluso los parientes de las niñas, carecen de los medios para cuidar a más menores.

“Estamos trabajando para identificar las necesidades de las niñas y de las familias de acogida y para aligerar la carga de esas familias” dijo.

En voz baja, casi susurrando, Hiba admitía que todavía estaba acostumbrándose a su nuevo hogar. Hay muchas tareas que hacer y el refugio de la familia no es lo suficientemente grande para acomodar a todos, por lo que Hiba duerme en un banco fuera de la casa. “Me quiero quedar, pero la familia y yo necesitamos ayuda” dijo.

Esta es la asistencia adicional, en forma de material para el refugio y otros tipo de ayuda humanitaria, que ACNUR está tratando de proporcionar, decía Akello. “Queremos mantener a las niñas en la comunidad y fuera de los asentamientos” decía. “Muchas de las niñas tienen parientes aquí y con algo más de asistencia podrían cuidar de ellas”.

De los más de 70.000 refugiados que viven en el asentamiento de Yida, se estima que 1.750 son menores no acompañados. ACNUR busca proteger a todos estos menores reuniéndolos con sus familiares, ya sean cercanos o no, o buscándoles una familia de acogida.

La Agencia de la ONU para los Refugiados ha expresado ampliamente su preocupación por la presencia de elementos armados en el asentamiento de Yida y por su proximidad con una frontera militarizada y conflictiva. Además de comprometer seriamente el carácter civil del asentamiento, la presencia de elementos armados dificulta mucho el trabajo de ACNUR para proteger a los refugiados.

El 30 de marzo, ACNUR abrió un nuevo campo de refugiados en las inmediaciones, con capacidad para acomodar hasta 20.000 refugiados. Ajoung Thok proporciona a los refugiados que viven allí acceso a la educación, atención sanitaria y oportunidades para subsistir.

Aunque su familia de acogida no tiene planes de trasladarse de manera inmediata a Ajoung Thok, la educación sigue siendo la principal preocupación de Hiba sobre el futuro. “No había escuelas en mi pueblo” dijo. “Hasta que no haya paz y pueda continuar mi educación, no quiero volver a casa.”

Por Tim Irwin en Yida, Sudán del Sur.


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